ATAQUES Y RESPUESTAS | Parte 2

| 16 diciembre, 2013

Ante el clima enrarecido por ataques a templos religiosos y signos de intolerancia basados en legislaciones que atacan o amenazan a credos no oficiales en tanto que otras normas amplian beneficios a la religión oficial, desde la Codirección elaboramos un cuestionario para que diferentes actores de nuestra sociedad nos brinden su visión sobre el presente y el futuro.

En esta segunda entrega, el filósofo Ricardo Forster analiza la realidad a la luz de la historia antigua y reciente, resaltando los claroscuros de la actualidad y dejando sobre la mesa los debates que se debe proponer para alcanzar una sociedad igualitaria.

 

1. ¿Por qué o con qué objetivos se ataca a una Iglesia?

Generalmente cuando se ataca alguna Iglesia es porque suele ser minoritaria, porque está cuestionando el poder, porque está tocando lo que no se toca, porque está poniendo el dedo en la llaga señalando injusticias, corrupciones de parte de aquellos que hegemonizan, en determinado momento histórico, el poder.

Generalmente eso se puede ver cuando hay una institución que ocupa el centro de la representación del poder en su época y se siente amenazada ante la emergencia de otras concepciones, de otros credos o, en el interior de una creencia compartida, de grupos que comienzan a cuestionar la centralización autoritaria del poder.

Hemos visto, sobre todo desde la reforma protestante en adelante, como por ejemplo la Iglesia Católica Romana, ha construido mecanismos para atacar, defenestrar, condicionar, expulsar y someter a las distintas expresiones de críticas que ha tenido en su interior y que ha implicado futuras y diversas experiencias religiosas, sobre todo desde la reforma luterana, la reforma radical, las experiencias de las distintas iglesias protestantes-evangélicas.

Lo ha hecho también, bajo otras condiciones, con otras religiones, pero generalmente lo que se disputa es aquello que tiene que ver con un mismo espacio, con una feligresía compartida: el cristianismo.

Por ejemplo, a los judíos, durante el tiempo de la inquisición, no se los perseguía, en tanto que judíos, sino que se perseguía a aquellos judíos que se los había obligado a convertirse al cristianismo, o que se habían convertido incluso de buena fe, pero que después regresaron clandestinamente a prácticas judaicas. Se los perseguía por judaizantes. La inquisición no perseguía a quien públicamente era judío sino a quien clandestinamente seguía siendo judío pese a que en la superficie era cristiano, y ahí se utilizaron los mecanismos que ya conocemos de la Inquisición.

La idea del hereje está vinculada a quien pone en cuestión la ortodoxia; solo porque hay una ortodoxia, hay una universalidad convertida en verdadera como única posibilidad, es que emerge la idea del hereje. La herejía surge cuando la Iglesia de Roma se convierte en la religión imperial, a partir de allí aparecen las sectas, los herejes, los heterodoxos, los que ponen en riesgo ese poder hegemónico y homogéneo.

Entonces hay una historia, hay una genealogía de la persecución, de la violencia y también de la denigración del otro: apóstatas, siervos de Satán, mil formas de definir la existencia de quien ha perdido la centralidad de la verdad desde el punto de vista, en este caso, de quien está en el centro del poder.

 

2. ¿Los atacantes son enemigos de la fe o fanáticos religiosos?

¿Qué es el fanatismo? Es transformar la visión propia en la única posible y ver al otro desde esa visión. Si el otro no la acepta o no se adapta es alguien al que hay que rechazar, al que hay que expulsar, al que hay que someter.

El fanático no acepta que sea posible una mirada distinta a la de él y cree que la sociedad se tiene que organizar a partir de su concepción, de su presupuesto, quiere legislar en función de lo que para él es la verdad e intenta eliminar, someter y expulsar a todos aquellos que se resisten a esa verdad única, a ese orden único, a esa estructura jurídico-político-religiosa que actúa como una aplanadora.

