LA MISIÓN CON SUS PELIGROS, RIESGOS Y DESAFÍOS

| 15 julio, 2013

«… Al ver lo que Pablo había hecho, la gente comenzó a gritar… ¡Los dioses han tomado forma humana y han venido a visitarnos! A Bernabé lo llamaban Zeus, y a Pablo, Hermes…». Hechos 14.8-18.

En Listra tiene lugar un milagro que deja atónita a la muchedumbre: a un paralítico, imposibilitado de los pies, cojo de nacimiento, que jamás había andado, Pablo le ordena en voz fuerte: ¡Ponte en pie y enderézate! El resultado de ese milagro fue que trataron a los siervos de Dios como dioses. Pablo y Bernabé expresan que ellos son solo hombres, que deben volverse a Dios y dejar esas cosas. Con esos argumentos, y con dificultad, logran disuadir a la multitud.

El peligro y riesgo que ellos corrieron es el mismo que tenemos nosotros en Iberoamérica y los campos transculturales. Sucede que la gente trata de transferir la admiración y adoración que solamente Dios merece a aquellas personas a quienes Dios toma por mensajeros. El problema puede ser mayor si nosotros estimulamos estos sentimientos. Esto algunas veces sucede en la vida de la iglesia y se construyen pequeños imperios. Se atraen seguidores de personas e instituciones, pero no de Jesucristo. La iglesia iberoamericana está enfrentado varios peligros como:

 

Poder y competencia

Muchas veces las iglesias viven la lucha miserable por el poder. El amor al poder en vez del poder del amor. Otras veces la funcionalidad se ha distanciado de los principios bíblicos. Se busca resultados donde cada uno vale por lo que produce haciendo la tarea en el menor tiempo posible. Este tipo de teología de la productividad está afectando y perjudicando la formación de los siervos ya sean pastores, misioneros y laicos. Se intenta capacitarlos en el menor tiempo posible. El éxito ministerial es mostrar los resultados y no una vida de humildad. El hecho de menguar para que Cristo crezca y seamos invisibles no entra en este esquema.

Esta escena se completa con la alta competitividad que exige la producción. En la teología de la productividad ya no tenemos iglesias hermanas sino competidoras. La competencia distancia a las diferentes iglesias y crea celos en ella misma. La unidad del cuerpo de Cristo es afectada por esta estructura. Los siervos en general deben soportar este modelo de presión y tensión que muchas veces viven las iglesias. Se reemplaza a Dios por las reglas del mercado.

«En la iglesia de nuestro tiempo encontramos los siguientes énfasis: Crecimiento de la iglesia versus extensión del reino de Dios. Los métodos son más importantes que los contenidos. La estrategia de mercadeo versus el mover del Espíritu. Los ministerios como espacio de poder y no como servicio. La herejía de la transformación social a través de la búsqueda del poder. Ética, moral y verdad, sacrificados en el altar del “éxito”»[i]

En su práctica ministerial parece que algunos no necesitan tanto del Espíritu Santo dado que el mercadeo funciona. Se manifiesta un comportamiento de tratar a Dios como un ídolo. “Jesús: de Dios a ídolo”. El ídolo es alguien manejado por la criatura: le decimos a Dios cuando hay que hacer las cosas que le pedimos, como hay que hacerlo y en qué tiempo. «Los resultados son los siguientes: Las iglesias como mega agencias de autoayuda. Una pretendida salvación sin conversión. Patrones de éxito ajenos al Evangelio. La salvación “por obras”. Cuanto más haces, más vales. La deseclesiación de la experiencia religiosa. Una iglesia sin iglesia.»[ii]

No somos llamados a formar estereotipos empresariales basados en criterios de utilitarismo, de mercantilismo y de números. La gran multiplicación, las cifras y los porcentajes no son sinónimos de transformación. Rene Padilla oportunamente dijo: «No debemos sacrificar las demandas del evangelio en el altar de los números».

