¿CRECIENDO EN PALABRA O SOLAMENTE EN NÚMERO?

| 10 febrero, 2014

El movimiento del iglecrecimiento que comenzó en los años ‘60 en Norteamérica y en los años ‘80 en América Latina, y que ha producido grandes iglesias alrededor del mundo, es responsable por una serie de cambios que han transformado la forma como la iglesia se percibe a si misma y como se presenta al mundo.

El iglecrecimiento ha producido iglesias multitudinarias que han atraído a personas de diferentes estratos sociales y económicos que se reúnen en amplios lugares semana tras semana para ofrecer culto a Dios. Sin embargo, el movimiento madre de las megaiglesias puede adolecer, en muchos casos, de formar creyentes fuertes en el conocimiento de las Escrituras y en la doctrina cristiana básica.

Este artículo tiene como objetivo considerar el iglecrecimiento desde la perspectiva teológica y doctrinal, sus efectos en el conocimiento de la Palabra en los creyentes y la forma de comunicar el evangelio de los miembros de la iglesia.

El iglecrecimiento ha sido definido técnicamente como la “ciencia que investiga la implantación, multiplicación, funcionamiento y salud de las iglesias cristianas, específicamente en lo que se relaciona con la implementación de la Gran Comisión de “hacer discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19)”.(1)

La realidad es que desde lo técnico, cualquiera de nosotros vería al iglecrecimiento como un movimiento dentro de la iglesia cuyo objetivo es ayudarla a realizar su misión en el mundo. Sin embargo, desde la práctica, el iglecrecimiento va más allá del estudio de las técnicas de “implantación, multiplicación, funcionamiento y salud” de la iglesia. Podemos afirmar que se convirtió en un estilo de vida de iglesia caracterizado por el pragmatismo y crecimiento numérico por encima de un énfasis sano en el crecimiento espiritual basado en la exposición de la Biblia, la vida de oración, una espiritualidad libre del misticismo y un evangelismo caracterizado por invitar a individuos al arrepentimiento y entrega total a Cristo como Señor.

Donald McGavran, padre del iglecrecimiento, se declaraba a sí mismo como pragmático a ultranza cuando afirmaba: “En cuanto a métodos, somos pragmáticos fieros; la doctrina es cuento aparte.”(2) El pragmatismo para traer personas al seno de la iglesia es una de las críticas que ha recibido el iglecrecimiento.

Desde lo teológico nos damos cuenta que, en la medida que el crecimiento numérico se convierte en el eje de la razón de ser de la iglesia, se descuidan los pilares de la doctrina que han hecho del cristianismo evangélico lo que ha sido hasta ahora: “el movimiento del Libro”.

Aunque entendemos que el iglecrecimiento nos ha forzado a replantearnos muchos de los métodos que se usaron en el pasado para evangelizar, debemos reconocer que en muchas ocasiones hemos hecho una sustitución de la invitación a seguir a Cristo en obediencia, por las técnicas de mercado que hacen del evento Cristo una oferta más en la vida.

Con el iglecrecimiento hemos visto entrar en la iglesia la cultura de entretenimiento, que permea la cultura en general. Podemos afirmar que esta cultura de entretenimiento afecta el conocimiento teológico y doctrinal que muchos creyentes poseen en la actualidad.

Dado que el énfasis se ha trasladado de la Palabra eterna de Dios a la expresión personal y sentimental del creyente, muchos de los nuevos creyentes no poseen la capacidad de articular una fe genuina basada en una profunda espiritualidad y un conocimiento correcto de las Escrituras. La cultura del entretenimiento, que ha acompañado el movimiento del iglecrecimiento, ha hecho del culto de adoración a Dios una experiencia centrada en el sentimiento del adorador y no en el “Espíritu y la verdad” (Juan 4:24).

