PAN Y BIBLIA | Parte 3 Reflexiones finales

En la primera entrega hemos dado las bases por las cuales la Iglesia debe involucrarse en la labor social y en la segunda nos dedicamos a la praxis: como cumplir el mandato, siguiendo el ejemplo de Jesús y haciendo realidad el anhelo del ministerio integral de Su Iglesia en la tierra.
Me permito cerrar mi comentario con algunas recomendaciones finales que considero importantes para la efectividad del trabajo social desde la Iglesia.

No sólo se debe atender al pobre de escasos recursos, hay que tener en cuenta otras clases de pobreza. Dios tiene una preocupación especial por cualquier persona necesitada sea que sufra emocionalmente, tenga problemas familiares o cualquier tipo de marginación.

Sirvamos primero a los de la familia de la fe. La palabra nos establece esta prioridad: Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos bien a todos, y en especial a los de la familia de la fe.” Gálatas 6.10.

No nos podemos limitar a la ayuda social, hay que entregar el evangelio. David Befus nos alerta de este peligro: “Si proporcionamos a los necesitados ayuda material que los enriquecerá, pero no compartimos el mensaje de salvación, corremos el riesgo de ayudarlos a seguir camino al infierno, aunque a buen estilo.”

Niños y jóvenes deben ser vinculados a estos programas. Las nuevas generaciones deben ser promotoras de cambios y perpetuadores de los valores del Reino.

No desanimarse a pesar de los fracasos. El trabajo social no es fácil, y a veces trae sinsabores, porque las comunidades son disfuncionales, no hay acceso suficiente a los recursos y a veces somos atacados. A pesar de cualquier dificultad no debemos abandonarlo, Dios es nuestro inspirador y nos ayudará a ser creativos para superar cualquier obstáculo.

No debemos menospreciar las pequeñas acciones. Existen acciones que puedan ser la semilla de grandes cambios. Por ejemplo, una mujer pidió que en lugar de traer flores para el sepelio de su esposo, la gente donara para fundar un hogar de refugio, y un estudiante propuso a sus compañeros cristianos asear los baños de su universidad pública como un primer paso para un proceso de incidencia política.

Enseñar el principio del dar. No podemos privar a las personas de los beneficios de ley de “dar y recibir”: Den, y se les dará: se les echará en el regazo una medida llena, apretada, sacudida y desbordante. Porque con la medida que midan a otros, se les medirá a ustedes”. Lucas 6.38. Ésta es una de las leyes que me apasiona enseñar porque he visto como quien la practica, le quiebra la columna vertebral a la miseria. Por muy pobre que sea alguien, siempre tendrá algo que dar.

En conclusión, la Iglesia debe ocuparse del trabajo social porque es un tema prioritario en la Biblia, una manera de manifestar la presencia del Reino de Dios en medio nuestro, una exigencia primaria en el crecimiento eclesial y sobre todo una expresión del amor divino manifestado en el servicio. Y cómo hacerlo, tomando tiempo para pensar en el pobre, servirle con nuestros talentos, promover el desarrollo económico y los negocios como alternativa a la pobreza y aprovechar los espacios que ha ganado para ejercer incidencia política y ser así protagonista de la transformación de nuestro continente. ¿Y qué más queda? Agregar la humildad de quienes después de haberlo hecho todo, pueden decirle a su Señor: “Somos servidores inútiles porque no hemos hecho más que cumplir con nuestra obligación” Lucas 17:10.

 

José Satirio Dos Santos
Misionero de las Asambleas de Dios de Brasil
Pastor Fundador del Centro Cristiano Internacional en Cúcuta, Colombia

 

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Categoria: Edición 4 | Iglesia y Sociedad, entrega 10, Teología del Sur

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