PASIÓN 2 | Iglesia y evangelización

| 14 enero, 2013

En esta segunda entrega de una nota imperdible con un amado Evangelista argentino que hace 34 años sirve al Señor con PASIÓN, habla de la Iglesia y la Evangelización haciendo una evaluación de la labor de la Iglesia argentina en el cumplimiento de la Gran Comisión, en las últimas tres décadas.

Práctico y contundente ofrece una visión clara que nos ubica en el tiempo y la comisión a llevar adelante, rectificando rumbos para alcanzar el propósito divino.

Tal como lo hicimos con la 1er parte ofrecemos el audio de la misma…

 

ANÁLISIS DE LOS AÑOS ’80 , ’90 y PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XXI

Creo que en la década del ‘80 al ‘90 la Iglesia abrió los ojos. En esa década comenzó a vivirse algo que nunca se había visto, que nunca se había experimentado. En la Biblia está todo. En la Biblia no hay nada que no esté escrito, todo está en ella, pero haber visto en vivo y en directo lo que Dios podía hacer, marcó un cambio. Esa década fue un “despertar”.

El evangelio corriendo y miles de personas aceptando a Jesucristo. Las iglesias creciendo, hombres y mujeres siendo llamados al ministerio; un gran mover de bautismo del Espíritu Santo.

Cuando venía Yiye Ávila a la Argentina, él era un hombre pentecostal muy cerrado en cuanto a la santidad, con la cual estoy de acuerdo; él hablaba de la llenura del Espíritu Santo, con su sencillez, con su simplicidad, con sus aciertos y en algunos casos con sus errores, porque perfecto no hay nada; pero trajo también a colación en ese tiempo un temor hacia la Palabra de Dios y un temor a Dios, que fue muy importante para todo lo que vino: miles y miles de Iglesias se levantaron, ministerios que fueron revividos, que Dios los tenía de alguna manera ya preparados para el crecimiento. Crecieron mucho, las Iglesias se hicieron grandes. La década del ‘80 al ‘90 fue un tiempo de gran avivamiento y de muchas conversiones.

En la década del ‘90 se levantaron ministerios muy importantes en la Argentina, todos ellos crecientes. Comenzaron a construir templos grandes al tener la facilidad económica para poder hacer edificios y expandirse, intentaron consolidar lo que la década del ‘80 trajo como beneficio y bendición. Y eso dejó justamente un problema: que las puertas de la iglesia se cerraron y era todo de la puerta hacia adentro, como que de alguna manera nos dedicamos a consolidar, a enseñar, a capacitar, a preparar pero nos olvidamos de la misión más importante: la evangelización.

La evangelización nos dio todo pero de pronto dejamos de considerarla necesaria, porque ahora había que consolidar lo que teníamos.

Fue la época de las grandes construcciones de templos, de consolidación de ministerios, cines, teatros. Recordemos que en un cine había tres cuadras de cola para entrar.

Eso fue todo, en la década que se levantaron ministerios fuertes, con movimiento de Dios, con mucho movimiento de gente; es decir que Dios multiplicó de alguna manera lo que había comenzado, lo confirma, y lo agiganta, porque era más importante lo que Dios había puesto en la década del ‘90 que lo que Dios había puesto en la década del ‘80.

Fue una gran consolidación de la Iglesia en cuanto a números, pero lamentablemente encerramos entre cuatro paredes al avivamiento y lo circunscribimos dentro de los templos de alguna manera. Por supuesto que salir a la calle lleva tiempo, lleva trabajo, lleva inversión, lleva complicaciones que dentro de la Iglesia es más fácil de controlar.

En la década del ‘90, se sintió, a fines de la misma, como todo comenzó a declinar y a declinar.

Ya no se oraba por el Espíritu Santo, Él ya no era lo más importante. Lo más importante eran los números, a ver quién tiene más, quien es el más grande. Empieza de alguna manera a entrar en la iglesia un espíritu de conformismo. Conformismo con lo que tengo, conformismo de ver quién es el más grande, quién es el más importante y nos quedamos ahí, en la década del ’90, como planchados de alguna forma.

