DESCENDIÓ A LOS INFIERNOS

| 9 diciembre, 2013

No saquen la frase del Credo, no, no la saquen. Creer a pesar de los infiernos es compatible con una fe que soporta una eternidad.

Varias veces se pensó en remover esa frase, y fue por distintos motivos. Algunos, porque no aparece en las versiones más antiguas, otros porque piensan que es como una repetición para afirmar que murió. Otros, porque no se entiende bien qué significa la frase y, todavía, otros porque les parece demasiado cruel y oscura para estos días en que hay muchos que no creen más en esas cosas.

Yo ruego que no la saquen, creo que tiene una carga especial. Cuando salió la película “La Pasión”, de Mel Gibson, vi alguno de los  avances de promoción y decidí que no la vería.  Tengo sabido demasiado de tormentos, torturas y flagelaciones y no soporto fácilmente añadir algo más. Es que, aunque a algunos les parece exagerada alguna escena o alguna imagen, lo cierto es que no, de ninguna manera exagera.

Padeció bajo el poder de Poncio Pilatos. Desde su arresto, de la mano de Poncio Pilatos, fue que descendió a los infiernos. Es decir, desde la tortura, flagelación, deshumanización se desciende a los infiernos, que incluye la muerte.

Luego de “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado ” y “Padre, en tus manos entrego mi espíritu”, se nos refiere que “dio una gran voz”, un grito.  Expiró.

Separar lo teológico de lo testimonial es una tentación del aula, del concilio, del documento final, pero proteger la doctrina y el dogma censurando al hombre y su dolor, no es pastoral.

La vida entera de Jesús, que evoca antes de su pasión “aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”, está envuelta en lo incomprensible de su descenso a esta tierra, su encarnación, su exposición a vivir lo que él mismo llamó ”la hora de las tinieblas”.  Y se completa con esta frase del Credo “descendió a los infiernos”, porque al volver desde allí le ofrece al ser humano una enorme esperanza de salvación desde su propio infierno.

El infierno podría ser ese sitio donde las tinieblas se cierran de tal manera que no se ve la presencia de ninguna de las manifestaciones de la luz: ni justicia, ni paz ni amor. Parece que en la tortura del ser humano se desciende a los infiernos. La presencia de la imagen de Dios desaparece en la deshumanización de ambas partes: el que tortura deshumaniza al otro para poder torturarlo, busca cualquier recurso ideológico, racial, o argumento justiciero para que merezca lo que un ser humano no merece. Y así se deshumaniza a sí mismo infligiendo barbaridades que no soporta el alma humana, con bajeza y sin afecto natural. Desaparece el hombre y queda sólo el torturador en su infierno del que no puede escapar.

Seguramente hay modos de entender esta frase que nos ocupa con más fundamentación bíblica y teológica, de esas lecturas nos servimos para recibir la gracia de la salvación de la mano de Jesucristo que nos redimió pagando por nuestros pecados. Pero es mi intención hoy sentir y hacer sentir bien cerca a Jesús, el que se hizo carne, pasando por los caminos de la atrocidad y el desamparo que sintió sobre sí.  Esos infiernos por los que pasan muchos en esta vida, a quienes  anuncia nuestra fe que del infierno se puede salir. Anunciamos la resurrección a los que padecen, mueren y bajan a los infiernos, porque, según predicaba Pedro en su primer sermón, creemos que es imposible retenernos allí.

 

Julio Cesar López
Pastor en Belgrano
Iglesia Presbiteriana San Andrés

 

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 7 | El Credo, entrega 6, Teología

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