“PORQUE ESTAMOS EN LA CALLE DE LA SENSACIÓN…” (1)

| 3 marzo, 2014

La sociedad globalizada propone una cultura dominante, donde lo sensorial prima por sobre el ser y la solidaridad. Analizar la reacciones de los diferentes grupos evangélicos ante este desafío, nos ayudará en la búsqueda y consolidación de nuestra identidad como la comunidad de los seguidores de Jesús.

Vivimos en una época donde muchas cosas pasan por lo que “se siente”. Hay cientos de ofertas por Internet, en las publicidades gráficas y televisivas, que apuntan a que “nos sintamos bien”, sin definir demasiado qué significa “sentirse bien”. Menciono algunas, a modo de ejemplo apenas: depilación definitiva, ondas rusas, blanqueamiento dental, masajes, spa, tratamiento reductor, ultracavitación, drenaje linfático, cirugías…

Por otro lado, en la esfera de las cuestiones políticas, algunos hablan de la “sensación” de inseguridad, de la “sensación” de inflación; y otros nos dicen que “sienten” que tal o cual persona es un corrupto, que es un mal funcionario, que es un mentiroso, que está loco, etc. No son necesarias las pruebas, no se espera que los datos concretos de la realidad verifiquen las “sensaciones”. Ni de un lado ni del otro. Si yo “siento”, es válido y mi autovalidación convierte la “sensación” en verdad indiscutible.

También desde ciertos espacios eclesiales, se proponen alternativas celebrativas que transitan exclusivamente el sendero de las “sensaciones”. Hay que dejar que la gente “sienta” la fe. Y toda la estructura celebrativa, desde el mismísimo espacio físico, pasando por la iluminación, la música, la creación de climas; el mensaje apunta a privilegiar el “sentir”. Y estas son las iglesias que crecen. O, al menos, las que ante cada convocatoria logran convencer a un número considerable de personas para que asistan y se hagan parte de su propuesta.

Pero, volviendo a la letra de la canción que da título a estas humildes reflexiones, de tanto andar en la “calle de la sensación”, estamos “muy lejos del sol, que quema de amor”. Es decir, en mi lectura de la letra, muy lejos de Aquel que es luz, que es calidez, que puede plenificar con su presencia cada espacio y cada vida.

En estas iglesias que ponen como su meta principal el crecimiento a partir de la generación constante de nuevas “sensaciones”, detrás de las cuales, muchas veces, se esconde un enorme negocio que está en las antípodas de la propuesta evangélica, siempre hay que estar inventando cosas nuevas para mantener viva la capacidad de asombro de las personas asistentes.

En una ponencia que oí ya hace muchos años, el expositor hacía este recorrido en el ámbito Pentecostal:

  • “Campaña de Tommy Hicks: Sanidades + multitudes (1954)
  • Iglesia Visión de Futuro: Sanidades + multitudes + prosperidad
  • Movimiento de Santidad: Sanidades + multitudes + prosperidad + caídas + volumen
  • Neopentecostales 1: Sanidades + multitudes + prosperidad + caídas + volumen + risas
  • Neopentecostales 2: Sanidades + multitudes + prosperidad + caídas + volumen + risas + guerra espiritual + estructura celular.” (2)

Y el camino no ha concluido allí. Desde allí y hasta hoy, las iglesias pospentecostales, como prefiero llamarlas, necesitan sostenerse en esa búsqueda constante de atracciones que no defrauden a quienes vienen a “sentir”. Tomando de nuevo la letra de la canción:

“Te doy pan, quieres sal,
nena nunca te voy a dar 
lo que me pides.
Te doy Dios, quieres más…”

Siempre existirá una demanda por más y las iglesias que deseen crecer o sostener su caudal de asistencia en función de esta oferta, deberán redoblar esfuerzos por mantener viva la capacidad de “sentir” de sus seguidores y seguidoras.

Ahora bien… ¿Es ese el camino que creemos que debemos transitar como iglesias evangélicas al proponernos el tema del Iglecrecimiento? ¿O nos agotaremos en la mera crítica a quienes hacen de “la calle de la sensación” su propuesta de evangelio?