Comenzaron en los últimos tiempos de la década del ‘90 a venir vientos, mayormente, del norte y de Latinoamérica, trayendo doctrinas, cosas nuevas que de alguna manera parecía que podían ayudar a mantener y a agigantar el avivamiento pero todo lo contrario, lo adormecieron de alguna manera. El avivamiento, que quedó entre las cuatro paredes, como adormecido. Fórmulas, sistemas, métodos, no doctrinas sino sistemas, porque la doctrina la tenemos en la Biblia.

Se hablaba de la “unción” como algo nuevo. Se escribieron miles de libros, en la década del ‘90, de la unción, la unción, la unción… Se llegó a creer que la unción era un descubrimiento de esa década: “La unción es algo nuevo”.

Sin embargo, la Biblia dice claramente: “…como ungió Dios con Espíritu Santo y poder a Jesús de Nazaret para hacer bienes, para sanar a todos los oprimidos por el diablo porque Dios estaba con Él”. Quiere decir que la unción es Espíritu Santo y poder, no es nueva.

Entonces buscamos la unción y nos olvidamos del Espíritu Santo. Si yo pido: “unción ven sobre mí, unción ven sobre mí”, no va a venir nada sobre mí. Si pido por el Espíritu Santo, Él viene con la unción. Entonces la gente buscó la unción y se olvidó del Espíritu Santo y en gran parte vino un enfriamiento porque erramos al blanco: en vez de buscar al Espíritu Santo se comenzó a buscar la unción… y la unción visible: las señales visibles, que no es eso lo que importa, pero una señal visible, un milagro –seguramente- va a atraer gente.

Hay manifestaciones de la unción que son importantes pero que no hacen a la concepción de ganar las almas perdidas, sino que son, digamos entre nosotros, para que el poder de Dios se manifieste y la Iglesia vaya creciendo. Que la Iglesia vaya siendo llena del Espíritu Santo, eso es correcto, pero nos olvidamos de la persona del Espíritu Santo. Nos olvidamos, al no hablar del Espíritu Santo, nos olvidamos si no buscamos en esas horas de espera delante del altar para que Dios nos llene del Espíritu Santo.

No quiere decir que se ha dejado totalmente pero ya no es tan común que haya tiempos donde la Iglesia está en el altar, los jóvenes y la Iglesia esperando ser llenos del Espíritu Santo. Cuando Dios aparece es cuando las cosas cambian en las vidas, éstas son transformadas y lo que necesitamos hoy imperiosamente es que Dios aparezca en nuestras reuniones, en nuestros altares, que Dios aparezca con gran poder para transformar a nuestros jóvenes, para transformar los matrimonios, para transformar las familias.

No podemos solamente decir que todo está bien cuando no está bien, o decir que uno vale cuando yo no valgo nada, si algo valgo es porque Dios me dijo que mi nombre está esculpido en la palma de su mano, yo valgo porque soy la niña de sus ojos y yo puedo porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Si saco a Jesús del medio no queda nada, queda la cáscara.

 

LA DÉCADA DEL 2000 AL 2010

Definitivamente la Iglesia terminó de replegarse aunque hoy la Iglesia está despertando. Está despertado porque hay algo claro: “El día que no vea un alma llorando en libertad, un enfermo siendo sanado o un endemoniado siendo liberado, me pregunto: ¿Qué hago parado en el púlpito? ¿Estoy perdiendo mi tiempo?”.

Para mí el avivamiento no es que el primer amor se terminó. Para mí hasta el día en el que el Señor venga nosotros tenemos que tener pasión, aunque sea con nuestras pocas fuerzas, pero si con la fuerza de Dios para que la gente sea liberada, sea sanada, para que la gente tenga una transformación en Jesús.

Eso es lo que tenemos que ver todos los días de nuestra vida; no pensar: “pasó hace diez años y hoy ya no pasa”. Si hace diez años había enfermos, doloridos, necesitados y me movieron a ir a buscarlos, y ahora porque logré lo que anhelaba mi corazón, no hay enfermos, ni doloridos, ni necesitados. ¿No será que tengo que volver a mis primeras obras? Tengo que volver a la visión primera.

