UNA PALABRA DE ADVERTENCIA

| 10 marzo, 2014

El presente no tiene como objeto ser un sermón, sino una palabra de advertencia acerca de un tema que cada vez  está más presente en la vida de las congregaciones en general y de los cristianos en particular: los MODERNOS APÓSTOLES Y PROFETAS.

Abordo este tema con profundo respeto por la experiencia espiritual de cada hermano y a los medios que Dios soberanamente utiliza para bendecirlos. No es la idea arremeter contra ministerios, contra genuinos hombres y mujeres de Dios que edifican el Cuerpo de Cristo, ni contra persona alguna.

Confronto un tema y al hacerlo, sé que incomodaré a algunos y ayudaré a otros a aclarar dudas. No tengo el patrimonio de la verdad ni mucho menos, soy un sencillo hermano que he sido llamado por Dios para servirle y lo hago lejos de la fama, de la pomposidad, del glamour evangélico y del renombre.

Soy consciente que, al leer estas líneas, habrá quienes no pensarán en lo verdadero y bíblico, sino en la autoridad de un apóstol que aparece en TV con una escenografía apabullante, y lo compararán con mi ropa de pintor. Y de acuerdo a las apariencias, parecería que Dios está más de acuerdo con el moderno apóstol y no con el pintor (cuando escribí ésta nota me dedicaba a la pintura de obra)

Hecha estas aclaraciones, paso a compartir.

Acerca de los apóstoles

El Señor llamó personalmente a doce para que estuvieran con El. Judas fue reemplazado por Matías y luego apareció Pablo. Ellos a su vez reconocieron a otros como apóstoles en el sentido que iban edificando la iglesia y podemos encontrar todo esto en el libro de los Hechos.

Los requisitos para ser apóstol eran: haber visto al Señor Resucitado, ser llamado directamente por El para el apostolado, tener el reconocimiento de la Iglesia como tal.
NO HAY evidencia bíblica que autorice a alguien a ser llamado apóstol luego de la muerte de aquellos doce y la de Pablo.
Los Doce pusieron el fundamento de Cristo para la Iglesia. Y esa es  una tarea terminada.

La Revelación Bíblica Inspirada terminó con el Apocalipsis, se cerró el canon bíblico y ninguna revelación posterior puede tener la misma entidad o autoridad que la Palabra ya escrita. Este es uno de los grandes problemas que confunden a la Iglesia, cuando estos modernos apóstoles y profetas dicen recibir revelaciones que debe ser obedecidas de inmediato por la Iglesia. Existe la tendencia en algunos hermanos, a correr rápidamente tras la profecía que da algún ministro, o revelación, dejando prácticamente de lado la Palabra. O, sin preocuparse en absoluto si lo que se está revelando y profetizando, se compadece con el consejo total de la Palabra de Dios, única regla infalible de fe y práctica. Lamentablemente, también sucede con estas personas, que cuando alguien le señala los peligros, se ofenden, se alejan de quien intenta prevenirles y hay quienes juzgan de carnal o de “ojos vendados” al que está advirtiendo del engaño.

Los apóstoles bíblicos tenían las siguientes características: eran itinerantes, fundaban iglesias, establecían un gobierno local plural (obispos y ancianos, siempre en plural, no uno solito al frente de todo) y se iban para otro lado. No estaban de pastores ni de obispos vitalicios en algún lugar

No ostentaban la titularidad de ninguna estructura. Tenían autoridad orgánica, no institucional.

Ellos no eran, como algunos suponen, pastores o maestros previamente, para luego ir ascendiendo y llegar a ser apóstoles; fueron directamente llamados por el Señor como tales y, desde su conversión hasta su muerte, fueron apóstoles.

Eran pobres, habían dejado todo (eso está demasiado claro en la Palabra como para refutarlo), hasta el punto que Pedro le pregunta al Señor sobre la cuestión: “y nosotros que hemos dejado todo, qué recibiremos?” No estoy en contra de la prosperidad que Dios da a todos sus hijos, ni me disgusta que haya hermanos ricos. El problema es cuando ser rico y próspero se constituye en una credencial para ser un ministro del Señor, más aún cuando un apóstol, profeta o cualquier otro ministerio, llega a tener riquezas en base a ofrendas que muchas veces son exigidas y obtenidas con manipulación manifiesta.

