LAS TRANSFORMACIONES DEL ECUMENISMO

| 16 septiembre, 2013

El término ecuménico significa “el mundo”, literalmente “toda la tierra habitada”. Sin embargo, toda palabra tiene su historia de transformaciones. Con la expansión de Roma, el término griego “oikoumene” (de “oikos”: “casa”, y este de “oikéos”: “habitar”) llegó a ser sinónimo de “Imperio Romano” universal o “católico”. Así los concilios de obispos de la Iglesia Católica Romana se llamaron “ecuménicos”. Por muchos siglos este término se conservó exclusivamente con ese sentido. Sin embargo más tarde, en el siglo XIX, con el avance del movimiento misionero moderno, comenzó a producirse un cambio en la visión del ecumenismo.

La necesidad de aunar criterios y esfuerzos para la tarea misionera, especialmente entre las iglesias protestantes o evangélicas, llevó a la creación de “sociedades misioneras”. Este proceso culminó en la Conferencia Misionera de Edimburgo (Escocia), en 1910, hace más de un siglo, considerado como un hito fundamental del movimiento ecuménico. Uno de sus resultados fue la constitución del Concilio Misionero Internacional, el cual fue antecedente, junto a otros consejos “ecuménicos” internacionales, como la Comisión de Fe y Orden, de la creación del Consejo Mundial de Iglesias (CMI por su sigla en castellano, COE en francés y WCC en inglés), en el año 1948 en Ámsterdam. En ella participaron no sólo iglesias protestantes o evangélicas, de distintas denominaciones, sino también ortodoxas. De esta manera el término ecumenismo es ampliado para referirse a las tres principales líneas del cristianismo en occidente.

Este proceso, que denominamos “movimiento ecuménico moderno”, encontró finalmente eco en la apertura ecuménica del Concilio Vaticano II, de la Iglesia Católica Romana (ICR), reunido en el año 1964. Esto significó un impulso importante al movimiento ecuménico e inició un proceso de participación, especialmente en el área de Fe y Orden, que se mantiene con mayor o menor fuerza, enriqueciendo el diálogo ecuménico. La aceptación de la noción de “libertad religiosa”, hecha por este Concilio, factor necesario para el entendimiento interreligioso, fue un paso indispensable.

En América Latina, la cooperación en el campo misionero, fue considerada importante desde sus comienzos. En 1913, luego de la Conferencia de Edimburgo, las iglesias misioneras que trabajaban en América Latina decidieron planificar una estrategia de trabajo común. Con este propósito organizaron en Nueva York, en el año 1913, un Comité de Cooperación para América Latina (CCLA), constituido por las juntas misioneras, que fue el primer el primer paso organizativo en la relación de las iglesias evangélicas en América Latina.

Este Comité convocó a una Conferencia Panamericana, llevada a cabo en Panamá, en 1916. Se puede decir que lo que significó “Edimburgo” mundialmente, lo significó “Panamá” para la misión evangélica en América Latina. El largo proceso del ecumenismo en el ámbito latinoamericano culminó, tras variadas experiencias, en la organización del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), en 1982.

En el Río de la Plata, desde el comienzo de la obra misionera, aun sin una relación orgánica, hubo un reconocimiento implícito de una misión y un ministerio común. En 1917 se fundó la Liga Argentina de Mujeres Evangélicas (LAME), aun existente, siendo así la institución decana de los organismos evangélicos “ecuménicos” en Argentina (siempre primero las mujeres).

En 1925 se organizó el Distrito Rioplatense del Comité de Cooperación para América Latina, que promovió la formación de federaciones nacionales. Dentro de este proyecto de nacionalización de la obra misionera, se fundó, en 1938, la Confederación de Iglesias Evangélicas del Río de la Plata, para Argentina, Paraguay y Uruguay. En ella participación casi todas las iglesias y organismos que formaban el Comité de Cooperación, a las que se sumaron otras iglesias que hasta ese momento no tenían mayor participación ecuménica, especialmente las iglesias pentecostales. En 1958 la Confederación se desdobla en la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE) y la Federación de Iglesias Evangélicas del Uruguay (FIEU).

