LA ENSEÑANZA Y EL DOCENTE CRISTIANO EN LA ESCUELA SECULAR

Hay algo que no todos los maestros pueden hacer por sus alumnos y solo puede hacerlo el maestro cristiano, y eso es orar. Interceder a Dios no solo por sus alumnos, sino también por sus compañeros de trabajo, por sus superiores, ¡por la escuela toda! Para poder escuchar, para comprender, para dar una palabra de aliento, para aconsejar, para señalar el camino.

 

La enseñanza y la preocupación por realizarla de la mejor manera o de lograr sus propósitos es una constante en la historia de la humanidad…

Enseñar no es una tarea sencilla. Pero para quienes han sido llamados a practicarla es todo un desafío. Sin enseñanza no tiene sentido hablar de educación. Lo que distingue a un educador de quien no lo es, es la enseñanza. Si bien es cierto que todo el mundo puede enseñar cosas, no todos hacen de eso un oficio.

La palabra enseñar proviene del latín indignare compuesto de in (en) y signare (señalar hacia) lo que implica señalar qué camino seguir. ¡Vaya desafío!

Cualquier persona que se prepara, estudia y anhela enseñar puede dedicarse a transmitir conocimientos, valores, habilidades… pero no todos logran señalar, indicar o guiar por el camino correcto.

Múltiples conceptos se podrían abordar para explicar de alguna manera lo anteriormente expuesto pero voy a elegir solo uno que, a mi criterio, es muy importante. Un buen maestro debe tener autoridad pedagógica. Esa autoridad, según el Marco General de Política Curricular, “(…) se construye en el/la docente a partir del ejercicio de un saber experto que demuestra conocer lo propio: lo que enseña y cómo hacerlo. Se ejerce a partir de la presencia y la escucha, con el indispensable reconocimiento del otro y por medio de procesos de negociación y de acuerdo que regulan la actividad de aprendizaje y la convivencia en grupos.

  • En lo que respecta a: qué enseñar, aparecen en el Curriculum, los contenidos que el estado considera relevantes y/o necesarios para que los alumnos/as puedan desarrollarse como futuros/as ciudadano/as. Será responsabilidad del docente, de acuerdo a las necesidades e intereses de los alumnos/as y la misión de la institución donde se desempeña, la selección correcta de los contenidos a trabajar.
  • En cuanto al cómo enseñar, también aparecen orientaciones, pero considero que es en este aspecto donde el docente cristiano, en la educación secular, cumple un rol fundamental.

Básicamente, porque no basta enseñar con la palabra, sino que, lo que se enseña, se debe mostrar en la vida.

No hay necesidad de confesar con la boca: -Soy cristiano/a. Se trata, simplemente, de mostrar con la manera de pensar, de sentir, de vivir como Dios quiere que lo haga.

En las escuelas seculares se trabaja en la enseñanza de cosas prácticas, que sean funcionales, que sirvan para la vida. Para tener una mejor vida. El maestro cristiano, además de enseñarlo, debe mostrar que vive una vida feliz, una vida llena y abundante. (¡Para eso vino Jesús!)

Comúnmente en el Diseño Curricular, aparecen conceptos y contenidos a enseñar que son contrarios a los principios establecidos por Dios. El maestro cristiano sabe que estos conceptos son parte de la vida diaria y debe formar a sus alumnos/as para que puedan hacerles frente y superar las situaciones… ¡No es tarea fácil! Pero… Dios ha hecho una promesa: Si alguien carece de sabiduría, ¡pídala a Dios!

Hay algo que no todos los maestros pueden hacer por sus alumnos y solo puede hacerlo el maestro cristiano, y eso es orar. Interceder a Dios no solo por sus alumnos, sino también por sus compañeros de trabajo, por sus superiores, ¡por la escuela toda! Para poder escuchar, para comprender, para dar una palabra de aliento, para aconsejar, para señalar el camino.

Ser maestro cristiano exige disciplina. Pero no una disciplina que viene del exterior, impuesta y muchas veces incomprensible para sus alumnos, sino la disciplina que se crea democráticamente, a través del diálogo, la empatía y el reconocimiento del otro.

En la enseñanza, básicamente, intervienen cuatro elementos: docente, alumno, conocimientos y entorno educativo. Atravesados por múltiples variables como: capacidades, recursos, culturas, significados, familias, valores, etc., que hacen que la enseñanza sea exitosa o no, es decir, que exista aprendizaje o no. Pero el maestro cristiano cuenta con una variable que es, (me atrevería a decir) la más determinante en los resultados de la enseñanza, es la capacidad de amar. No solo demostrarle amor al alumno, sino sentir amor por él.

Si el vínculo entre el Docente y el Alumno es sano, la enseñanza, prácticamente, está asegurada.

En algún lugar leí algo parecido a esto: un maestro de matemática no tiene que preocuparse por “vivir” la matemática en su vida, ni el de geografía tiene que “vivir” la geografía; pero el maestro cristiano necesariamente tiene que vivir a Cristo en su vida, de esa manera tendrá verdadera autoridad como docente y señalará a sus alumnos el buen camino.

 

 

Patricia Daniela Andreani
Es integrante de la Iglesia Evangélica Pentecostal “Redil de Cristo”
Profesora en Educación Primaria
Profesora en Psicopedagogía
Profesora en Educación de Adultos y Adolescentes
Profesora en Retardo Mental

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Categoria: Edición 3 | Educación, entrega 3, PASTORAL, Pedagogía

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