Amados Hermanos, eso está mal.

Fundaban iglesias, formaban obreros, predicaban y enseñaban la palabra y protegían a la iglesia contra los errores.

Las enseñanzas de los modernos apóstoles

Una de las figuras más destacadas del movimiento apostólico, en sus escritos menciona lo siguiente: “Dios está restaurando el ministerio apostólico y profético”.  Según él, desde hace algunos años comenzó ésta restauración que es resistida por las estructuras denominacionales (1)  –vale mencionar que existe una corriente teológica llamada “Teología de la Restauración” acerca de la cual por cuestión de espacio no me explayaré en la presente nota–.

Es verdad que cuando Dios trae un mover de su Espíritu, el mismo encuentra resistencia, no tanto al Espíritu en sí, sino a los cambios que significa. También es verdad que hay denominaciones y estructuras demasiado cerradas en sí mismas que confunden fidelidad a la Palabra con un apego irracional a costumbres, culturas y prejuicios que no ayudan a nadie para nada.

Muchos Hermanos sinceros, serios y responsables, luego de observar, orar y meditar, han tomado una postura clara en torno a los nuevos eventos que vive la Iglesia. Con el tema de las redes apostólicas lo que se está cuestionando es:
1. La autenticidad del apostolado de quien reclama serlo.
2. Las revelaciones que muchas veces se ponen deliberadamente por encima de las Escrituras, o se pretende interpretar las mismas a la luz de lo que se va “recibiendo”.
3. La ética, en muchos casos inexistente: son “seducidos” pastores y congregaciones enteras para dejar su denominación y unirse a las redes apostólicas.

Otro punto importante es colocar a los apóstoles como “el gobierno supremo” de Cristo en la Iglesia para derrotar a los poderes de las tinieblas. Un pastor, denominado apóstol, que ministra en Centroamérica dice que la Iglesia “sin la cobertura de los apóstoles” pelea teniendo solamente una autoridad inferior a la que poseen los apóstoles y desplazan a espiritus inferiores, pero solamente los apóstoles, con su autoridad, pueden decretar, ordenar y ganar la batalla para derrocar a los altos mandos de las tinieblas. Todo esto lo pueden encontrar rápidamente en una sencilla búsqueda en internet -aunque algunos de estos conceptos han sido quitados de las páginas en cuestión- y los invito a que se tomen el tiempo para leer porque es demasiado importante como para pasarlo por alto.

La gran pregunta es: ¿qué hacemos con la Palabra, con la victoria de Cristo en la Cruz?

¿Con la autoridad de la Palabra del Evangelio que se nos ha dado a todos los hijos del Señor?

O más sencillo: ¡Por favor, estimado pastor o cualquier otro apóstol, por favor, muéstrenos el fundamento bíblico de lo que está enseñando!

También afirma que el movimiento apostólico derrotará a Satanás y establecerá el Reino de Dios en la Tierra. Menciona, este “apóstol”, el Jinete con su Ejército en Apocalipsis que con justicia juzga y pelea. El dice que eso está ocurriendo ahora a través de los apóstoles.

 

Los modernos apóstoles en cifras

Mundialmente, se denominan Conexiones Internacionales de Liderazgo Cristiano y han captado más de 20.000 congregaciones y las han integrado en 1000 redes apostólicas en 90 países y están sujetos todos a la autoridad suprema de una liga apostólica mayor compuesta por 10 apóstoles mundiales. Los apóstoles, a su vez, están agrupados en Redes Apostólicas, y hay una Red de Redes con un Apóstol de Apóstoles a la Cabeza. Es decir, se ha formado una autoridad mundial suprema de apóstoles, que al año 2006 esperaba tener doce apóstoles modernos gobernando la iglesia de Cristo en la tierra.

