EVANGELIZACIÓN E INCIDENCIA PÚBLICA

| 14 enero, 2013

Unas consideraciones parciales acerca de las iglesias evangélicas en la Argentina

La llegada

Desde la primera mitad del siglo XIX, con sus templos  el protestantismo modificó la fisonomía de Buenos Aires. Luego en la segunda mitad, acompañando la entrada de trabajadores inmigrantes, sus iglesias ocuparon espacios en  poblaciones del interior. Ambos fenómenos comparten un vértice: los políticos liberales y tratados de “amistad y comercio” con gobiernos europeos los hicieron posibles. En buena medida por ese motivo,  todavía hoy en la Capital Federal los templos  del protestantismo histórico se encuentran situados cercanos al puerto, los edificios del gobierno, la Catedral Católica y los bancos. Desde fines del siglo XIX, comenzaron a llegar los misioneros evangélicos y en nuestro país surgieron nuevas iglesias, como la del los Bautistas. Desde comienzos del siglo XX, surgió la presencia de los pentecostales. Primero tenue y marcada por la desconfianza de otros evangélicos. Arrolladora a partir de 1985. Las circunstancias políticas creadas por la “gesta” de Malvinas con su caudal de muertos y pérdidas de dinero, la caída de la dictadura militar que la había promovido con el nombre de “Operación Virgen del Rosario”, y la apertura hacia movimientos sociales no tradicionales por parte del gobierno de don Raúl Alfonsín, de la UCR, constituyeron fuerzas ambientales a favor de un proceso de movilización religiosa en el que se destacaron predicadores de masas de la talla de Carlos Annacondia, Omar Cabrera, y Héctor Aníbal Jiménez, “el pastor de las estrellas”. Pese a las críticas que recibió, incluso dentro del ambiente de los evangélicos, por los problemas de su estilo de vida, Héctor  acercó al conocimiento de la Biblia a personas profundamente marginales en nuestra sociedad, que no hubieran podido colocar sus pies en otros templos.

 

Los números

Podemos hacer cálculos sobre la proporción de evangélicos en base a los únicos censos que midieron las pertenencias religiosas. El censo de 1895 nos permite concluir que en la Argentina había algo menos de 1 evangélico por cada 100 habitantes. El censo de 1947, que había 2 evangélicos por cada 100 habitantes. El de 1960, que había entre 2 y 3 evangélicos por cada 100 habitantes. A partir de la década del 90 diversos estudios que podemos juntar como en una serie de mosaicos fragmentarios, muestran que los evangélicos estarían hasta la actualidad en el orden de 10 personas cada 100 habitantes. Las cifras con las que contamos tienden a mostrarnos que el crecimiento evangélico ingresó en una especie de meseta a esa altura. Aparte lo aquí expresado, sería necesario tomar en consideración iglesias de tipo evangélico que no comulgan con las principales federaciones evangélicas de la Argentina, y que podrían llegar a sumar unas 3 personas por cada 100 habitantes. Nosotros aquí nos las tomaremos en cuenta para ese análisis, pese al respeto que nos merecen.

Para entender mejor los datos del párrafo anterior debemos considerar otras informaciones. Los católicos realmente practicantes también pueden estar en el orden de 10 personas por cada 100. En total habría en el país sobre cada 100 personas,  unas 20 que podríamos considerar como practicantes asiduas del culto en templos cristianos. Además de las religiones judía y musulmana, existen personas que se encuadran en otras experiencias de tipo espiritual, para las cuales podríamos utilizar el término de “alternativas”, pero no conocemos sus cantidades.

Además, los evangélicos en sectores urbanos de clase media y media alta, pueden ser 1 persona cada 25. Y en sectores urbanos populares tal vez 1 persona cada 4.

 

La incidencia pública

La mayor incidencia de los evangélicos se ha manifestado por su acumulación de capital demográfico en el sentido en el que hemos hablado hasta aquí. Este capital nos remite a la incidencia privada de la predicación evangélica, a las marcas en la vida de las personas y las familias.

Pero cabe preguntarnos por la incidencia pública de las iglesias en otros órdenes. A un nivel nacional el balance indica una escasa incidencia, especialmente de los evangélicos más numerosos, que son los que podríamos llamar técnicamente “conservadores bíblicos”, por su apego a la lectura literalista de la Biblia (basada en el concepto de la “inerrancia” o inspiración completa). Los evangélicos nunca han conseguido, por ejemplo, que fuese derogada la ley de culto que viene de la dictadura de Jorge Rafael Videla, preso por crímenes del Estado. Es decir, nunca han cambiado su estatus jurídico de segundo orden.