Vivimos tiempos en los cuales parece que algunas iglesias tienen clientes y, como en los negocios, estos siempre tienen razón. Son los clientes los que están permanentemente gratificados, psicológicamente bien, y son el centro de todo. Norberto Saracco nos comparte: «Queremos animar a romper con estos esquemas de la productividad y pensar en términos del reino. Debemos animarnos a predicar la Palabra de Dios y dejar que su mensaje nos incomode y examine nuestro seguimiento a Jesucristo».

El concepto del éxito de Jesús fue: «Padre hice todo lo que me dijiste que hiciera». Los resultados son aleatorios. Jesús sanó a unos, y a otros no. La negación a nosotros mismos, conocer a Jesucristo y ser semejantes en su muerte es poder transformador (Filipenses 3.10).

 

Nuestros Desafíos

Somos desafiados a repensar la iglesia en función de la realidad contextual que se vive en cada región y en un mundo cada vez más globalizado. «Repensar la iglesia debe ser una dinámica abierta. No lo podemos hacer con legalismos ni respuestas cerradas. No es tarea de unos “iluminados”, sino del cuerpo. Permítanme solo mencionar tres ejes que considero indispensables en esta tarea:

1- El amor. Entendiendo esto como poner al “otro” como centro de nuestra acción. Lo que hagamos debe ser pensado no en función de nuestro beneficio sino con la intención de servicio y la actitud de entrega. No nos servimos a nosotros mismos. Es tiempo de repensar una iglesia sierva.

2- Los valores del Reino. Debemos ejercitarnos en no confundir nuestros propios valores culturales o personales con los valores supremos del reino de Dios. ¿Cómo discernir entre ellos?

3- Ser testigos. La misión que tenemos es ser testigos. Esto no es hablar acerca de, sino vivir de acuerdo a. Debemos profundizar el discipulado de tal manera de encarnar aquello de lo cual queremos dar testimonio. El mayor escándalo de la iglesia es la contradicción entre lo que dice y lo que hace. Debemos llegar al punto en que la gente simplemente diga: “yo quiero vivir como ustedes”. Sabemos que solos no podemos. Por eso en la promesa del Espíritu Santo se nos asegura que nos daría poder para ser testigos. Poder para el servicio y poder para una vida ejemplar».[iii]

Los desafíos también incluyen las grandes ciudades multiculturales; la evangelización del occidente; el testificar la singularidad de Jesucristo en el mundo de la pluralidad religiosa y entre las etnias no alcanzadas donde estas se encuentren (ya sea en las grandes ciudades o en países de acceso restringido); la lingüística y traducción de la Biblia a toda lengua, la contextualización; el ser agentes de reconciliación en un mundo de violencia, opresión, pobreza, injusticia, de gente desplazada, de refugiados, de inmigrantes, en medio de la persecución religiosa y del profundo nivel de su sufrimiento.

Debemos asumir nuestro papel en cuestiones de medio ambiente y de toda la creación de Dios. Una participación responsable y efectiva en la sociedad local-global en aspectos sociales, políticos y económicos. La profundización del conocimiento bíblico a través de una enseñanza sistemática en las iglesias locales; en la maduración de modelos de liderazgo que promuevan el trabajo de equipo y la participación activa de los creyentes.

 

La Misión en Unidad

La misión en unidad y la unidad en la misión implica aceptarnos unos a otros a pesar de nuestras diferencias. «El paradigma moderno, sugería que la alternativa era entre diversidad sin unidad o unidad sin diversidad; el paradigma posmoderno se manifiesta como una unidad que preserva la diversidad y una diversidad que se esfuerza para lograr la unidad. Las divergencias no son motivo de remordimiento sino parte del esfuerzo dentro de la Iglesia por llegar a ser lo que Dios quiere que sea… En medio de toda la diversidad, sin embargo, hay un eje: Cristo Jesúsescuchar la palabra de Dios y escucharnos los unos a los otros van juntos; sólo podemos tener lo primero si estamos igualmente preparados para tener lo segundo»[iv].