En verdad, el concepto de fe es un concepto muy vasto y diverso. Es algo que nace de la experiencia humana. En nombre de la fe se han cometido crímenes atroces. El inquisidor no es necesariamente un hipócrita, ni un represor que goza con el sufrimiento del otro, es un sádico; el inquisidor puede perfectamente ser alguien atravesado por la fe, convencido de lo que está haciendo. Esto es lo perverso, lo terrible, que en nombre de la fe yo pueda torturar al otro, pueda exigirle que confiese lo inconfesable, pueda someterlo a todo tipo de suplicios, pero “mi palabra y mi acto están salvados porque mi fe me salva”.

Lo hemos visto en la Argentina con los represores genocidas. Había quienes, desde el ejercicio del sacerdocio, los convencían de que su acción criminal estaba sustentada en la fe y que era genuina, un acto protegido por la gracia de Dios y que tocar el mal era parte de la salvación también. En nombre de la fe, se ha creído que uno podía transformar la sociedad sometiéndola a suplicios represivos terribles.

Hay fe secular y fe religiosa, ambas pueden llevar a formas de criminalidad social.

Si la fe es genuina acepta la diferencia, acepta la diversidad, respeta la creencia del otro o acepta la crítica y la pone en la mesa de la conversación entre personas. Entonces, me parece que hay una diferencia: cuando la fe se vuelve una acción fanática e integrista, lo que tiende es a tachar al otro, a negarlo, a aniquilarlo y eso es peligrosísimo. Eso ha llevado al nacional-socialismo, a la Shoah, al exterminio, al espíritu de Torquemada y a la destrucción de las creencias y las culturas de los pueblos originarios.

Es peligrosísima la fe cuando es atrapada en el interior de un orden fanático. Ese orden fanático manipulado por los que manejan el poder se convierte en un arma muy peligrosa.

 

3. ¿Quién gana o a quién le sirve el clima creado?

A todos aquellos que saben que una democracia, que se constituye como algo diverso, complejo, que se va inventando cotidianamente, que logra mostrar la complejidad y la diversidad de la vida y que al mismo tiempo se vincula con cambios reales en la vida de los individuos y de las sociedades.

A todos aquellos que les molesta la democracia entendida bajo esta condición como una invención de una vida más justa de una vida más buena, de una vida más integrada, más amplia, más diversa; a todos aquellos que defienden el poder propio, que defienden el ejercicio discrecional de ese poder o de esa verdad supuestamente revelada. Asimismo a aquellos que quieren mantener el establishment, el statu quo, que quieren mantener una sociedad de los desiguales profundamente establecida como una sociedad de la injusticia, les interesa que haya una democracia vaciada, convertida en un pellejo vacío sin capacidad de mostrar que puede generar las condiciones de una vida mejor entre quienes integran ese espacio comunitario, ese ámbito territorial.

La violencia, el juego con esa lógica de la manipulación del atentado, el clima enrarecido, siempre han favorecido a los que quieren reproducir una sociedad en la que la mayoría de las personas sientan que nada se puede lograr, que el poder siempre será el poder, que nada es transformable; donde unos pocos que dominan todo y que hay que aceptarlo, que hay que resignarse a la reproducción infinita de la injusticia y la desigualdad. Esos que hablan del poder único, de la verdad revelada, de la única iglesia, digamos, creo que en el fondo lo que defienden es la perpetuidad de su propio ejercicio del poder, a ellos beneficia un clima enrarecido, la emergencia de zonas oscuras en la vida social.

 

4. ¿Qué sabe la Iglesia Evangélica de persecución?

Al recorrer la historia, encontramos efectivamente que las iglesias que emergieron de la reforma protestante, al discutir el status y el estatuto centralizador de la iglesia de Roma, sufrieron persecuciones. El mapa europeo del siglo XVII y, antes también, es uno cargado de persecuciones, cazas de brujas y estructuras inquisitoriales.

Allí donde dominó fervientemente la verdad única, las iglesias que ponían en cuestión la Institución que decía ser la portadora de esa verdad única, sufrieron enormes persecuciones. En la España del catolicismo de Carlos V y Felipe II, en verdad, no solo se perseguían a judaizantes, se perseguía a luteranos y a todos aquellos que estuviesen leyendo, por ejemplo, la Biblia de una manera diferente a como “la interpretaba el sacerdocio católico romano”.

