IGLECRECIMIENTO PARTE II: EL PLACER DE SER CUERPO

| 10 marzo, 2014

En medio de una sociedad que se conduce por el principio de placer y que busca constantemente el bienestar como meta máxima, existe el riesgo entre nosotros, los cristianos, que nos busquemos predicadores que nos digan lo que nosotros deseamos oír (una especie de evangelio “a la carta”). Y existe el riesgo también de que nosotros los predicadores digamos lo que la gente desea oír.

2 Tim 4: 1-8 (según Dios habla hoy): “Delante de Dios y de Cristo Jesús, que vendrá como Rey a juzgar a los vivos y a los muertos, te encargo que prediques el mensaje, y que insistas cuando sea oportuno y aún cuando no lo sea.

Convence, reprende y anima, enseñando con toda paciencia. Porque va a llegar el tiempo en que la gente no soportara la sana enseñanza, más bien, según sus propios caprichos. Se buscarán un montón de maestros que sólo les enseñen lo que ellos quieran oír, darán la espalda a la verdad y harán caso a toda clase de cuentos.

Pero tu conserva siempre el buen juicio, soporta los sufrimientos, dedícate a predicar el mensaje de salvación, cumple bien con tu trabajo. Yo ya estoy para ser ofrecido en sacrificio, ya se acerca la hora de mi muerte.

He peleado la buena batalla, he llegado al término de la carrera, me he mantenido fiel. Ahora me espera la corona merecida que El Señor, el Juez justo, me dará en aquel día. Y no me la dará solamente a mí, sino también a todos los que CON AMOR esperan que el vuelva”.

En medio de una sociedad que se conduce por el principio de placer y que busca constantemente el bienestar como meta máxima, existe el riesgo entre nosotros, los cristianos, que nos busquemos predicadores que nos digan lo que nosotros deseamos oír (una especie de evangelio “a la carta”). Y existe el riesgo también de que nosotros los predicadores digamos lo que la gente desea oír.

Movidos por corrientes exitistas y deseos de crecimiento ministerial, podemos caer en el error de apartar el oído de la sana doctrina y volcarlo a ciertas enseñanzas que, más que estar inspiradas por el Espíritu Santo y basadas en la escritura bíblica, están sustentadas por los afanes y deseos que propone esta sociedad actual.

Haciendo una observación objetiva y generalizada podemos apreciar que muchas de las congregaciones que trabajan con visiones de gobierno, mensajes positivos para logros exitosos, teologías de prosperidad y corrientes de liderazgos o ministerios espectaculares, han aumentado considerablemente el número de sus concurrentes.

Por ejemplo para una sociedad tan narcisista como la actual, que sólo piensa en SENTIRSE BIEN, utilizar como slogan PARE DE SUFRIR es una idea marquetinera sumamente inteligente que seguramente atraerá a muchas personas a sus reuniones.

¿Quién no quiere sentirse bien? ¿Quién no quiere dejar de sufrir? El problema está en cómo y hasta dónde se sostiene esta consigna y como se ve a la luz de la Palabra de Dios.

Como leíamos en el texto inicial, el apóstol Pablo le pide a Timoteo que soporte SUFRIMIENTOS. Pablo no sería un buen predicador para este tipo de enseñanzas, pero sin embargo él sabía muy bien de lo estaba hablando: Hch 9:15-16 “Ve porque he escogido a ese hombre para que hablé de mí a la gente de otras naciones y a sus reyes, y también a los israelitas. Yo le mostraré lo mucho que tiene que SUFRIR por mi causa”.

El mismo Señor también había llamado a Pablo a un ministerio con mucho sufrimiento.

O sea que Pablo, para dejar de sufrir, debería renunciar al llamado y a su ministerio apostólico.

Entiéndame, no soy un masoquista que promueve el sufrimiento como virtud máxima del Evangelio, pero me preocupa cuando por el afán de ganar adeptos adornamos la Escritura con palabras persuasivas que descentran la verdad.

Jesús dijo: “en el mundo tendréis aflicción…”. No le tenga miedo al sufrimiento. El problema no es sufrir. El problema es sufrir por lo que no vale la pena, pero hay muchas cosas por las que vale la pena sufrir: por ejemplo la salvación de las almas (Gal. 4:19 “hijitos míos por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes”) y no será sin recompensa 2 Tim 2:12 “Si sufrimos también reinaremos con Él”.

En muchos momentos de la vida me ha tocado sufrir, pero el Señor siempre ha estado conmigo y no sólo fortaleciéndome sino también enseñándome y haciéndome crecer. Sal. 4:1 “en el día de mi angustia tu me hiciste ensanchar”.

En Jesús se redime todo sufrimiento. El mismo apóstol Pablo, quien tuvo una experiencia espiritual inefable que no le fue dado contar, nos dice: muchachos no se preocupen tanto por las aflicciones del tiempo presente que la gloria que nos espera en la vida venidera es tan grande que no hay ni punto de comparación. O sea que cuando estés frente al Señor y lo mires a los ojos y contemples su gloria seguramente le vas a decir: Todo, absolutamente todo, valió la pena.

Pablo nos dice en su carta a los Corintios que mejor que todos los dones y el camino más excelente, es el amor y agrega: “el amor es sufrido… el amor todo lo sufre”.

Si para dejar de sufrir tenemos que dejar de amar, no es buen negocio. La Palabra de Dios nos advierte que al final de los tiempos el amor se enfriará, pero no debe ser así sobre el pueblo de Dios, porque aunque oscuridad y tinieblas cubran la faz de la tierra sobre nosotros amanecerá el Señor y sobre nosotros será vista su gloria.