 

Pastores, evangelistas y maestros reconocidos, que de pronto devienen en apóstoles
Este es un tema de controversia y confusión. Hermanos reconocidos y amados por la Iglesia, con un innegable ministerio pastoral, evangelístico o de enseñanza, de pronto son apóstoles. No está claro para nadie cómo es que llegan a ser apóstoles, quién los nombra como tales,
y en qué se beneficia la Iglesia del Señor con semejante giro ministerial.
Pero no puedo negar que trae confusión al Cuerpo, que se nombren (o autonombren) apóstoles de la noche a la mañana.
Modestamente, opino que hubieran seguido siendo de gran bendición sin este elemento tan controversial.

 

Una señal televisiva

Hay una señal de TV, que realiza la promoción de ministerios que apelan y atraen, sin un juicio crítico, ni la reflexión bíblica y de sentido común que debe tener la iglesia de Cristo.

En esta señal es común que aparezcan los apóstoles y profetas. Se televisan profecías y revelaciones y nadie se preocupa si se cumplen o no esas cosas, o si se compadecen con la verdad de la Palabra.

Sus maratones son la vedette del pueblo cristiano. Hay quienes quedan impresionados y conmovidos por la palabra, muchas veces revelaciones y profecías, otras veces oraciones y promesas, “palabras de bendición que se sueltan” sobre los que hacen pactos de dinero para sostener el ministerio. Y para ello, se hacen presente renombrados apóstoles y profetas para bendecir a los donantes.

Al respecto quiero puntualizar que no es bíblico lo que se hace con el tema de los pactos. El hombre no pacta. Los Pactos son una prerrogativa divina y es Dios quien toma la iniciativa de los mismos. Esto está mal desde la raíz misma

Pacto es un acuerdo que obliga. El pacto ata las partes a cumplir lo que compromete o estipula. La conclusión de los pactos es obvia: Si yo cumplo con el dinero que prometo, estoy obligando a Dios a que me de aquello por lo cual pacté. Si no, Dios quedaría mal.

La soberanía pasa a estar en las manos del donante que pacta y no en Dios. Esto es un grave  problema pastoral, teológico y puede comportar una crisis de Fe, cuando la persona que pactó no recibe lo que está esperando, porque nadie ni nada puede obligar al Señor. Y en semejante caso no es Dios quien falla, sino un ministerio que actúa en forma irresponsable.

Me parece que quedaría mejor decir: “Hermanos, si usted es bendecido por nuestro ministerio, ayúdenos, necesitamos su plata. Y seguro que Dios lo va a bendecir”. Pero incitar a las personas a que “compren” favores divinos remite al tiempo de Tetzel con sus indulgencias que disparó la Reforma Luterana, o peor aún, al pecado de Simonía, cuando el mago de Samaria intentó comprar el Espíritu Santo a los apóstoles.

Conozco de primera mano, a personas que dejaban de ayudar económicamente a la congregación en la que se reúnen para enviar dinero que se habían comprometido en uno de esos pactos. Conozco a quienes no se les cumplió nada de lo que habían pactado, siguieron enfermos, sus familiares siguieron con los mismos problemas, o ellos mismos continúan con los mismos conflictos sin resolver. Y ninguno de ellos tuvo el sentido común de preguntarse si estaba bien lo que les estaban haciendo hacer desde la TV.

En lugar de eso, se culparon a sí mismos, que no tenían fe, o que tal vez no se merecen el amor y el favor del Señor.  Me gustaría decirles a estos amados hermanos que no recibieron lo que habían pactado, sencillamente porque Dios no actúa así, no es eso lo que nos enseña la Palabra, que les están vendiendo algo que ingenuamente han comprado.

Como también, en los casos que Dios efectivamente respondió, quiero enseñarles a los hermanos que se ufanan en decir: “viste, yo pacté y mirá la bendición que me vino”. Una verdad básica del evangelio es que Dios nos bendice por pura Gracia, “favor inmerecido”  y no por mérito humano alguno. Deseo recordarles que Dios también bendice y bendecirá a quienes no ven ese canal ni pactan con nada, no solo a través de los medios virtuales, sino que no encuentran asidero ni fundamento bíblico alguno para pactar con Dios en ninguna manera, ni en sus vidas privadas, ni en sus iglesias, ni a través de ministerio alguno.