Con todo, junto a estos movimientos más institucionales, aparece lo que llamamos “ecumenismo de base”. En los lugares donde la fe cristiana es desafiada por la realidad del mundo moderno, la búsqueda de un testimonio común y una acción conjunta se hace cada vez más indispensable. En esta situación se promueve una renovada experiencia ecuménica, que mueve al diálogo y a la acción común. Este encuentro representa un efectivo ecumenismo de base, que no solo permite el acercamiento entre aquellas personas que profesan la misma fe, sino también con todas aquellas personas comprometidas en un proyecto conjunto de transformación social y humana. Esto, por un lado, hace que para muchas personas, “ecumenismo” sea un término no confiable y hasta temido. Sin embargo, por otro lado, el término “ecumenismo” es enriquecido, haciéndonos dar cuenta que ya no puede ser usado solamente para las iglesias cristianas. Así se amplía la visión del “ecumenismo”, de una iglesia particular a todo el “cuerpo de Cristo” y de todos los comprometidos en “la construcción del Reino”, de toda la comunidad de creyentes a todas las personas de buena voluntad comprometidas en un proceso de transformación del mundo y de la vida humana. Entonces las fronteras entre quienes “están adentro” y quienes “están afuera” se hacen cada vez más dilatadas.

En la VIII Asambleas del Consejo Mundial de Iglesias (Harare, Zimbabwe, 1998), su moderador Aram I, dijo estas palabras: “Todos llegaremos a ser vecinos en una aldea global, negros y blancos, ricos y pobres, cristianos, islámicos, budistas, seguidores de otra fe o ateos. Divididos por nuestras diferencias y tensiones, todavía no sabemos cómo vivir juntos en un mundo en el cual estamos obligados a vivir juntos en una comunidad”. Para esta nueva etapa de la historia de las transformaciones del término “ecumenismo” se ha dado en usar el término “macro-ecumenismo”, que a mi entender en lugar de resolver el problema pone más en evidencia la limitación que venimos dando al término “ecumenismo”. Si “ecumenismo” significa “toda la tierra habitada”, el ecumenismo que pretendemos debiera llamarse “macro-ecumenismo”, y lo que hemos estado haciendo (y es mucho lo que se hizo) se queda en “mini-ecumenismo”.

Entonces devolveremos al ecumenismo su visión primera: la casa materna y paterna en la que toda persona pueda vivir igualmente bien. Podremos entonces recuperar el sentido de tres palabras referidas a la casa (“oikos”): eco-logía, eco-nomía, ecu-menismo. “Ecología” es la manera justa de distribuir las comodidades de esta casa que es la tierra, para evitar que padre y madre dispongan de tres dormitorios, comedor, sala de estar, baño y cocina, y el resto de la familia deba ocupar el garaje o un tinglado en el patio. “Economía” es la manera de distribuir los bienes de esta casa que es la tierra, para evitar que padre y madre tengan cuatro comidas al día y un banquete semanal, y el resto de la familia deba conformarse con una taza de mate cocido antes de irse a dormir. “Ecumenismo” es la manera armoniosa de vivir todos en esta misma casa, en la “gran aldea”.

 

Emilio Monti
Pastor metodista.
Licenciado en Teología.
Profesor de Filosofía y Pedagogía.
Doctorando en Ciencias Humanas y Arte.
Profesor Emérito del Instituto Universitario ISEDET
Ex Decano y Profesor de Teología Práctica del Instituto Universitario ISEDET
Ex Profesor de Ciencias de la Educación en la Universidad Nacional de Lomas de Zamora Capellán y Vicerrector de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano de Rosario (UCEL).
Trabajó activamente en ayuda a Refugiados (CAREF) y en defensa de los Derechos Humanos (MEDH) y en la acción ecuménica (FAIE)
Integró a nombre de las iglesias evangélicas el Consejo Nacional de Políticas Sociales del Gobierno de la Nación.

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.
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Categoria: Edición 6 | Iglesia unida y diversa, entrega 3, Notas de fondo

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