Hay una historia de las persecuciones de distinto tipo. Una cosa fueron los tiempos de persecuciones muy terribles, muy oscuras, incluso hasta no hace mucho tiempo, durante la dictadura militar, los Testigos de Jehová que se negaban a jurar la bandera en una creencia propia, se los sometía a suplicios carcelarios; sus jóvenes sufrían las cárceles militares. Creo que hemos avanzado, que estamos en un momento mucho más rico, mucho más interesante de la aceptación de las diferencias religiosas, tanto para las iglesias evangélicas como para otros credos religiosos.

Estamos en una época mucho mejor que en los tiempos en los que una única fe se arrogaba el derecho a determinar quién podía o no ser reconocido. Es muy importante que una sociedad pueda legislar alrededor de la diversidad, de la pluralidad y hasta es un problema la legislación.

En verdad, diría que sería bueno, no legislar esto. Sería bueno que simplemente cada hombre, cada mujer, individual o colectivamente, pueda reunirse alrededor de creencias que no impliquen un daño a la vida, un daño al otro, un juego sadomasoquista o lo que fuere.

Mientras lo que se ponga en juego sean principios ligados a la interpretación del Dios único, de los Dioses, de la Naturaleza o lo que fuera, me parece que es válido que cada individuo pueda ejercer su derecho libre a creer en lo que quiera creer.

La legislación siempre es un problema, para eso hay un código de convivencia, hay un código penal que penaliza los actos de violencia sobre el cuerpo del otro, actos de sometimiento, todo lo penalizado como formas delincuenciales. Meterse en la creencia, meterse en el orden del discurso de la fe, meterse en lo que cada persona puede construir desde su propia espiritualidad es una acción muy problemática para el estado.

Hay un límite muy delicado donde una ley puede ser interpretada de tal modo que se convierta en una espada represiva para todos aquellos que no acepta la concepción dominante. Entonces creo que ahí hay que actuar con extrema conciencia de lo delicado que implica la discusión sobre la libertad de credos, la libertad de conciencia.

Debiera actuar lo mejor de la tradición ilustrada, para llamarlo de algún modo, “cada uno es portador de su propia conciencia libre para creer de acuerdo a lo que su conciencia le dicta”.

Pero bueno, estamos en un momento de disputas, de discusión, de debates. No es sencillo, sigue habiendo un peso muy fuerte de la Iglesia católica romana en nuestra sociedad que sigue viendo a la Argentina como si fuese un territorio propio y que intenta imponer las condiciones, que son válidas para quien cree que la normativa, la jurisprudencia y la teología católica romana los representa.

La democracia secular es una comunidad de ciudadanos que tienen que organizarse de acuerdo a una legislación que no le impida a cada uno decidir libremente sobre sí mismo y su propio cuerpo, siempre y cuando no atente contra el cuerpo del otro o contra la libertad del otro. Ese es un debate del que todavía nos falta mucho, debemos seguir avanzando en él porque toca temas muy delicados.

Hay un debate también importantísimo, sobre cómo se fija el momento de la muerte, cual es el rol del estado: cuándo una persona está muerta. También hay un debate inverso: cuándo una persona es persona. Todo eso es parte de una necesaria discusión, muy abierta, que deberá ser muy democrática para apuntalar el reconocimiento de la diversidad.

Tenemos debates de otro orden: ¿Por qué convertir en sectas a instituciones o iglesias que no son la Iglesia católica romana? ¿Por qué la Iglesia en Argentina es la Iglesia católica romana, por qué no es el metodismo o el pentecostalismo o el luteranismo? ¿Por qué no pueden tener ellas el mismo estatuto legal, o por ejemplo, los diversos judaísmos que hay en la Argentina o los islámicos? ¿Por qué hay un estatuto jurídico que protege particularmente y define específicamente a la Iglesia católica romana? Porque la mayor parte de la sociedad argentina es católica, eso no es un argumento e incluso habría que verlo en la complejidad del mapa de la religiosidad argentina, observando también a quienes no son religiosos, los ateos, los que no son ateos pero que no se sienten identificados con ningún credo en particular o con ninguna iglesia.