Amar es el éxito verdadero de todo cristiano además de ser la evidencia ante el mundo que somos discípulos de Jesús.

Si el excesivo amor al dinero de esta sociedad es la raíz de todos los males, ¿podrá ser que el amor a Dios y al prójimo sea la medicina y la raíz de todos los bienes?

Este maravilloso don del amor nos libra de estas corrientes narcisistas, egocéntricas, que promueven el exclusivismo y el deseo de ser más que otros y nos sumergen en la maravillosa experiencia de ser cuerpo de Cristo y miembros de la familia de Dios. Sal. 133:1 “Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía…” vs 3 “Porque allí envía el Señor bendición y vida eterna”.

Allí, en medio de la unidad de cuerpo es donde El Señor envía bendición y vida eterna.

Así que, si renunciamos a la egolatría y nos ponemos al servicio del Señor en nuestro prójimo, podemos estar seguros que toda bendición que recibamos será verdaderamente de la mano del Señor que es la que enriquece y no trae aflicción con ella.

Todo crecimiento de la iglesia debe darse conforme al diseño de Dios, en este modelo de unidad del cual habla Pablo en el capítulo 2 vs 19 de Colosenses “todos bien coyuntados y unidos a Cristo que es la cabeza y nos alinea con el dándonos el crecimiento conforme a la voluntad de Dios”.

Dios quiere que toda iglesia crezca y se multiplique, pero no siempre todo lo que se multiplica es por la mano de Dios. DIOS MULTIPLICA LO BUENO.

Podemos ver en las Escrituras que, nunca la multiplicación aparece separada del crecimiento, sino junto con el desarrollo de las potencialidades.

– Gen. 2:28 “Y los bendijo Dios y les dijo: Fructificad y multiplicaos…”
– Lev. 26:9 “Porque yo me volveré a ustedes, y los haré crecer y los multiplicaré…”
– Hch. 6:7 “y crecía la palabra del Señor y el número de discípulos se multiplicaba grandemente”.
– Hch. 12:24 “La palabra de Dios crecía y se multiplicaba…”

Siempre será mejor, para la extensión del Reino de Dios y para el cumplimiento de la gran comisión, toda una iglesia activa donde todos los santos prediquen el Evangelio, que una numerosa congregación que se reúne pasivamente alrededor de un líder carismático por más señales y milagros que lo acompañen. Lucas 10:18: “yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo”.

Satanás cae del cielo cuando cae del trono que tiene en el corazón de los hombres, y es destronado por el poder del Evangelio. Fue letal para Satanás que los discípulos descubrieran que el mismo poder que estaba en su maestro ahora también estaba en ellos (“así como el padre me envió, así los envío a ustedes…”) y llenos de entusiasmo y sorpresa dijeron: “hasta los demonios se nos sujetan…”. Y El Señor gozoso en el espíritu dijo: “yo te alabo oh Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y entendidos, y las has revelado a los niños”.

Es una bendición cuando en un evento evangelístico mucha gente se salva y sana por el poder de Dios a través del predicador del evento. Pero mayor bendición sería si el predicador invitara al altar a todos los que quisieran ser usados por Dios de la manera que El Señor lo hace con Él y luego, después de una oración poderosa, los enviara de dos en dos a predicar por las casas de esa ciudad.

¿Qué cree que pasaría? Volverían sorprendidos de que El Señor los haya usado y los haya respaldado, y esto sería una complicación grande para Satanás porque los santos pasarían de necesitados pasivos a proveedores activos y descubrirían por experiencia propia que lo que dice La Biblia es verdad y que las señales siguen a TODOS LOS QUE CREEN. Y también así el predicador cumpliría con su ministerio, que es la edificación de los santos para la obra del ministerio (el ministerio de la predicación del evangelio es para todos los santos).

De esta manera dejaríamos de poner nuestros ojos en unos pocos ministerios carismáticos y tal vez se despertaría el gigante dormido de la visión del evangelista Tommy Hicks y en el nombre del Señor, de las multitudes se levantaría el ministerio de todos los santos y saldrían a barrer la tierra por el poder del Espíritu y llenar el mundo del Evangelio. Este poder puede ser suyo, dijo Tommy Hicks, si puede creer, porque es para todo el que cree.

Estamos en los albores de la manifestación más poderosa del Espíritu Santo de todos los tiempos, la Gloria de Dios llenará literalmente la tierra y vendrá la cosecha más grande y gloriosa como no se ha visto jamás, y estamos convocados todos los creyentes que tenemos a Jesús como verdadero Señor de nuestras vidas.

Convocamos a todos los que han entendido y tienen el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús y sin afán de exclusividad, sin afán de reconocimiento personal, sin afán de que su imagen ocupe las marquesinas de la publicidad o las puertas de los templos. A los que, antes que primeros se hacen últimos, a los que prefieren servir a ser servidos, a los que saben menguar para que la gloria del Señor crezca, los que vienen a servir y no a gobernar, porque créame en este último y gran avivamiento, no habrá lugar para glorias humanas, será cómo y más que en Azuza donde el Espíritu Santo no permitió que nadie toque la Gloria del Señor.

Sal. 72:19: “BENDITO SU NOMBRE GLORIOSO PARA SIEMPRE Y TODA LA TIERRA SEA LLENA DE SU GLORIA”.

 

Ricardo Dening
Licenciado en Psicología Clínica
Pastor principal del Centro Cristiano Rey de Gloria
Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 8 | Iglecrecimiento, entrega 10, Teología

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