OSEAS: PROFETA DEL AMOR DE DIOS | Parte 3

| 8 julio, 2013

Por Daniel P. Monti (adaptación de Emilio N. Monti)*

El pacto entre Yavé e Israel implicaba relaciones tan íntimas que Oseas sólo halla manera de expresarlas con las dos elocuentes figuras de la relación matrimonial y filial (cps. 1-3 y 11.1; cf. Ex. 4.22). El amor de Dios es de tal índole, para Oseas, que ninguna infidelidad, ningún pecado, logrará oscurecerlo y menos anularlo.

Completa esta gran concepción presentando a Dios como a un padre amoroso que no puede castigar al hijo, por más que éste lo merezca y aun cuando, en un momento de enojo, exclamara:
“De mi casa los expulsaré; no volveré a amarlo más”
Oseas 9.15

Pero ¿cómo un padre puede hacer tal cosa? De ninguna manera. Yavé dice, por boca del profeta:
Mi corazón ha pegado un vuelco dentro de mí,
todas mis compasiones están encendidas.
No ejecutaré el ardor de mi ira…
porque soy Dios, y no hombre…
Oseas 11.8-9

Ante estas palabras de máxima e incomprensible compasión, un comentador bíblico (G. A. Smith) afirma:
“He aquí porque el hombre, en su pequeñez, no podrá cambiar lo que es esencial en Dios: su amor”.

Este pasaje se ha considerado como el más grande de Oseas, el más profundo, sino el más elevado de su profecía. En él se presenta maravillosamente a Dios como Padre, describiendo su relación con Israel (el niño que trajo de Egipto), en un emotivo cuadro hogareño, en el que Dios le enseña a dar los primeros pasos, sosteniéndole por detrás, y le alcanza comida en la boca (11.1-4).

Es así como en él el mensaje de esperanza, fundándose en el inalterable amor a de Dios, se sobrepone al castigo que Oseas anunciara como terminante. Ese amor perdonador halla su más alta expresión en 14.1-8 (cf. 1.10-2.1: 2.14-32; 3.1-5: 11.10s). Pero la futura restauración de Israel se realizará sobre la nueva relación con su Dios (2.14-19), a partir de cuyo momento, todo adquirirá su nuevo significado, incluso los nombres, con contenido simbólico, usados hasta entonces. Jezreel, que significa tanto “Dios siembra” como “Dios esparce o desparrama”, y que en este último sentido lo aplica el profeta a Israel, anunciando su castigo y su derrota en el campo de batalla de Jezreel (1.4-5), retomará su significado original cuando Dios rehabilite a Israel, y en ese Jezreel se unan, para siempre en un solo pueblo, Judá e Israel (1.11), y Dios recoja al esparcido Israel y con ellos vuelva a sembrar, repoblar el valle de Jezreel, que es proficua tierra, todo cambiará de naturaleza y de nombre, como símbolo del nuevo estado logrado por la gracia de Dios (2.23).

En igual sentido Oseas trueca en positivos los nombres negativos, símbolos de castigo, que diera a sus hijos, quitándoles el negativo “Lo”. Y así Lo-ruahma, La-no-compadecida será Ruhama, La-compadecida, y Lo-ammí (No-pueblo-mío) será Ammi (Pueblo-mío) (2.1; cf. 1.6-9), y a ambos se le dirá: “¡Hijos sois del Dios vivo!” (1.10; 2.23). Israel será la esposa fiel, quien, para no recordar más a los baales con quienes se prostituyera, no llamará más a Yavé: Baali, “Señor mío”, sino Isci, mi hombre, aquí: “Marido mío” (2.16).

Será esta una restauración total en la que participará la naturaleza toda (2.18). En este cuadro de restauración futura, Israel es exhortado a volverse a Yavé con sincero arrepentimiento; a confesarle único Salvador, desechando la confianza en fuerzas bélicas y en ídolos:

Yo sanaré sus apostasías;
Los amaré de pura gracia;
Porque mi ira se ha apartado ya de ellos.
Yo seré como el rocío a Israel;
El florecerá el lirio,
Y echará raíces como cedro del Líbano.
Oseas 14.3-5

Su doctrina del amor divino es la mayor contribución de Oseas al desarrollo religioso de Israel y de la humanidad toda. Es su gran aporte original. Tal concepción, del apasionado amor de Dios, culmina, naturalmente, en el mensaje de esperanza, porque donde no hay fe y esperanza, no cabe el amor.

El amor espera todas las cosas y lo espera todo; de ahí que, en Oseas, la promesa de la restauración de Israel será parte integral de su doctrina del amor divino y de su mensaje. Aunque esta promesa no se cumpliera para Israel, en el orden histórico, en lo político y social, Oseas nos legó la gran doctrina del amor divino que, desde entonces, forma parte del patrimonio de la humanidad. Doctrina que, a través de los siglos, no ha dejado de generar renovadas esperanzas en el futuro: esperanza de una nación que llegó a ser universal y que de una política se hizo espiritual, hasta culminar en la suprema concepción de la historia humana: la del Dios-hombre.

Aunque la referencia de Oseas al Rey Mesiánico es muy general y no hace referencia a alguien individualmente, es claro que para él la futura gloria mesiánica tendrá como centro y base la dinastía davídica (3.5). Oseas es, pues, el primer profeta que menciona a un gobernador ideal, en quien se centralizan las esperanzas de un futuro bien.

Su profunda concepción del amor divino apunta, en manera más concreta y directa que cualquier predicción específica, a Belén, al Calvario, y a la justiciera mano de Dios intercediendo por nosotros. Y Jesús nos dice:

Id, pues, y aprended lo que significa:
Misericordia quiero y no sacrificio.
Porque no he venido a llamar a justos,
sino a pecadores, al arrepentimiento.
Mateo 9.31

* Adaptación del texto del Pastor Daniel P. Monti (1900-1975), en Voces del Pasado. Actualidad del mensaje profético, Methopress, Buenos Aires, 1964 (pp. 87-91), realizada por Emilio N. Monti.

 

Emilio Monti
Pastor metodista.
Licenciado en Teología.
Profesor de Filosofía y Pedagogía.
Doctorando en Ciencias Humanas y Arte.
Profesor Emérito del Instituto Universitario ISEDET
Ex Decano y Profesor de Teología Práctica del Instituto Universitario ISEDET
Ex Profesor de Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora Capellán y Vicerrector de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano de Rosario (UCEL).
Trabajó activamente en ayuda a Refugiados (CAREF) y en defensa de los Derechos Humanos (MEDH) y en la acción ecuménica (FAIE)
Integró a nombre de las iglesias evangélicas el Consejo Nacional de Políticas Sociales del Gobierno de la Nación.

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 4 | Iglesia y Sociedad, entrega 10, Teología

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