Hay que tratar de construir un orden jurídico -si es indispensable y no hay otro camino- que sea capaz de reconocer la existencia de esa pluralidad sin beneficiar a nadie en particular.

 

5. ¿Qué podemos esperar a futuro?

Soy optimista. Si hago un recorrido por los últimos cuarenta años de la historia argentina, creo que este es uno de los momentos más desafiantes, más ricos, más complejos, pero de mayor oportunidad.

Si lo comparo con lo que fue la noche de la dictadura, no hay parangón, pero, incluso, me parece que el único momento donde se sintió algo equivalente fue al comienzo de la transición democrática cuando termina la dictadura y había una enorme esperanza en lo que implicaba entrar en la democracia. Después hubo una enorme desilusión, ya conocemos historia… la década del ’90, la frivolidad, el cinismo, la fragmentación, el individualismo atroz.

Hoy la Argentina se está debatiendo, se está discutiendo a sí misma, no es sencillo, hay avances y también retrocesos. Creo que en estos años se ha logrado mucho más de lo que nos imaginamos. Si el 24 de mayo del 2003 se hubiera intentado proyectar una década, seguramente la mayoría de las cosas que sucedieron, en un sentido positivo en el país, no las hubiera podido enumerar. Entonces, en ese sentido, soy optimista.

Creo que se ha logrado hacer visible lo que permanecía invisible, hemos vuelto a discutirnos como sociedad, como país, hemos recuperado incluso la capacidad de discutir el futuro, porque también hemos podido saldar, con nuestras dificultades, pero de una manera ejemplar, el gran daño del pasado que estaba a nuestras espaldas y eso, creo, nos ha colocado en un lugar importante, interesante, proviniendo de esa desgarradura social salvaje.

No hemos terminado de salir pero creo que hemos hecho cosas como para habilitar un proceso de transformación de esa sociedad fragmentada a una sociedad que pueda imaginarse como más justa, distribuyendo mejor sus bienes materiales, sus bienes cultural-simbólicos.

La Argentina de hoy está en mejores condiciones que la Argentina de final del siglo pasado y que la Argentina del 2001 estallada y fragmentada.

En ese sentido soy optimista pero veo que efectivamente las cosas no son sencillas, que hay peligros alrededor nuestro, que el poder real está siempre allí, amenazante utiliza distintos recursos, por eso es fundamental la consolidación de la vida democrática, la consolidación de un espacio social político, compartido por lo que podríamos llamar las diversas formas de la creencia que pueda, mancomunadamente, defender el derecho a la diversidad y a la construcción de una sociedad más igualitaria.

Este es el gran desafío, pero se ha avanzado mucho en la Argentina, se han ampliado derechos como no imaginábamos que se pudieran ampliar. Digo derechos que están vinculados a las minorías, a cuestiones que hasta antes de ayer eran del orden del rechazo, de la violencia, del prejuicio, hemos avanzado mucho.

Se ha logrado ensanchar la estructura de los derechos en la Argentina, pero siempre está la amenaza de que se eliminen esos derechos. Hemos aprendido, a lo largo de nuestra historia, que es muy fácil destruir lo que se construye, entonces la obligación nuestra es defender del modo más amplio posible, creando los espacios de encuentros más significativos para fortalecer, justamente, esa ampliación de derechos y dentro de la ampliación de derechos está, justamente, generar equivalencias entre las distintas creencias.

 

 

RICARDO FORSTER
Doctor en filosofía
Profesor e investigador en historia de las ideas de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA
Distinguesh professor de la Universidad de Maryland (USA)
Profesor invitado de universidades de USA, México, Alemania, España, Israel, Brasil, Chile, Colombia
Últimos libros: Los hermeneutas de la noche (2009), Walter Benjamin. Una introducción (2009),
La anomalía argentina (2010), La muerte del héroe (2011), El litigio por la democracia (2011),
La anomalía kirchnerista (2013)

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que fiel a sus principios no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.
Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
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Categoria: DOSSIER de ACTUALIDAD, Edición 7 | El Credo, entrega 7

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