CRECER EN EL SERVICIO: LA ACCIÓN SOCIAL DE LA IGLESIA

| 24 febrero, 2014

Acción social”, “obras de caridad”, “de misericordia”, “diakonía”, “limosnas”, “menesteroso”, diferentes palabras y conceptos de este y otros tiempos. Lo ciertamente triste es que “pobreza”, “exclusión” y “marginalidad” son actuales… la pregunta es: ¿es una cuestiòn de palabras o tiene algo que ver con nosotros?

Somos seguidores de Jesucristo; porque El que anduvo haciendo bienes y anunciando el Reino de Dios nos llamó y nos puso en marcha…

No hace mucho tiempo que llamamos “acción social” a lo que en otros tiempos llamábamos “obras de caridad”, o “de misericordia”. “Diakonía” suena también a algo que tiene que ver con la iglesia, pero pocos pueden decir de qué se trata. Incluso “limosnas” va pasando de moda y “menesteroso” es incomprensible para nuestros hijos. Lo ciertamente triste es que “pobreza” es actual, “exclusión” es nueva pero se entiende y “marginalidad” sabemos que es el resultado de las otras dos.

¿Cuestión de palabras o tiene algo que ver con nosotros?

Somos seguidores de Jesucristo; porque El que anduvo haciendo bienes y anunciando el Reino de Dios nos llamó y nos puso en marcha. Es cierto que como cristianos tenemos una historia larga y compleja, que cuenta que -a causa de nuestro corazón rebelde- muchas veces y por muchos medios hemos buscado ocuparnos de otras cosas, pero su llamamiento a seguirlo se impone. Hacer bienes y anunciar el Reino de Dios es nuestra identidad.

Nos ocurre lo mismo que a todos: buscamos amor, pedimos atención, disfrutamos que nos tengan en cuenta y necesitamos que otros nos cuiden y nos mimen. Pero, a la vez, trabajamos empeñosamente en construir un tipo de mundo individual, seguro y protegido, y nos sofoca la idea de tener que ocuparnos de los otros.

Como nos vemos fatigados en esa lucha sin sentido, Jesús sigue predicando el evangelio y llamándonos a abandonar nuestros mundos solitarios para unirnos como parte del Reino de Dios. Camina entre nosotros y de nosotros se compadece. Él no sabe pasar de largo, ni dar rodeos para no encontrarse con los ojos del que lo necesita. A todos los que caminamos con Él nos enseña eso: el prójimo existe, y lo creó Dios para mí, para librarme de la soledad, para hacerme crecer.

Muy celestiales o muy terrenales, los motivos por los que nos acercamos al otro deben ser sanos, es decir, para hacerle bien. Procurar su bien es el latido del corazón que hace circular entre nosotros acciones dignas de la mano de Cristo.

Hay quienes, preocupados, aseveran: la iglesia no debe hacer asistencialismo. Otros, ocupados en el servicio afirman: la iglesia no puede hacer asistencialismo. ¿Por qué no? Pues porque no le sale. Asistencialismo hace el estado, o la institución que provee algún medio para la subsistencia.

La iglesia no puede hacer eso. La iglesia es una usina de esperanza, de consuelo, de fe, de instrucción, y desarrolla su papel ligada a cualquier circunstancia humana.

Los asistencialistas están cuando hay qué repartir, pero cuando no hay nada terminó el asistencialismo. Cuando pasaron los asistencialistas, la iglesia queda. Si tiene algo que proveer, un alimento, ropa, o cualquier otro bien, está y comparte. Y cuando no queda nada, la iglesia está y comparte. Nunca se agotan los consuelos ni la esperanza de Cristo y los suyos tienen esa buena noticia que anunciar.

Todas las obras de caridad, de misericordia u obras sociales, son sólo gestos de bien de un grupo de seguidores de Jesús que combaten la soledad y no pueden pasar de largo frente al dolor.

 

Julio Cesar López
Pastor en Belgrano
Iglesia Presbiteriana San Andrés

 

 

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Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
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Categoria: Edición 8 | Iglecrecimiento, entrega 8, MINISTERIOS, Servicios

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