OTRAS VERSIONES DEL CREDO

| 30 diciembre, 2013

En el final de esta edición, donde hemos basado gran parte de nuestros comentarios en el Credo Apostólico, transcribimos otros Credos, que en el transcurso de los siglos fueron parte de la doctrina de nuestra fe cristiana y con su aporte solidificaron la fe establecida sobre las pautas que emanan de La Biblia.

CREDO NICENO

Es una declaración dogmática de los contenidos de la fe cristiana promulgada en el Concilio de Nicea I (Año 325). El objeto del credo niceno fue consensuar una definición de los dogmas de la fe cristiana, impedida hasta entonces por la escasa institucionalización y las fuertes variantes regionales.

El Credo Niceno se expresa de la siguiente manera:

Creo en un solo Dios Padre Todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, y de todas las cosas visibles e invisibles.
Y en un solo Señor Jesucristo, Hijo Unigénito de Dios;
Engendrado del Padre antes de todos los siglos,
Dios de Dios, Luz de Luz, verdadero Dios de Dios verdadero,
Engendrado, no hecho, consubstancial con el Padre;
Por el cual todas las cosas fueron hechas,
El cual por amor a nosotros y por nuestra salvación descendió del cielo,
Y tomando nuestra carne de la virgen María, por el Espíritu Santo, fue hecho hombre,
Y fue crucificado por nosotros bajo el poder de Poncio Pilatos,
Padeció, y fue sepultado;
Y al tercer día resucitó según las Escrituras,
Subió a los cielos y está sentado a la diestra de Dios Padre.
Y vendrá otra vez con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos;
Y su reino no tendrá fin.
Y creo en el Espíritu Santo, Señor y Dador de vida, procedente del Padre y del Hijo,
El cual con el Padre y el Hijo juntamente es adorado y glorificado;
Que habló por los profetas.
Y creo en una santa Iglesia universal y apostólica.
Confieso un Bautismo para remisión de pecados,
Y espero la resurrección de los muertos.
Y la vida del Siglo venidero.
Amén.

CREDO DE ATANASIO

Atanasio de Alejandría (296 – 373) fue obispo de Alejandría (actual Egipto) durante 45 años, de los cuales 17 los pasó en el exilio. Es considerado el campeón de la defensa de la ortodoxia trinitaria frente a la teoría arriana en el Concilio de Nicea.

El Credo de Atanasio es una declaración de fe centrada en la doctrina Trinitaria, y expresa así:

Todo el que quiera salvarse, ante todo es menester que mantenga la fe católica; y el que no la guardare íntegra e inviolada, sin duda perecerá para siempre.

Ahora bien, la fe católica es que veneremos a un solo Dios en la Trinidad, y a la Trinidad en la unidad; sin confundir las personas ni separar las sustancias. Porque una es la persona del Padre, otra la del Hijo y otra (también) la del Espíritu Santo; pero el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo tienen una sola divinidad, gloria igual y coeterna majestad.

Cual el Padre, tal el Hijo, tal (también) el Espíritu Santo; increado el Padre, increado el Hijo, increado (también) el Espíritu Santo; inmenso el Padre, inmenso el Hijo, inmenso (también) el Espíritu Santo; eterno el Padre, eterno el Hijo, eterno (también) el Espíritu Santo.

Y, sin embargo, no son tres eternos, sino un solo eterno, como no son tres increados ni tres inmensos, sino un solo increado y un solo inmenso. Igualmente, omnipotente el Padre, omnipotente el Hijo, omnipotente (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo no son tres omnipotentes, sino un solo omnipotente.

Así Dios es el Padre, Dios es el Hijo, Dios es (también) el Espíritu Santo; y, sin embargo, no son tres señores, sino un solo Señor; porque así como por la cristiana verdad somos compelidos a confesar como Dios y Señor a cada persona en particular; así la religión católica nos prohíbe decir tres dioses y señores.

El Padre, por nadie fue hecho no creado ni engendrado. El Hijo fue solo por el Padre, no hecho ni creado, sino engendrado. El Espíritu Santo, del Padre y del Hijo, no fue hecho ni creado ni engendrado, sino que procede.

Hay, consiguientemente, un solo Padre, no tres padres; un solo Hijo, no tres Hijos; un solo Espíritu Santo, no tres espíritus santos; y en esta Trinidad, nada es antes ni después, nada mayor o menor, sino que las tres personas son entre sí coeternas y coiguales, de suerte que, como antes se ha dicho, en todo hay que venerar lo mismo la unidad en la Trinidad que la Trinidad en la unidad. El que quiera, pues, salvarse, así ha de sentir de la Trinidad.

Pero es necesario para la eterna salvación creer también fielmente en la encarnación de nuestro Señor Jesucristo. Es, pues, la fe recta que creemos y confesamos que nuestro Señor Jesucristo, Hijo de Dios, es Dios y hombre.

Es Dios engendrado de la sustancia del Padre antes de los siglos, y es hombre nacido de la madre en el siglo 1, perfecto Dios, perfecto hombre, subsistente de alma racional y de carne humana, igual al Padre según la divinidad, menor que el Padre según la humanidad.

Más aun cuando sea Dios y hombre, no son dos, sino un solo Cristo, y uno solo no por la conversión de la divinidad en la carne, sino por la asunción de la humanidad en Dios; uno absolutamente, no por confusión de la sustancia, sino por la unidad de la persona.

Porque a la manera que el alma racional y la carne es un solo hombre; así Dios y el hombre son un solo Cristo.

El cual padeció por nuestra salvación, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos, subió a los cielos, está sentado a la diestra de Dios Padre omnipotente, desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos, y a su venida todos los hombres han de resucitar con sus cuerpos y dar cuenta de sus propios actos, y los que obraron bien, irán a la vida eterna; los que mal, al fuego eterno.

Ésta es la fe católica y el que no la creyere fiel y firmemente, no podrá salvarse.

CREDO DE LUTERO

El gran reformador escribió su versión del Credo, base de fe y enseñanzas cristianas. En medio de los cambios que estaba llevando adelante y, dentro de la variada y vasta cantidad de escritos suyos, Martín Lutero expresó su base doctrinal de la siguiente manera:

Creo en Dios que me ha creado a mí y a todas las criaturas, que me ha dado y sostiene mi cuerpo con todos sus miembros y mi espíritu con todas sus facultades; que me provee abundante y diariamente el alimento, vestido y habitación y todo lo necesario para la vida. Que me ampara contra todo peligro y me protege y guarda de todo mal; y todo esto lo hace sin ningún mérito o dignidad de mi parte, por su pura bondad y su divina misericordia, esto es ciertamente la verdad.

Creo en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero Hombre, es mi Señor. Me ha redimido, a mi, perdido y condenado, liberándome del pecado, de la muerte y del poder del maligno, no con oro o con plata, sino por su sangre y sus sufrimientos y por su muerte inocente, para que le pertenezca para siempre y viva una vida nueva como El mismo, que resucitado de entre los muertos, vive y reina eternamente. Esto es ciertamente la verdad.

Creo que el Espíritu Santo me llama por el Evangelio, me ilumina con sus dones y me santifica, que me mantiene en la verdadera fe, en la Iglesia que El congrega de día en día. Es El también quien perdona plenamente mis pecados, así como a todos los creyentes. Es El quien en el postrer día me resucitará de entre los muertos y me dará, con todos los fieles en Cristo, la vida Eterna. Esto es ciertamente la verdad.

La Codirección

 

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 7 | El Credo, entrega 9, Teología

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