IGLECRECIMIENTO PARTE I: LOS EXCLUSIVOS

| 17 febrero, 2014

Recuerdo las jugosas charlas que tenía con mi hermano de sangre, Eduardo, sobre la sociedad y la iglesia; él como sociólogo y yo como pastor y psicólogo.
Yo le solía decir que si bien la iglesia y los cristianos estamos en el mundo, no somos del mundo y él me explicaba como las culturas y corrientes de pensamiento de la época influenciaban las instituciones y las distintas áreas de la sociedad. Me decía que aunque la iglesia no es del mundo, está en el mundo y tiende el mundo a entrar en la iglesia.

“No todo lo que brilla es oro y no todo lo que tiembla es del Espíritu Santo”. Como dice el biólogo Antonio Cruz en su libro POSTMODERNIDAD: “El gran mandamiento divino de llevar el evangelio a todo el mundo requiere del diálogo entre la fe cristiana y la cultural de cada época. Para poder comunicar hoy adecuadamente el mensaje de Jesucristo es necesario comprender las evoluciones periódicas que experimenta nuestra sociedad y reflexionar sobre las últimas manifestaciones. Hay que saber cómo piensan las personas a las cuales se le anuncian las buenas nuevas del evangelio.”
Hemos pasado de la MODERNIDAD a la POSTMODERNIDAD y con ello, de lo absoluto a lo relativo, de lo objetivo a lo subjetivo, de la razón al sentimiento, de la ética a la estética, del pasado y futuro histórico a un presente constante, de la unidad a la diversidad, de lo colectivo a lo individual, del idealismo al realismo, del esfuerzo al placer, del prometeismo al narcisismo, de lo fundamental a lo superficial, de lo necesario a lo accesorio, de la seriedad científica al hedonismo, del placer de la lucha al exitismo, de los valores internos al mundo de la imagen, etc., etc., etc.

En esta sociedad actual, que tiene como premisa la búsqueda del bien personal por encima de todo, debemos examinar exhaustivamente si no estamos evaluando el crecimiento dentro de la iglesia con los mismos parámetros de crecimiento con los que se maneja la sociedad actual. Como dice el Apóstol Juan en su primera carta capítulo 4:1: “Amados, no crean a todo espíritu sino prueben a los espíritus para ver si son de Dios porque muchos falsos profetas han salido por el mundo”.
De modo que podríamos preguntarnos en este tiempo, donde lo económico maneja las relaciones personales y el dinero determina el valor de una persona, ¿por qué se han multiplicado tanto y en forma tan excesiva los escritos y mensajes sobre el dinero y la prosperidad? Hoy tenemos lugares cristianos donde casi única y exclusivamente se predica sobre el dinero y la prosperidad.
Si bien Dios es Dios de prosperidad, el énfasis desmedido sobre el dinero en estos mensajes nos descentra del evangelio de la cruz y nos permite entrever intereses secundarios y personales característicos de la época en la cual estamos viviendo.
De la mano de estas corrientes materialistas, vienen asociadas en este tiempo de la especulación financiera y de la industria blanca, los conceptos de liderazgo y exitismo. El liderazgo ocupa la mayor parte de la bibliografía de la época no sólo en lo secular sino también dentro de la iglesia.

Reconozco como dice Rick Joyners: “Nada sucede en el mundo sin que un líder lo promueva”, pero me preocupa sobremanera los conceptos sobre liderazgo que se están manejando actualmente dentro de la iglesia, que tienen que ver más con el espíritu de la época que con la doctrina del Señor.
Hoy el concepto de liderazgo es diametralmente opuesto al que plantea la Biblia. El liderazgo bíblico es fundamentalmente servicio y no gobierno. Jesús dijo en Mateo 20:25: “Los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Más entre vosotros no será así, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será su servidor y el que quiera ser el primero entre vosotros será vuestro siervo; como el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate de muchos”.
O sea que está bien claro que el ministerio y liderazgo cristiano es servicio y no gobierno. Esto le pasó a la iglesia romana: dejó de servir y se dedicó a gobernar y controlar, y perdió el ministerio del Señor Jesucristo. Apocalipsis 3:1b dice: “Tienes nombre de que vives, y estás muerto”.
El Señor Jesucristo preguntó un día (Lucas 22:27) “¿Cuál es mayor, el que se sienta a la mesa o el que se sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve”.
No es el tiempo de gobierno de la iglesia sino el tiempo del servicio. ¡A trabajar!

Hace un tiempo atrás cuando arrancó el auge desmedido del apostolado, donde ya ser pastor no significaba nada y donde aún las personas que rodeaban al apóstol dejaban de tener hasta sus propios nombres y pasaban a ser la “esposa del apóstol”, el “hijo del apóstol”, etc., me dispuse a buscar en secreto al Espíritu Santo para que me enseñara con respecto a esta corriente excesiva que estaba inundando a las iglesias. Después de un tiempo de oración el Señor me dijo: “Se debaten el gobierno de mi pueblo y no el servicio”.
Al encontrar, en estos mensajes apostólicos, sobreenfatizados demasiados argumentos con versículos del Antiguo Testamento y, sobre todo, con temas sobre la paternidad espiritual, le pregunté al Señor: “¿Cuál era la gloria que había en el antiguo pacto? y El me dijo: LA EXCLUSIVIDAD (había un solo Moisés, un solo Abraham, un solo Elías).

¡Qué vulnerables somos los seres humanos al reconocimiento y a la vanagloria personal!, aunque el mismo Señor Jesucristo nos haya dicho que El que por sí mismo habla, su propia gloria busca y que aquel que exhiba su justicia ante los ojos del hombre, ya tiene su recompensa.
Esta vieja semilla de la egolatría es la que atenta contra el crecimiento legítimo de la iglesia como cuerpo del Señor Jesucristo y fomenta el reconocimiento de unos pocos y la pasividad de muchos. Sobre todo en esta época narcisista y edonista pululan estos ministerios que buscan exhibirse y ser reconocidos; de la misma manera tenemos una gran parte del pueblo cristiano pasivo que consume este tipo de ministerios espectaculares.

Esperamos el tiempo de la manifestación de todos los santos para alcanzar el mundo para Cristo. El pastor Caio Fabio, en su libro “La crisis del ser y del tener”, habló, varios años atrás, sobre un gran crecimiento numérico dentro de la iglesia, pero de una pérdida de la calidad cristiana en la capacidad de influir a la sociedad y contagiarla con los valores que propone el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo.
Creo que hoy, más que nunca, el gran desafío para la iglesia no es simplemente la acumulación multitudinaria de personas alrededor de ministerios carismáticos destacados, sino también la formación de verdaderos discípulos del Señor que trasformen el mundo.
Los ministerios de apóstol, profeta, evangelista, pastor y maestro no son para ser exhibidos sino para que edifiquen a los santos, para que todos llevemos adelante la obra del ministerio y cumplamos así con la Gran Comisión que el Señor nos dejó.

Estamos ante la cosecha más grandiosa de todos los tiempos, la cual la llevarnos a cabo todos y cada uno de los cristianos que tengamos a Jesucristo como el Señor de nuestras vidas. Cada uno en su lugar y todos a trabajar.
Cantares 6:10: “¿Quién es esta que se muestra como el alba, hermosa como la luna. Esclarecida como el sol, imponente como ejércitos en orden?”.

 

Ricardo Dening
Licenciado en Psicología Clínica
Pastor principal del Centro Cristiano Rey de Gloria
Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular

 

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 8 | Iglecrecimiento, entrega 7, Teología

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