SOPLAN VIENTOS DESDE ARRIBA

| 29 julio, 2013

Conversando con Nicodemo, según el relato de Juan 3, Jesús juega con las palabras Viento y Espíritu, vocablos que tienen la misma raíz, y se expresa sobre algo que se siente sin saber de dónde proviene, pero que al llegar se ven las implicancias de lo sucedido. Digo soplan vientos desde arriba, utilizando las mismas similitudes que nuestro Señor, porque en realidad es el Espíritu el que está viniendo, soplan vientos desde los Cielos, que presagian mejoras y cambios para la Iglesia.

No se asombre que afirme que soplan vientos desde arriba pues, aunque estamos muy acostumbrados a que los vientos hagan su circuito en forma paralela a la corteza terrestre, cuando se forma un cumulus nimbus (esas nubes de desarrollo vertical que parecen una humareda pero bien blanca), dentro puede haber vientos cuya dirección no es la habitual, sino que suelen ser ascendentes o descendentes.

Soplan vientos desde el Cielo, en forma descendente, desde el Trono del Señor hacia la Tierra, donde estamos sus seguidores, vientos, espíritu, Espíritu.

Soplan vientos de cambio y, extraño que parezca, no son de cambios para encontrar cosas nuevas; pareciera que todos andamos buscando algo novedoso, queriendo inventar lo ignorado hasta el presente (como si lo hubiese) cuando el Espíritu Santo tardó dos mil años en revelar una verdad o doctrina. Parece cumplirse nuevamente ese paréntesis que instala Lucas en Hechos 17:21, donde se registra: “Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo.”. No es este caso pues soplan vientos desde el Cielo trayendo cambios que nos retrotraigan a la Iglesia Primitiva.

Pero cuidado, no se alegre antes de tiempo, porque cuando decimos así se nos llena de sonrisas la cara pensando en aquellos milagros portentosos que, transportados a este tiempo, significarían para el pastor que los tuviera en su iglesia su entrada al salón de la fama.

Entonces crece la imaginación pensando en un avivamiento mayúsculo, multitudes, viajes, reconocimientos, plataformas, la posibilidad que todos nos reconozcan mientras caminamos pasillos mirando como si estuviésemos por arriba de los demás. ¿Será por eso que la palabra avivamiento no aparece en La Biblia?

En Argentina tuvimos una década gloriosa para la Iglesia, usando Dios a un hombre que se mantuvo en la posición de siervo, siendo una carta leída de sencillez y humildad. A través de Carlos Annacondia, Dios conmovió al país. Nos enseñó mucho con su ejemplo, pero quizá el más importante y que no lo aprendimos fue: no aprovechar el éxito ministerial para la trascendencia e imposición personal. ¿Alguien duda de la mega Iglesia que hubiera armado Carlos Annancondia si se hubiera determinado a hacerlo? Pero era consciente que Dios lo había llamado para ser de bendición a la Iglesia en general.

Luego todo se frenó, y aunque querramos seguir diciendo que tenemos un gran mover, ya no nos podemos seguir autoengañando. Hasta el mismo Conicet, en una reciente investigación que fue publicada recientemente en varios medios de comunicación, habla del auge de las Iglesias Evangélicas en Argentina en los ´80 y el freno que se dio a partir de principios de los ´90.

Pero soplan vientos desde el Cielo, Espíritu que viene sobre la Iglesia, el Espíritu Santo nos está guiando a la verdad y, de a poco, quitará las vendas que nos hacen pensar en grandezas personales, en utilizar un suceso donde Dios nos usó para tratar de sobresalir a partir de allí, de buscar que todos sigan tras “nuestra visión”, “nuestro ministerio”, o sea “nuestro yo ególatra”.

Un remanente, que bíblica e históricamente Dios se guardó, más una Iglesia que guiada por el Altísimo se reencauzará, acompañará a sus líderes a tener la actitud de Juan el Bautista, entender que “conviene que El crezca y yo mengue”, porque cuando El crece y nosotros queremos engancharnos para crecer también, se desdibuja el plan de Dios.

Los paradigmas que se enquistaron desde los años ´90, e hicieron que se parase el crecimiento glorioso de los ´80, probablemente se mantengan y convivan con la nueva manifestación de Dios, pero el Espíritu del Señor levantará nuevamente a la verdadera Iglesia, la que mantiene o renueva el primer amor, la que busca ganar almas, la que llora con los que lloran, la que no busca lo suyo, la que refleja a Cristo.

Nos llevará a reencontrarnos con el verdadero sentir del ministerio cristiano, expresado por Pablo en 2da Corintios 2:12 y 13: “Cuando llegué a Troas para predicar el evangelio de Cristo, aunque se me abrió puerta en el Señor, no tuve reposo en mi espíritu, por no haber hallado a mi hermano Tito; así, despidiéndome de ellos, partí para Macedonia”.

“Se abrió una puerta” solemos escuchar como argumento para hacer lo que nos conviene a nuestro yo ministerial, sin importarnos si estamos haciendo estragos en otro ministerio o Iglesia. Pablo asegura que la puerta se había abierto, pero pesaba más su compañero de trabajo, su amigo, otro que estaba como él en las cosas del Señor.

Soplan vientos, no sé si serán “silbos apacibles” o “vientos recios”, pero el Espíritu viene sobre la Iglesia, para volver a las manifestaciones de la Iglesia Primitiva, requiriendo para ello de las actitudes de humildad, servicio y muerte al yo que caracterizó a quienes nos precedieron en aquella etapa gloriosa.

Claro que en la Iglesia Primitiva había quienes se dejaban transportar por la vanagloria y, sin entrar nosotros en ningún tipo de condenación o juzgamiento, pensamos en las palabras de Jesús, al hablar de quienes buscaban su momento de fama: “os digo que ya tienen su recompensa”.

Pero el Espíritu baja del Cielo para usar a quienes, despojados de toda jactancia humana, tienen la fe suficiente para saber que la verdadera recompensa nos está reservada en los Cielos, donde seguramente muy pronto seremos trasladados.

 

Rodolfo Polignano
Pastor en el barrio de Colegiales de la Ciudad de Buenos Aires
Unión de las Asambleas de Dios
Profesor del Instituto Bíblico Río de la Plata durante 30 años
Escritor y maestro se especializa en Homilética
Bajo su ministerio pastoral se levantaron 12 nuevas congregaciones
Sirvió muchos años como presidente de Evangelismo de la Unión de las Asambleas de Dios

 

 

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Categoria: Edición 5 | LA CREACIÓN ANHELA, entrega 3, Reflexiones

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