COMMUNIO SANTOCRUM

| 23 diciembre, 2013

Cuando oímos a alguien mencionar “la comunión de los santos” surgen, casi de forma automática, varias ideas como puede ser la intercesión de algunos hermanos reunidos en una iglesia local o más bien una reunión de grupos pequeños en una casa particular. Si bien esto no deja de ser comunión, lo cierto es que no deja de ser un concepto miope, en el que además se ignora el contexto en el que el Credo lo sitúa.

Por lo tanto, debemos primeramente tener en cuenta que la frase aparece inmediatamente después de “Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Universal”. Es decir que no se puede comprender qué es comunión si previamente no hemos definido qué es “Iglesia”. Lamentablemente, el concepto de Iglesia (sobretodo si hacemos hincapié en el carácter universal) es extremadamente versátil. No son pocos los que entienden “Iglesia” en el marco institucional. Dicho de otro modo, “iglesia” (en minúscula) es “mi iglesia local”, o la “denominación” en el mejor de los casos, cuando en realidad, “Iglesia” (en mayúscula), es la Iglesia del Señor Jesucristo. Ante esta vorágine de relacionar una cierta iglesia local con el nombre de un cierto líder religioso al decir: “La iglesia de fulano de tal”, el Señor dice claramente: “Y sobre esta roca edificaré MI iglesia” (Mateo 16:18, énfasis mío).

De manera que esta comunión va más allá de los límites físicos de una iglesia local pues intenta introducir una idea de diversidad en el cuerpo de Cristo; ello implica la comunión entre cristianos de índole tradicional con creyentes de corte netamente carismático, solo para citar un ejemplo.

Para alcanzar este propósito de comunión, es inevitable abordar el tema del reino de los cielos como la resolución al caso. Así como en los tiempos de Jesús no estaban ausentes los distintos grupos que interpretaban la fe de diferente manera, hoy tampoco se dificulta encontrar a aquellos que intentan buscar una identidad a partir de una diferencia institucional. Es decir, su interés no reside en defender la fe cristiana, sino en mantener a capa y espada su doctrina institucional. Aquí hay una intencionalidad separatista y no de unidad. Por esta misma causa, se necesita de manera urgente la creación de una nueva eclesiología en donde no se enfaticen las diferencias institucionales, sino las coincidencias más esenciales de la fe.

Es interesante cómo el Señor Jesús mismo planteaba el reino de los cielos (o reino de Dios) como su mensaje central, teniendo en cuenta que algunos de sus discípulos incluso eran Zelotes y es de sospechar que algunos tenían una tendencia más farisista y otros más saducista. En ese sentido, no está de más remarcar la oración de Jesús que pide por la unidad de los discípulos al decir: “Para que sean uno” (Juan 17:11).

Cuando la teología del reino recobre mayor importancia en nuestra labor pastoral, así como en los mensajes del Señor Jesús, mayormente expresados mediante las parábolas, habrá mayor respeto por las diferencias denominacionales, mayor grado de intencionalidad de dialogar con cristianos de otra tradición y mayor sentido de unidad en medio de tantas diversidades eclesiásticas.

Lejos está de mi intención abrazar ciegamente a instituciones que promulgan enseñanzas heréticas en pos de una unidad irracional. Pero deberíamos hacernos la siguiente pregunta: ¿Valdrá la pena derramar sangre con el objetivo de defender una doctrina que solamente se halla en la organización a la cual uno pertenece? En realidad, ¿no será que lo que intentábamos comunicar era que estábamos dispuestos a entregar nuestras vidas por la causa de Cristo y ha habido una confusión al elevar el concepto de organización como si fuera la Iglesia?

Cuando afirmamos que debemos defender la sana doctrina, ¿de veras se trata de la sana doctrina como la Trinidad o el nacimiento virginal de Jesús?, o se trata de la doctrina de una cierta institución religiosa que no necesariamente es compartida en otras tradiciones protestantes. Si creemos en el carácter universal de la Iglesia, entonces la comunión de los santos no puede escapar a esta realidad de unidad.

La enseñanza tradicional acerca de este tema se resume en que no puede haber comunión fuera de una relación personal con Dios. Así como las doce tribus de Israel se ubicaban de a tres en cada punto cardinal alrededor del tabernáculo de manera que no había comunión fuera de la presencia de Dios, no puede haber una genuina comunión de los santos sin un entendimiento previo acerca de la Iglesia cuando confesamos “Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Universal”.

 

Ariel Kim
Pastor de la Iglesia del Espíritu Santo
Conferencista Internacional de la Cuarta Dimensión
Licenciatura en Teología (Hansei University)
Maestría en Divinidades (Hansei University)
Maestría en Teología Práctica (Facultad de las Asambleas de Dios)
Doctorado en Ministerio en curso (Seminario Internacional Teológico Bautista)
Autor de varios libros, entre ellos, Liderazgo de la Cuarta Dimensión

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 7 | El Credo, entrega 8, Teología

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