EL PASTOR Y SU RENOVACIÓN PERSONAL | Parte II: EL CUERPO

| 8 abril, 2013

Cuando hablamos de “renovación” tenemos que pensar en la importancia del equilibrio de las 4 áreas: cuerpo, mente, corazón y espíritu. Al igual que las ruedas del auto (incluyendo la de auxilio) deben estar parejas, con la misma presión, la que indica el fabricante, ni más ni menos, de lo contrario el andar no será el óptimo.

Muchos le dan énfasis a su cuerpo pero descuidan sus mentes, otros desarrollan sus mentes pero descuidan su corazón (vida social), hay quienes desarrollan su corazón pero descuidan su espíritu (relación viva con Dios).

¿Qué significa renovar, cuidar nuestro cuerpo? Nuestro cuerpo es cambiante (por el paso de los años) pero es la corona de la Creación y es la máquina más maravillosa del universo. Podemos manejarlo con cuidado o abusar de él; podemos controlarlo o dejar que nos controle; es “nuestra nave”, “nuestro auto” y si lo cuidamos y le hacemos los mantenimientos y chequeos periódicos, aunque sea un “modelo viejo”, ¡lucirá y funcionará bien!

Los principales elementos de un cuerpo saludable son:

1) Dormir y descansar bien. Cuidado, porque se puede dormir y no descansar, las dos cosas deben complementarse. Dormir una siesta de 1/2 hora o 40 minutos, ¡es maravilloso!

2) Alimentación adecuada: esto incluye comer saludablemente y lo necesario.

Consumir más cereales, verduras, frutas, lácteos, pollo, pescados y menos carnes rojas, grasa animal y azúcares. Este ítem también implica mantenernos en el peso adecuado. Los alimentos afectan el estado de ánimo y el rendimiento y un antiguo proverbio reza: “somos lo que comemos”.

3) Ejercicio: de acuerdo a la edad y a las posibilidades es saludable practicar un deporte, andar en bicicleta, caminar (es lo más económico y sano), ir a un gimnasio, practicar natación, etc. El ejercicio elimina tensiones (stress), toxinas, renueva la circulación sanguínea y despeja la mente. Hay que hacerlo 2 o 3 veces por semana como mínimo.

4) Chequeos médicos periódicos, al menos una vez al año. Debemos escuchar y ver nuestros cuerpos, porque ¡nos hablan! y nos mandan señales.

Recuerde que 1 gr. de prevención vale más que 1 kg. de curación. Bien decía el Apóstol Pablo: “¿No sabéís que vuestro cuerpo es Templo del Espíritu Santo?”. Muchos dicen “no tengo tiempo para esto”, “la obra, el ministerio, no me lo permiten”.

Quiero terminar con una historia que me compartió un pastor amigo, de un misionero a los indios de América del Norte, llamado Cheyene Murray. Un amigo lo visitó y estaba muy enfermo, este le pidió que regresara, para recuperarse, pero no quiso, a los 3 años volvió y lo encontró agonizando y le dice a su amigo: “Dios me dio un caballo y un mensaje, hoy maté al caballo (su cuerpo) y no podré seguir llevando el mensaje”.

Hasta la próxima.

 

Mauricio Lestani
Pastor de la Iglesia en Tigre
Unión de las Asambleas de Dios

 

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Categoria: ACTUALIDAD, Edición 3 | Educación, entrega 6, Vida Pastoral

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