Con el énfasis en el crecimiento y las técnicas de mercado para lograrlo, el pastor ya no es, en muchos casos, profeta que habla palabra de Dios al pueblo de Dios para “exhortación, consolación y edificación”, sino el ejecutivo que debe producir crecimiento a toda costa.

Es común que muchos de los ministerios que han surgido en el contexto del iglecrecimiento sean exitosos en desarrollar programas de autoayuda. El pastor, como motivador o terapeuta del púlpito, ha sustituido al pastor/teólogo de otros tiempos. Por consiguiente, los miembros de la iglesia no pueden articular los postulados fundamentales de la fe, tales como la salvación por gracia a través de la fe, la santificación, la sustitución, la Segunda Venida, etc.

La seria interpretación del texto de las Escrituras debe ser la prioridad del pastor-maestro. El iglecrecimiento pareciera favorecer la aplicación a la interpretación. Es importante que entendamos que la correcta aplicación del texto es el producto de una sana interpretación basada en un análisis serio del contexto bíblico.

El consejo de Pablo a Timoteo es que la Palabra de Dios es “útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea enteramente preparado para toda buena obra” (2 Timoteo 3:16, 17). Por lo tanto, debemos apreciar la exposición del texto de donde el Espíritu Santo traerá la aplicación que necesitamos para vivir en este mundo y para la eternidad.

El iglecrecimiento ha hecho mucho por estimular a la iglesia a buscar estrategias de darse a conocer en el mundo. Sin embargo, ha hecho mucho por crear una iglesia en donde el conocimiento bíblico fundamental ha ido siendo relegado a un segundo plano. Por experiencia personal, podemos afirmar que muchos creyentes que son producto de la cultura evangélica surgida del iglecrecimiento, no poseen el conocimiento bíblico para hacer una defensa de la fe cristiana en el contexto de la posmodernidad.

El favorecer el crecimiento numérico, sobre la exposición seria de las Escrituras, ha creado las condiciones para un evangelicalismo que no puede ser la conciencia profética de las naciones, y que no puede hacer la diferencia en medio de la corrupción, la inseguridad, la violencia de género y la desintegración del modelo bíblico de la familia.

El verdadero crecimiento en la iglesia ocurre cuando se asume un compromiso con la predicación de todo el consejo de Dios tal y como lo encontramos en la Biblia. La iglesia crecerá cuando nos humillemos en arrepentimiento delante del Señor en oración, y clamemos por un mover del Espíritu de Dios que no requiera de técnicas, sino que Dios nos usará para dar a conocer a “Cristo y a este crucificado” al mundo que se muere en sus delitos y pecados, y necesita salvación y vida eterna.

(1) Carlos Miranda citado por Juan Wagenveld, Iglecrecimiento Integral, Manual de Iglecrecimiento, Lección 1, 3 de septiembre de 2011, Oaxaca, México.
(2) Citado por John MacArthur, Avergonzados del Evangelio, pág. 81.

 

Ernesto Alers Martir
Nació en Puerto Rico.
Cursó estudios teológicos en el Seminario Adventista Latinoamericano de Teología/Instituto Adventista del Plata (actualmente Universidad Adventista del Plata en Entre Ríos,
Licenciatura en Teología Gordon-Conwell Theological Seminary, USA
Masters of Arts en Historia Eclesiástica: Facultad de Estudios Religiosos de la Universidad McGill, Canada
Se ha especializado en el estudio del protestantismo guatemalteco en el periodo comprendido entre 1882 a 1940.
Fue pastor en Nueva York, Montreal y actualmente en San Justo, Buenos Aires con la Alianza Cristiana y Misionera Argentina.
Ha ejercido la docencia teológica en varias instituciones en Estados Unidos (Instituto Bíblico Laico Ministerial, Nueva York), Canadá (Seminario Teológico Hispano Canadiense, Montreal; McGill University, Montreal) y Argentina (Instituto Bíblico Buenos Aires).

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.
Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
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Categoria: BIBLIA, Edición 8 | Iglecrecimiento, entrega 6, Teología

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