Cuando nosotros nos alejamos de la visión primera comenzamos a luchar con las fuerzas que ya no tenemos, porque si el Espíritu Santo no es el que nos agiliza y moviliza, no podemos movernos con fuerza, ni con sabiduría, ni con conocimiento. Creo firmemente que si predico el evangelio de mi humana sabiduría y de mi corto conocimiento, desde mi intelecto voy a lograr un aplauso, pero si yo predico del corazón de Jesús y la pasión de Jesús por las almas perdidas seguramente voy a producir una lágrima. La disyuntiva entonces: o el intelecto o la pasión por los perdidos.

Dios reclama que podamos amar a esa gente, que podamos hacer algo. Por supuesto que hay tiempos y tiempos en la vida ministerial: tiempos donde Dios nos aplaca para que nosotros busquemos su rostro, para tener más de Él que antes, no para quitarnos nada sino para que busquemos a Dios más que antes. Si antes se convertían 1000, hoy Dios quiere que se conviertan 10.000, que se conviertan 100.000. No que se conviertan los cientos sino que se conviertan los miles.

Escribí un pensamiento: “Vivir en el primer amor: avivamiento permanente, quebranto, ruegos, buscando cada día a Dios. Vivir de quebranto continuo es vivir en avivamiento”. ¿Cómo lograrlo? Vivir en avivamiento y en quebranto permanente por nuestra gente, por los que nos rodean, por nuestro país, por el mundo, que podamos estar quebrantados, entonces nunca vamos a dejar morir el primer amor.

Si nosotros nos alejamos de la fuente, dejamos la oración, dejamos ese quebrantamiento… podemos pasar un momento quizás de valle, pero tenemos que volver al quebrantamiento, al arrepentimiento para que el fuego de Dios esté siempre en nosotros, porque si perdemos la pasión por lo que estamos haciendo ¿qué nos queda?, ¿qué nos queda?

Lo importante es esto: hemos tenido éxito, ¡gloria a Dios! pero todavía falta mucho, hay mucho por hacer.

 

LO QUE FALTA POR HACER

Donde hay dolor tiene que estar la Iglesia, dónde hay angustia tiene que estar la Iglesia, donde están los que se equivocaron tiene que estar la Iglesia. Porque Jesús lo dijo claro: “tuve frío y me cubriste, tuve hambre y me diste de comer, estuve en la cárcel y me visitaste, estuve en el hospital y estuviste conmigo, Señor, ¿cuándo te ocurrió esto? De cierto te digo si lo hiciste a alguno de mis pequeños a mí me lo hiciste”. Y están los otros: “Estuve en la cárcel y no viniste, estuve enfermo y no me visitaste…” ¿Dónde van los unos y dónde van los otros? Está claro: “a ustedes no los conozco, pero yo conozco a estos”.

Qué importante es justamente la misión de la Iglesia. Estar donde está la necesidad por amor, como decía, velar por las viudas, velar por los huérfanos. Hoy no hablamos de viudas, entran en la concepción de viudas las que están separadas; hay tantas viudas como separadas que quisieran quedarse con sus dos hijitos pero de pronto tienen que buscar un hombre para que las mantenga. La Iglesia tiene una responsabilidad también con ellas.

Que nosotros podamos también decir realmente: Tuve hambre y me diste de comer, tuve frío y me cubriste. ¿Cuándo? Al decir: “hermano, vamos a juntar ropa para llevarle a esta gente, mire el frío que hace y no tienen abrigo…”. Llevárselo, no hace falta hacer promoción ni proselitismo. Solo dar.

Sabemos que Jesús nos está mirando y por amor a la gente. Entonces la Iglesia tiene una misión, que es tan importante como predicar, porque Jesús lo dijo, no porque yo lo digo. Él habla del buen samaritano y nos enseña en la Biblia que no solamente es predicar sino salir de las cuatro paredes para poder tenderle la mano a aquellos que están padeciendo, que están sufriendo. Si no lo hicimos hasta ahora, comencemos a hacerlo. Los apóstoles le dijeron a Pablo y a Bernabé: “no se olviden de los pobres…”.

