CRISTIANOS DE ORIENTE, PELIGRO Y DESCONOCIMIENTO

| 1 julio, 2013

Hace diez años, antes de la invasión estadounidense a Irak en marzo de 2003, había un millón y medio de cristianos en ese país, desde entonces la invasión desató una persecución que expulsó a un millón. Se trata de cristianos de varias generaciones, parte de ese pueblo, de su cultura, que hablan las lenguas del lugar y conocen los modales y la historia de esas civilizaciones, que pueden decir de todo corazón el Credo y se confiesan seguidores de Cristo, que creen en él y saben cómo ser minorías resistentes en esas condiciones.

La invasión generó un infierno en el que miles de familias perdieron todo y tuvieron que optar por el exilio para conservar la vida. Mientras tanto, las agencias misioneras norteamericanas se obsesionan haciendo esfuerzos para reclutar y preparar un puñado de misioneros para el mundo musulmán.

Hace unas semanas, como parte de una gira latinoamericana, nos visitó en Buenos Aires el Arzobispo de Beirut, el cardenal Béchara Boutros, de los maronitas en el Líbano. Esta afirmación sola nos suena extraña, ajena. Beirut sólo aparece en los noticieros por algún atentado terrorista y no tenemos idea de qué significa eso de “maronita”. Sin embargo su visita, llena de urgencia y a la vez de gran sobriedad, hace que nos veamos involucrados en alma y vida en eso que parece extraño y ajeno. Beirut es la capital del Líbano y la iglesia maronita es la parte de los cristianos de medio oriente que reconoce como propio al papa de Roma; resultan un tipo diferente de católicos pero tan cristianos como los otros. Hace cincuenta años se decía de Beirut que dos tercios de su población eran cristianos y un tercio musulmanes (Enciclopedia Americana pg 448, 1962) también se decía que era la París de Medio Oriente. Hoy parece que no es así.

Para darnos una idea de la presencia cristiana en Medio Oriente, el obispo de Beirut nos habla de religión en términos de población. Encontramos, nos dice, 7 millones de judíos, 20 millones de cristianos y 350 millones de musulmanes. Pero enseguida apunta el siguiente dato: la gran mayoría de los musulmanes son moderados y hemos convivido con ellos por muchos siglos. Nosotros sabemos que hoy occidente ha potenciado y armado a los sectores más extremos del mundo musulmán para derrocar gobiernos y poner en el poder grupos con los que pueda pactar nuevos negocios y establecerse geopolíticamente para los años que vienen.

Tal vez necesitamos recordar que las relaciones entre las naciones occidentales y los países musulmanes se han puesto tensas a partir de los años ’70 con la creación de la OPEP (Organización de los Países Exportadores de Petróleo) porque el precio de los combustibles creció descontroladamente y se tornó una dificultad para los mercados mundiales. Una de las consecuencias de esto fue que, vendiendo el crudo a precios mucho más caros, los dirigentes acumularon fortunas y poder y, también, el deseo de protagonismo y de volver a la identidad musulmana más radical. Así, desde el Komeini que derrocó al Sha Reza Pahlevi, sucesivas revoluciones islámicas se han opuesto a la dependencia de occidente y se han vuelto inmanejables para gobiernos y empresas que antes hacían su trabajo más fácil y a menor costo.

El cristianismo nació en oriente, luego se extendió a occidente y por fin llegó a todas partes. Pero su primer sabor, sus costumbres, sus gestos y su lengua original era de oriente, para ser precisos de Medio Oriente. “Los cristianos fueron llamados así por primera vez en Antioquía” (Hechos 11.26), así se lee en el encabezamiento del membrete del papel de carta de la Iglesia de Antioquía, cuyo obispo en Buenos Aires es el monseñor Siluán Muci quien preside la CEICA, Comisión Ecuménica de Iglesias Cristianas en Argentina, la que reúne ortodoxos, católicos y evangélicos. Haríamos bien en investigar y enterarnos de la historia antigua y reciente de los cristianos de oriente y, es posible, que visitar sus iglesias en nuestro país sea un inicio para ampliar nuestros horizontes. Ortodoxos armenios, rusos, antioquenos, griegos y maronitas tienen sedes estables entre nosotros desde hace mucho tiempo, han colaborado con la formación de lo que somos y seguramente tienen cosas para decirnos. Sus iglesias de origen han soportado todo tipo de pruebas a lo largo de la historia, tanto excomuniones masivas a partir de algún concilio, como divisiones internas y tanto cruzadas occidentales como invasiones mongolas. La ignorancia que los países de base cristiana de occidente tienen de estas iglesias es parte de estrategias de exclusión y olvido, cuando no de franco desprecio y desconocimiento de lo auténtico de su fe.

La visita del obispo tuvo objetivos muy claros y urgentes: buscar apoyo para decir bien fuerte a las naciones occidentales que no presionen más sobre el Medio Oriente, especialmente sobre la situación en Siria que en este momento es el centro de numerosos intereses y se la presenta como un polvorín fuera de control. Desde nuestras latitudes no entendemos qué pasa, ni quiénes son los protagonistas y los interesados en esos problemas, sólo consumimos las noticias de los grupos mediáticos que satanizan a unos y victimizan a otros sin que sepamos por qué, aunque siempre nos dejan claro quiénes son los buenos y quiénes los malos, quiénes representan la civilización y quiénes la barbarie, lo que no nos dicen es quién se queda al fin con la plata, las empresas, los contratos y los recursos naturales.

Nuestros hermanos, y especialmente sus pastores, necesitan nuestra oración y simpatía para tener claridad y sabiduría para los días inmediatos por venir. Sin duda necesitan también fortaleza y tenacidad si quieren permanecer en su tierra sin renunciar a su fe y su modo de vivir. Roguemos también por los muchos musulmanes que no quieren vivir en el extremo fanático, por sus líderes y por quienes trabajan por la paz y la justicia en medio de presiones increíbles. Para la oración no hay fronteras ni mares y, a la distancia, en lejanos lugares nos une a seres humanos de otro color. Pero por amor son ya nuestros hermanos. Bendita la oración.

 

 

Julio Cesar López
Pastor en Belgrano
Iglesia Presbiteriana San Andrés

 

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Categoria: DOSSIER de ACTUALIDAD, Edición 4 | Iglesia y Sociedad, entrega 9

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