En otro plano de preocupaciones colectivas, los evangélicos han tendido a promover una agenda conservadora en materia bioética (sexualidad, básicamente) cuya fuerza principal reside en los obispos de la Iglesia Católica Apostólica Romana, pero nunca han formado parte del Diálogo Inter-religioso que congrega a católicos, judíos y musulmanes.

En el específico campo de las capellanías carcelarias, los evangélicos y sobre todo los pentecostales, llegaron a desarrollar una presencia extraordinaria, aunque muchas veces los pabellones de los creyentes pudiesen haber sido utilizados también como recursos de algunas personas para hallarse a salvo de la barbarie dominante en otros pabellones.

A un nivel regional, los evangélicos asociados en una de nuestras federaciones, la FAIE (Federación Argentina de Iglesias Evangélicas) han tenido incidencia pública sobre todo en la provincia del Chaco, en la formación del liderazgo pastoral en el pueblo originario Qom, liderazgo que posteriormente se transformó en un liderazgo cívico. Esta incidencia se procesó a través de programas manejados principalmente por las iglesias  Metodista, Evangélica del Río de la Plata (de tradición alemana), de los Discípulos de Cristo, Luterana Unida, Reformada, con la participación de otras iglesias, algunas pentecostales. La base de estos programas, sin embargo, se encuentra en el proceso de organización de los tobas en iglesias, más antiguo, protagonizado primero por los menonitas y después por los pentecostales, hasta que los tobas formaron su propia iglesia, la Iglesia Evangélica Unida.

En segundo término, este conglomerado de iglesias (cuyo caudal demográfico es minoritario dentro del total de los evangélicos) ha tenido una presencia destacada en el Movimiento Ecuménico y en la lucha por los Derechos Humanos, logrando un reconocimiento del Estado durante la presidencia de Alfonsín y en la actualidad.

Sin embargo, un inconveniente para la incidencia pública de las iglesias evangélicas más allá de la evangelización, se encuentra en el hecho de que el lenguaje y el enfoque de la realidad social de los dirigentes de muchas de las iglesias se desencaja del lenguaje de la vida cívica, motivo por el cual no es posible establecer, por decirlo de algún modo, una buena sintonía de frecuencias.

Pese a ello, mis conocimientos me permiten creer que existen formas de incidencia evangélica en el ámbito público en niveles menores del Estado, básicamente los municipales, pero un conocimiento serio de este aspecto necesita estudios.

 

Conocer mejor el panorama

Aquí arribamos al problema de que necesitamos mejores conocimientos sobre la cantidad real de los evangélicos y la distribución de los mismos por niveles de educación y otros aspectos sociales. Asimismo, necesitamos mejores conocimientos sobre las diversidades de la manifestación del pueblo evangélico en áreas regionales y municipales, con sus correspondientes incidencias públicas.

Estas demandas se encuentran con dos barreras. La primera es un quantum de exitismo ingenuo de los dirigentes evangélicos que creen que “somos muchos, crecemos mucho y somos de impacto en la sociedad”. La segunda es la renuencia de muchos pastores hacia el empleo de las herramientas de las ciencias sociales para conocer su realidad.

Tengo la impresión de que,  hace de esto unos pocos años, existió la posibilidad de hacer algún estudio mejor con apoyo de una confederación evangélica internacional, pero no alcanzó a ser adecuadamente aprovechada. No estoy seguro de esto que aquí afirmo. Pero permite señalar la importancia de contar con esta clase de recursos disponibles, de origen local o internacional.

 

Dr. Hilario Wynarczyk
Doctor en Sociología (Universidad Católica Argentina, UCA)
Master en Ciencia Política (Universidade Federal de Minas Gerais, Brasil, UFMG)
Licenciado en Sociología (Universidad de Buenos Aires, UBA)
Profesor de Metodología y Taller de Tesis (Universidad Nacional de San Martín, UNSAM)
Integrante de los consejos directivos de:
Asociación de las Cientistas Sociales de la Religión en el Mercosur (ACSRM)
Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR)
Pertenece a:
Red Latinoamericana de Estudios Pentecostales (RELEP)
Programa Latinoamericano de Estudios Socio-Religiosos (PROLADES)
Grupo de Estudios Multidisciplinario sobre Religión e Incidencia Pública (GEMRIP)
Ha sido integrante del Consejo de Expertos de las Secretaría de Culto de la Nación
Investigador y escritor

 

 Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.

Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.

La dirección de Cordialmente procura que la expresión bíblica “examinadlo todo, y retened lo bueno” sea el objetivo, por lo cual se invita a los distintos escritores a presentar sus fundamentos dejando el juzgamiento del artículo en cada uno de los lectores.

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Categoria: Edición 2 | Evangelismo, entrega 2, Sociología

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