LA UNIDAD EN CRISTO V

| 21 octubre, 2013

Tal como lo prometimos continuamos con la entrega de parte del sermón de Spurgeon en que predicó sobre el tema de la unidad en la diversidad. Nos permitimos aconsejar leer las partes anteriores, en esta edición de Cordialmente, a fin de seguir el hilo de este sermón del Príncipe de los Predicadores.

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste.” Juan 17: 20 y 21

 

(I. Primero, entonces, SOBRE LA UNIDAD DESEADA. Cont.)

Unidad en el discernimiento, en la experiencia y en el corazón, son algunas de las evidencias de esta unión, pero si quisieran una unión más clara y palpable, que inclusive los ojos carnales puedan ver, noten la unidad de la oración cristiana. ¡Oh, cuán mínima es la diferencia allí! Los creyentes bien enseñados se dirigen al trono de la gracia en el mismo estilo, independientemente de la forma particular que su organización eclesial haya asumido. Lo mismo ocurre con la alabanza. En la alabanza, en verdad, somos como uno, y nuestra música asciende con dulce concierto al trono de la gracia celestial.

Amados, somos uno en la acción; los verdaderos cristianos, en cualquier parte en que se encuentren, están todos haciendo el mismo trabajo. Allá está un hermano predicando; no me importa esa cosa blanca que lleva puesta, pero si es un verdadero cristiano, está predicando a Cristo crucificado; y aquí estoy yo, y tal vez no le simpatice porque no tengo puesto ese trapo blanco, pero, a pesar de eso, me deleita predicar a Cristo crucificado. Cuando se trata del trabajo vital real del cristiano, es lo mismo en cada caso, pues es levantar en alto la cruz de Cristo.

“Oh”, -dirás- “pero hay muchos cristianos en el mundo que predican esto y eso y lo otro.” Yo no estoy diciendo nada de ellos o acerca de ellos; no estoy diciendo nada acerca de sus pertenencias eclesiásticas; yo no estoy diciendo nada de los que simplemente se unen a la Iglesia; hablo de los elegidos, de los preciosos, de los hombres y mujeres de mente sencilla enseñados por Cristo, y cuyo móvil de acción es el mismo; hay entre ellos una verdadera unión, que es la respuesta a la oración de nuestro Señor. Él no intercedió en vano; Él obtuvo lo que buscó; y los hombres verdaderamente vivificados son uno en este día, y permanecerán perpetuamente siendo uno.

Me parece oír que alguien dice: “pero yo no puedo ver esta unidad.” Mi respuesta es: una razón podría ser tu falta de información. El otro día vi que estaban construyendo un gran edificio; sabía que no era un asunto de mi incumbencia, pero me quedé perplejo tratando de imaginarme cómo saldría de allí una estructura completa; me parecía que los techos quedarían colocados muy torpemente. Pero me atrevo a decir que si hubiese visto un plano, podría haber habido alguna torre central o alguna otra combinación por medio de la cual las alas, una de las cuales parecía ser más bien más larga que la otra, podrían ser rematadas en armonía, porque el arquitecto sin duda tenía en su mente una unidad que yo no tenía en la mía.

Así que, ni ustedes ni yo poseemos la información necesaria en cuanto a lo que ha de ser la Iglesia. La unidad de la Iglesia no ha de ser vista por ustedes hoy; no lo piensen; el plan no ha sido ejecutado todavía. Dios está construyendo por allá, y ustedes sólo ven el cimiento; en otra parte está casi listo el coronamiento, pero ustedes no pueden comprenderlo. ¿Habrá de enseñarles el Maestro Su plano? ¿Acaso está obligado el Divino Arquitecto a llevarlos a Su estudio, para mostrarles todos Sus motivos y designios secretos? No es así; esperen un poco y se darán cuenta de que todas estas diversidades y diferencias entre los hombres orientados espiritualmente, cuando el plan maestro llegue a ser implementado, son partes diferentes del gran todo, y ustedes, conjuntamente con el asombrado mundo, sabrán entonces que Dios ha enviado al Señor Jesús.

Visito una gran fábrica: veo una rueda grande girando en una determinada dirección, indiferente y desatenta a todas las demás ruedas; veo otra rueda girando en dirección contraria; todo tipo de movimientos concéntricos y excéntricos; y yo me digo: “¡todo esto parece un extraordinario embrollo!” ¡Precisamente se trata de eso! Yo no entiendo esa maquinaria.

Así, cuando analizo a la gran Iglesia del Dios visible, si miro con los ojos de mi espíritu, puedo ver la armonía interna; pero si con estos ojos miro a la gran Iglesia externa, no puedo ver la armonía, ni será vista jamás hasta que la Iglesia oculta sea hecha manifiesta cuando el Señor venga.

 

 

Charles Haddon Spurgeon
Pastor de la Iglesia Bautista Metropolitan Tabernacule, Londres, durante 38 años
Reconocido como el Príncipe de los Predicadores
Solía predicar en hasta 10 lugares por semana

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que fiel a sus principios no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.
Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
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Categoria: Edición 6 | Iglesia unida y diversa, entrega 8, Notas de fondo

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