EL PASTOR Y SU RENOVACIÓN PERSONAL – Parte IV: EL CORAZÓN

| 22 abril, 2013

En mi primera entrega, al comentar sobre la necesidad de renovación, aclaré que nos enfocaríamos en la importancia del equilibrio de estas 4 áreas: cuerpo, mente, corazón y espíritu. Todas las áreas deben ser renovadas constantemente y en forma proporcionada, de manera que no se pierda el equilibrio necesario. En esta entrega quiero hablar de la necesaria renovación del corazón.

Cuando hablamos de la renovación personal y el corazón, estamos hablando de la renovación, cultivo y desarrollo del área emocional. Somos seres físicos, intelectuales, espirituales y almáticos.

A veces escuchamos “no tenemos que ser creyentes o iglesias asmáticas” pero cualquiera de estas cuatro áreas que se sobrevalore o desvalore, no nos permitirá ser personas completas.

Cuando se habla de cuidar el cuerpo, la mayoría tiene una idea más o menos clara, aunque luego no concrete dichos cuidados. Lo mismo con la mente, la mayoría admite su importancia y lee, estudia y se prepara. Igual sucede en cuanto al espíritu: ora, lee la Biblia, participa.

Pero cuando se trata de las emociones (léase como sinónimo del corazón, del alma), la idea es muy vaga o muy superficial. Es una cuestión de “piel” y no de profundidad.

Las emociones son importantes porque son el sistema provisto por Dios para informarnos acerca de nuestras necesidades y creencias más profundas: amor, gozo, miedo, dolor, etc.

Cuando estas emociones se manifiestan (por medio de la mente y el cuerpo), ¡nos quieren decir algo importante! Sin ellas seríamos como una bicicleta sin cadena o un auto sin batería. Nuestra alma necesita ser cuidada y nutrida constantemente, igual que las otras áreas.

Necesitamos que nuestro corazón informe a nuestra mente para que, a través de nuestro cuerpo, tomemos las decisiones correctas, siempre y cuando estas tengan como referencia los valores y/o principios escriturales e inalterables; ello pues las emociones pueden ser fluctuantes, pero los principios no.

¿Cómo nutrimos, renovamos, cultivamos nuestras emociones?

– Con pequeños actos de generosidad
– Escuchando a otros (no solo con los oídos, sino con el corazón)
– Siendo leales
– Disculpándonos, perdonando
– Siendo honestos
– Sirviendo a otros
– Entablando nuevas amistades
– Riéndonos

Cuando hice un curso sobre relaciones humanas, nos entregaron un test sobre “relaciones familiares y/o fraternales”. En él teníamos que definir, en una columna, personas cercanas o medianamente cercanas de cada uno de nosotros. Luego había cuatro columnas más cuyos encabezamientos tenían el grado de relación que teníamos con estas personas: mínimo, moderado, fuerte, de calidad.

Comenzamos a llenar las columnas y al finalizar, tanto yo, como la mayoría de las personas que estaban en el curso, nos dimos cuenta que colocábamos la mayor cantidad de “X” en los casilleros de “mínimo y moderado”, muy pocas en “fuerte” y muchas menos en “de calidad”.

El moderador nos alentó a reconstruir y fortalecer puentes relacionales, y a erigir otros nuevos, porque una de las formas más efectivas de que nuestro corazón se renueve, y se desarrolle, es mejorando la calidad relacional.

 


Mauricio Lestani
Pastor de la Iglesia en Tigre
Unión de las Asambleas de Dios

 

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Categoria: Edición 3 | Educación, entrega 8, Vida Pastoral

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