Si queremos que la gente venga al conocimiento de Jesucristo, la iglesia en nuestros días debe avanzar en la unidad, el amor y el servicio. Cristo es la verdadera señal de unidad y desde su principio, el Señor nos ha desafiado al trabajo en equipo. José Miguez Bonino nos recuerda que «la misión puede ser el principio material de nuestra unidad». La cooperación en la tarea práctica de la misión es el primer paso hacia una unidad más profunda.

«Finalmente, tenemos que confesar que la pérdida de la unidad eclesial no es sólo una molestia sino un pecado. La unidad no es una opción superflua. Es, en Cristo, ya un hecho, algo dado. Al mismo tiempo es un mandamiento: «¡Sean uno!» Estamos llamados a ser uno como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son uno y nunca debemos cansarnos de esforzarnos hasta el día cuando los cristianos en todo lugar puedan juntarse para compartir el solo Pan y la sola Copa»[v].

El hecho de que podamos decidir juntos hacer la misión será una señal de la derrota de Satanás, la evidencia de la unidad y de la cooperación global. El hecho de que lo hagamos juntos con nuestras diferencias de culturas, de riqueza, de trasfondo; requerirá la ayuda del Espíritu Santo y una disponibilidad de sacrificar lo nuestro para el bien de su misión. Somos de diferentes países desafiados a ser ciudadanos del cielo (Filipenses 3.20) y se nos recuerda que tenemos un futuro en común y una misma identidad”[vi].

Desarrollemos una mayor y real comprensión de la unidad del pueblo de Dios, una mayor participación en el movimiento misionero mundial, compartiendo los desafíos globales en una acción integral del evangelio; una sincera búsqueda de modelos cooperativos; y entender a la misión como un proceso que involucra a toda la iglesia.

Preguntas para la reflexión
¿Cuáles son los peligros y riesgos que la iglesia tiene en nuestro tiempo? ¿Cómo podemos enfrentarlos y superarlos?
 ¿Cuáles son nuestros desafíos y prioridades? ¿Qué procesos estamos comenzando para avanzar sobre los mismos?



[i] Saracco, Norberto: Ponencia «Entendiendo la Iglesia de nuestro tiempo», con motivo de una jornada para pastores y obreros organizada por FACIERA (Federación Alianza Cristiana Iglesias Evangélicas República Argentina), Buenos Aires 2007, Argentina.
[ii] Ibíd., Ponencia, Buenos Aires 2007, Argentina.
[iii] Saracco, Norberto: Ponencia «La Argentina que Dios quiere, Repensando la misión de la Iglesia en Argentina», con motivo del retiro de pastores: Argentina Oramos por vos, 14-17 Junio, Villa Giardino, Córdoba 2010, Argentina.
[iv] Bosch, David Jacobus: Misión En Transformación: Cambios De Paradigma En La Teología De La Misión. Grand Rapids, Mich. : Libros Desafío, 2000, pp 566-567
[v] Ibíd., Misión En Transformación. Grand Rapids, Mich. : Libros Desafío, 2000, P. 569
[vi] Davies, Pablo: Ponencia sobre Partnership y el Dinero, 2001, Buenos Aires, Argentina.

 

 

Carlos Scott
Junto a Alicia Scott son los facilitadores de la iniciativa Misión GloCal.
Forma parte de la Comisión de Misiones de la Alianza Evangélica Mundial (WEA).
Fue Director de COMIBAM Cono Sur (2000-2006)
Presidente de la Red Misiones Mundiales Argentina (2004-2005) Presidente de COMIBAM Internacional (2006-2009).
Licenciado en Administración de Empresas (UADE)
Licenciado en Seguros (UADE)
Licenciado en Ministerio con Orientación Misionológica (IBBA).
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Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.
Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
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Categoria: Edición 5 | LA CREACIÓN ANHELA, entrega 1, Misiones

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