 

Resumiendo

Debemos juzgar todas las cosas. Hay una tensión en la verdad bíblica. Por un lado se nos ordena que no juzguemos a las personas. Que no nos pongamos en lugar de Dios. Y por otro, se nos ordena juzgar todas las cosas, juzgar la profecía, juzgar los conflictos entre hermanos, juzgar los espíritus.

Tener una actitud crítica edificante. Dos prejuicios que aparecen aquí son: Por un lado, hay hermanos sinceros que confunden el juzgar el corazón o la vida de otro, con juzgar un ministerio o una profecía, o la conducta de un ministerio público. “Yo no voy a juzgar, el que juzga es el Señor” dicen ellos y se tragan el engaño. Y por otro lado, están quienes creen que toda crítica es mala, tiene solamente una connotación negativa. Eso no es verdad. Debemos juzgar, ser críticos, examinar todo y retener lo bueno. Y lo bueno, tiene como marco de referencia la autoridad de la Palabra, y no nuestro gusto, la simpatía que sentimos por un predicador, por lindo que hable, o por lo que “funciona”.

Como algunos justifican: “Sí, vos decís, pero ¡mirá las multitudes, mirá los milagros, mirá cómo predica de lindo. Cómo Dios lo bendice. Si pasan tantas cosas, no debe estar tan equivocado!”.   Tres cosas deseo recordar aquí:

  1. Los dones y las manifestaciones actúan independientemente del carácter y las motivaciones de la persona  o personas.
  2. Dios bendice a quienes se acercan necesitados de Él,
  3. Su bendición no implica necesariamente una aprobación a todo lo que encarna quien predica o ministra.

 

En casos extremos, hay quienes sirven y manifiestan el poder de un Dios al cual no conocen y cuyo Nombre utilizan “En Tu Nombre hicimos muchos milagros, profetizamos,…”  ¿se acuerdan como termina esto?  Ese es el tema: Nosotros permitimos que los ministerios espectaculares nos encandilen y nos emocionen, juzgando solo las apariencias. Pero Dios un Día juzgará todo lo que se hace en su Nombre. Nadie faltará a la cita

No desconozco la validez y vigencia de todos los dones, incluidos la profecía. Tampoco desconozco que hay quienes hacen y han desarrollado una tarea apostólica plantando iglesias, formando muchos obreros, fundando escuelas y tantos emprendimientos cristianos que permanecen y  jamás osaron llamarse apóstoles, ni mucho menos reclamaron tener una autoridad casi suprema.

Tengo una profunda pregunta cuando leo, escucho y veo a estos tremendos apóstoles y profetas que profetizan y aseguran que están ganando el mundo para Cristo, mientras que la realidad en el mundo está cada vez peor.

Parece que nadie puede hacer nada para impedir que las señales del último tiempo se cumplan, nadie puede detener la llegada del anticristo, o que se desaten los sellos, o que se cumpla cada ápice de la Palabra.

No veo avivamiento, veo una iglesia cada vez más confundida, más ignorante de la Palabra, más cuestionada en su santidad y ética y un mundo que se desangra, muy lejos del supuesto cumplimiento de las profecías que parecieran ser ciertas solamente en el ímpetu de una reunión o en el set de un canal de televisión cristiano de consumo interno, (o entretenimiento para creyentes,  como más le guste).

Y veo a muy pocos de quienes consumen ese tipo de ministración televisiva, devoran libros de los super ungidos y demás, tener una vida realmente victoriosa en el Señor y ganar a otros para Cristo.  ¿Por qué será que cuando supuestamente más revelación hay, peor estamos? ¿No será hora de un avivamiento del sentido común y del temor del Señor?

(1)    Rony Chávez, estudio bíblico “EL GOBIERNO APOSTÓLICO ANULARÁ AL GOBIERNO DE SATANÁS”  AMM

 

 

 

Jorge Martínez
Pastor en Cipolletti
Unión de Iglesias Cristianas Evangélicas UICE

 

 

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Categoria: Edición 8 | Iglecrecimiento, entrega 10, Reflexiones

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