La tarea de la Iglesia es inmensa, todavía no hicimos nada, hay mucho por hacer. Si hay dolor es porque la Iglesia le está dando la espalda al dolor.

 

IMPRESCINDIBLE

Lo primero sobre lo que tienen que estar seguros es del llamado.

Yo no puedo manejarme por una emoción, no puedo manejarme porque alguien me dijo: “Vos sos evangelista”. A mí me lo dijeron mil veces pero hasta que Dios no me lo confirmó, no me moví.

Quien envía es Dios. Si alguien me dice: “Vos tenés que ir a…” y después me viene mal ¿a quién le reclamo? Dios me va a decir: “Yo no te mandé”. Entonces lo más importante es que, antes de tomar un ministerio, de abrazar un ministerio, tenemos que tener el llamado claro de Dios. Lo que nos digan los hombres ¡gloria a Dios! me puede mover a orar, pero yo no voy a ir adonde un hombre me mande, porque después viene el fracaso y cuando viene el fracaso ¿quién se hace responsable? Yo le voy a decir: “Dios, tú me mandaste” y Él me va a decir: “No, te mandaron. Yo no te hablé”.

Que importante es que, antes de salir, un evangelista, un misionero, un pastor, escuche la voz de Dios. Hasta que no escuche la voz de Dios y Él se le aparezca, más vale que no se mueva.

Es lo único que yo le puedo dar como consejo.
Si Dios aparece las cosas van a funcionar, no va a haber quien pueda ponerse delante porque Él irá al frente.
Ahora si yo voy por mi cuenta y Dios va atrás, diciéndome “¿Qué estás haciendo? Yo no te mandé. Yo tengo otra cosa para vos”.

Entonces lo importante es el llamado. Aún cuando puedo decirle a alguien vos vas a ser un evangelista, no lo hago ¡ni soñando! Puedo decirle: “Bueno, si vos querés evangelizar, querés ser pastor, querés ser misionero, buscá a Dios hasta que aparezca y confirme lo que vos estás sintiendo en tu corazón, y Él te abra las puertas”.

Dará seguridad porque Dios no puede mandar a alguien a servirlo con dudas. A ese Dios, yo no lo conozco. Si uno tiene dudas es porque Dios no habló. Si va seguro que Dios le habló y Él le apareció, ¡olvídese!, la bendición de Dios va a estar ahí; muchos quedan en el camino heridos, muchos quedan amargados, muchos movidos por la emoción y no por la palabra.

Esta nota continua el lunes próximo 21 de Enero de 2013 con su tercera y última parte:
VISIÓN 3 | Responsabilidad y misión

 

 

 

Carlos Alberto Annacondia
Nació el 12 de marzo de 1944, en la ciudad de Quilmes, Provincia de Buenos Aires.
En 1970 contrajo matrimonio con María Luján Revagliatti conformando una familia con 9 hijos y14 nietos.
Conoció al Señor el 19 de mayo de 1979 en San Justo, provincia de Buenos, en una Cruzada Evangelística con el Rev. Manuel A. Ruiz, de Panamá.
Siendo un próspero hombre de negocios, Dios lo llamó y lo levantó como evangelista de su Reino, y como tal, ejerce su ministerio desde el año 1981.
Comenzó su ministerio predicando en la década de ’80 en las villas de emergencia del Gran Buenos Aires.
Su mensaje ha sido oído por multitudes de personas de distintas razas y condiciones sociales de los cinco continentes. Se estima que varios millones de personas tomaron la decisión por el Señor Jesucristo en sus Cruzadas.
Actualmente, vive en la Ciudad de Buenos Aires y preside el equipo “Misión Cristiana Mensaje de Salvación”, de la Unión de las Asambleas de Dios.

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.

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Categoria: Edición 2 | Evangelismo, entrega 2, Notas de fondo

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