Sigo preguntando: ¿debe preocuparnos el tema del crecimiento de la iglesia? ¿No debería preocuparnos más bien el anuncio de las “buenas noticias”, el Eu-angelion? Personalmente, a esta altura de mi ministerio, no me importa, me resulta intrascendente el tema del crecimiento numérico de la iglesia. Pero me preocupa cada vez más la capacidad de la iglesia de ser fiel a la hora de compartir el mensaje liberador de Jesucristo. ¿En tu comunidad de fe, en mi comunidad de fe, se comparten buenas noticias que liberen, que animen, que restauren, que incluyan, que sanen, que dignifiquen, que denuncien, que señalen horizontes esperanzadores, en especial para las personas más humildes, más lastimadas, más estigmatizadas de nuestros entramados sociales?

Porque ese es el crecimiento que debemos procurar y no otro, para estar cerca del “sol que quema de amor”, cerca del mensaje salvífico para toda la creación.

Hoy las iglesias deberíamos plantearnos ser cada vez espacios más abiertos, más solidarios y más hospitalarios. (3)

La apertura debe ser una característica de nuestra misión. La lectura de la Palabra debe ser franca y abierta y nuestro acercamiento a las personas debe ser igual, buscando comprender su realidad y respondiendo en consecuencia.

La hospitalidad debe estar presente en nuestra forma de celebrar y participar. Nuestras actividades no deben ser solamente para nosotros o para los iguales, sino para todos y todas. La hospitalidad se demuestra en la forma de ambientar un espacio de celebración, en la forma de organizar las actividades, en la consideración de quienes se acercan por primera vez, en la escucha atenta, en la palabra que acompaña (y no en la que condena o pre-juzga).

La solidaridad debe permear todo lo que pensemos hacia dentro y hacia fuera. La solidaridad es la contracara al modelo de exclusión y miseria que nos está imponiendo el sistema capitalista neoliberal globalizado. La alternativa al sistema pasa por las diferentes formas de solidaridad que se puedan ir construyendo local y globalmente.

El pastor Tito Osvaldo Robert, en un artículo titulado Los sentimientos, la reflexión y la acción, decía que le gustaba medir la vida de su iglesia por lo que pasaba de lunes a sábado, ya que allí se manifestaba cuán intensa es la vida cúltica de la iglesia: por lo que sus miembros son incentivados a hacer cada día.(4) Lo escribe alguien que anda en el tema del iglecrecimiento y que organiza cursos sobre ese asunto. Y yo coincido con él en este aspecto. Es por aquí, me parece, por donde debemos repensar el tema de la coherencia de la iglesia de Jesús. Porque es esa coherencia entre la vivencia y la práctica de la fe lo que puede hacer relevante a la iglesia de cara a la sociedad, en cada época y en cada contexto particular.

No debemos buscar una iglesia llena de “sensaciones” que nos alejen “del sol que quema de amor”. Más bien, a partir de ese amor que todo lo permea, la iglesia de Jesucristo debe abordar con ternura, con compromiso, desde la solidaridad, los temas que exigen hoy una voz serena pero profunda, profética y esperanzadora, que se transformen en noticia buena, en evangelio, sobre todo para quienes han sido puestos en las orillas de la vida.

Quisiera concluir con las palabras de un teólogo alemán, luterano. Este hombre, estando en la cárcel, preso de los nazis, le escribió una carta a un sobrino, que iba a ser bautizado, para que algún día la pudiera leer. Casi al final de esa carta, él escribe: “Nuestra iglesia, que durante estos años sólo ha luchado por su propia subsistencia, como si ésta fuera una finalidad absoluta, es incapaz de erigirse ahora en portadora de la Palabra que ha de reconciliar y redimir a los hombres y al mundo. Por esta razón, las palabras antiguas han de marchitarse y enmudecer…” (5)

Es tiempo de buscar nuevas palabras, tal vez nuevas formas y hasta quizá nuevas estructuras, para compartir integralmente el mensaje de Jesús.

(1)    Tomada de la canción Seminare, de Charly García.
(2)    Cf. La contribución pentecostal a la misión de la iglesia en el Río de la Plata”, en Protestantismo, Misión y Evangelización en el Río de la Plata, Documento final de la Consulta de Misión del CLAI Río de la Plata – 2000, p 57.
(3)    Para más sobre este tema de construcción de comunidad, cf J. Hendriks. Kerk als herberg, Kok, Kampen, Holanda.
(4)    http://webselah.com/los-sentimientos-la-reflexion-y-la-accion.
(5)    Dietrich Bonhoeffer, Resistencia y sumisión, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1983, p. 210.

 

 


Gerardo Oberman
Pastor de las Iglesias Reformadas en Argentina

 

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Categoria: Edición 8 | Iglecrecimiento, Editorial, entrega 9, Reflexiones

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