“NECESITAMOS HOMBRES DE DIOS, NO TEÓLOGOS”

| 7 enero, 2013

Recuerdo el breve diálogo que mantuve hace muchos años en el Luna Park de Buenos Aires. Era una conferencia misionera. Un teólogo había presentado un libro sobre evangelización. Un hermano que estaba a mi lado, me dijo: “Necesitamos hombres de Dios, no teólogos.”

La frase me impactó y todavía resuena en mis oídos. Refleja la tendencia a oponer la idea de “hombres de Dios” a “teólogos” lo que deriva en que si uno es teólogo no puede ser un “hombre de Dios” y viceversa. ¿Será así? Planteemos la pregunta para reflexionar. Más allá de que habría que definir lo que significa “hombre de Dios”, lo que nos interesa aquí es pensar si es posible la evangelización sin teología. Para algunos pareciera que sí, porque toda vez que hablan de “evangelizar” o de “evangelismo” (voz que parece ser un anglicismo por evangelism) lo hacen en detrimento de la teología, de las teólogas y los teólogos. Pero ¿se puede evangelizar sin teología? Todo depende de lo que entendamos por “evangelio”. Si el evangelio es la buena noticia de la salvación de Dios en Cristo, entendemos que no es posible transmitir ese mensaje sin contenidos teológicos.

Lo primero que se plantea es ¿de quién es el Evangelio? Para el apóstol Pablo no hay dudas de que el evangelio es “de Dios” (Romanos 1.1) y “del Dios bendito” (1 Timoteo 1.11) y tiene a Jesucristo como la persona que se anuncia en ese mensaje. Por eso Pablo también lo denomina “evangelio de Cristo” (Romanos 15.19). Quizás el primero en enunciarlo así es el propio evangelista Marcos cuando comienza su narrativa diciendo: “Comienzo del evangelio de Jesucristo, el Hijo de Dios” (Marcos 1.1). El origen de la palabra griega euangelion parece proceder del campo de batalla, por lo que “evangelio” era el anuncio de la victoria que un ejército había obtenido en esa batalla. Si es así, entonces evangelizar consiste en proclamar la victoria de Dios en Jesucristo a favor del mundo. ¿Por qué decimos “mundo”? Pues porque el evangelio, bien entendido, no es sólo el anuncio de la salvación individual y espiritual de la persona humana. Es la reconciliación de todas las cosas en Cristo, visibles e invisibles. (Colosenses 1.20). En la cruz, Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo mismo (2 Corintios 5.19).

El evangelio proclama la gracia de Dios y anuncia el Reino. Por eso el Nuevo Testamento habla recurrentemente de “el evangelio del Reino”, no sólo anunciado por Jesús sino también anunciado por los apóstoles (Mr.1.14, 15; Hch. 8.12; 28.31). Estos últimos textos muestran que el Reino lejos de ser suspendido hasta nuevo aviso, continuaba presente en el horizonte de los apóstoles.

¿Qué temas teológicos entran en el acto de evangelizar? Casi podríamos decir que todos los temas entran en juego. Lo primero que preguntaríamos es: ¿Qué Dios es el Dios del evangelio? Dicho en otras palabras: ¿Quién es el que nos salva en Jesucristo? Y, por supuesto, entran allí los temas del poder, la soberanía, el amor, la justicia, la misericordia y la gracia de Dios.

Otro tema es ¿qué significa esa salvación? El concepto es tan rico que el Nuevo Testamento utiliza muchos términos para describirla. Es perdón de los pecados, justificación, reconciliación, nueva creación, etc. Y cada uno de esos términos demanda una exhaustiva investigación en cuanto a sus orígenes, significados y aplicaciones.

Otra pregunta vinculada a la anterior es: “¿Cómo somos salvados?” El teólogo uruguayo Juan Luis Segundo reflexionó sobre este particular, diciendo:

“Si la gracia, es decir, el regalo de Dios, nos salva de un mal absoluto, pero dentro de la existencia actual del hombre, ¿cuál es la actitud humana apropiada para recibir esa gracia?  ¿Cómo salva la salvación? La respuesta de Pablo es invariable y esencial en su enseñanza del cristianismo: por la fe.” (De la sociedad a la teología, Buenos Aires: Carlos Lohlé, 1970, p. 92).

En síntesis: si entendemos el evangelio en toda su dimensión: personal, familiar, social y cósmica, evangelizar es proclamar de que Dios en Jesucristo se ha propuesto transformar toda la realidad: la visible y la invisible, la espiritual y la material, el presente y el futuro. La meta de esta historia de la salvación son los cielos nuevos y la tierra nueva en los cuales la justicia de Dios tendrá su morada. Por lo tanto, al evangelizar, no es posible evitar los términos teológicos referidos a Dios, a Jesucristo, a la condición humana, a la gracia, la misericordia, el amor y la justicia de Dios, a la justificación, a la reconciliación y a la fe como la única condición para alcanzar esa salvación. Claro que si reducimos el evangelio a cuatro o cinco conceptos o leyes espirituales acaso podamos evitar referirnos a esos temas. Pero en tal caso, es posible que estemos hablando de un evangelio light, diferente en sus alcances y dimensiones, al evangelio proclamado por Jesucristo y los apóstoles y del cual da testimonio el Nuevo Testamento.

 

Dr. Alberto F. Roldán
Doctor en Teología (Instituto Universitario Isedet)
Master en Ciencias Sociales y Humanidades (Universidad Nacional de Quilmes)
Maestría en Educación (Universidad del Salvador en Buenos Aires)
Escritor y conferencista internacional
Pastor de la Iglesia Presbiteriana San Andrés

 

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Categoria: Edición 2 | Evangelismo, entrega 1, Teología

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