PERDER EL RUMBO

| 28 octubre, 2013

En una peligrosa costa, donde los naufragios son frecuentes, había un precario y pequeño puesto de salvamento. Las instalaciones no superaban a una simple cabaña y había un solo barco salvavidas. No obstante, los miembros, aunque pocos pero muy dedicados, mantenían una constante vigilancia sobre el mar, y sin pensar en sí mismos, día y noche buscaban incansablemente a los náufragos. Muchas vidas fueron salvadas por este maravilloso y pequeño puesto, ganando de esta manera el reconocimiento de todos.

Algunas de las personas salvadas, junto a otros residentes de los alrededores, querían asociarse al puesto y contribuir con su tiempo, dinero y esfuerzo para mantener el trabajo de salvamento. Nuevos barcos fueron comprados y nueva tripulación entrenada, de manera que el pequeño puesto creció.

Algunos de sus miembros estaban disconformes con el hecho de que las instalaciones fueran tan precarias y tan mal equipadas. Propusieron ampliar el lugar y cambiar el mobiliario para transformarlo en un lugar más confortable para los náufragos rescatados; así lo hicieron.

Poco a poco el puesto de salvamento se tornó en un popular lugar de reunión para sus miembros. Mejoraron la decoración y comenzaron a usarlo como una especie de club. Ahora era menor el número de miembros interesados en salir al mar en misión de salvamento, por lo tanto, contrataron tripulaciones de barcos salvavidas para hacer el trabajo. El motivo predominante en la decoración del club todavía era el salvamento de vidas, hasta había un pequeño bote salvavidas en la sala principal donde se celebraba la ceremonia de admisión al club.

Durante esa época, un barco naufragó cerca de la costa, la tripulación contratada trajo al lugar personas con frío, mojadas y semi-ahogadas. Ellas estaban sucias y enfermas, la mayoría eran de una baja condición social. El nuevo y hermoso club se transformó en un caos.

En la reunión siguiente del comité directivo, la mayoría de los miembros propuso suspender las actividades de salvamento por ser desagradables y obstaculizar la vida social normal del club; pero, algunos miembros insistieron en que el salvamento de vidas era el propósito primario y principal del lugar y que aún se llamaban “puesto de salvamento”.

Al final, estos miembros fueron derrotados en la votación. Se les comunicó que, si querían salvar las vidas de los que naufragaban, podrían iniciar su propio puesto de salvamento en otro lugar de aquella larga costa.

Y eso hicieron. Con el pasar de los años, el nuevo puesto de salvamento pasó por las mismas experiencias que el anterior. Acabó tornándose en un club y un puesto más de salvamento fue fundado. La historia se repitió, de manera que cuando se visita esa costa, se puede apreciar varios clubes exclusivos a lo largo de la playa. Los naufragios son frecuentes en esas aguas, y la mayoría de las personas mueren ahogadas.

Que Dios nos libre de imitar esos ejemplos en la manera en que desarrollamos nuestra vida, nuestra relación con los demás y la misión que desarrollamos día a día.

 

Rubén Kassabian
Egresado del Seminario Internacional Teológico Bautista, con el título de Bachiller  en Teología.
Master en Teología en el campo de la Evangelización y Avivamientos.
Fundador y Pastor de la Iglesia “JESÚS 100% VIDA” en Buenos Aires, Argentina.
Fundador y Presidente del Equipo Evangelístico “MINISTERIOS DE FE Y ESPERANZA”.
Pastor y Co-Fundador de los “ATLETAS DE CRISTO” en Argentina.
Director Nacional de OCC (Operation Christmas Child), Ministerio de la “Bolsa del Samaritano” fundado por Franklin Graham. (2001-2013)
Director y Fundador del Instituto Bíblico “JESÚS 100% VIDA”.

 

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Categoria: Edición 6 | Iglesia unida y diversa, entrega 9, PASTORAL, Teología Pastoral

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