LA ECONOMÍA DE LOS BIENES COMUNES

| 24 marzo, 2014

Una propuesta alternativa al modo de producción capitalista

El objetivo del presente artículo es: a) en primer lugar, proveer una clasificación de los distintos tipos de bienes producidos y consumidos en una economía; b) en segundo lugar, describir un modo alternativo de organización de la producción de estos bienes, que está en desarrollo, en numerosos países del mundo y en muchas empresas, que se denomina “Economía de los Bienes Comunes”.

Los argentinos estamos acostumbrados a asociar de manera periódica la palabra “crisis” al desarrollo de nuestra economía; el sentido común nos dice que cada 10 años tienen lugar fluctuaciones negativas en los niveles de producción y de empleo y que los niveles de precios suben, erosionando el poder adquisitivo. No busco dar validez o refutar tal pensamiento. Es claro que las variaciones que nombré se dieron, se dan y se darán no sólo en nuestro país, sino en todo el mundo. Existe un consenso entre defensores y detractores del modo de producción capitalista acerca de la inevitabilidad de estas “crisis”. Es por esta razón que en este artículo tengo el objetivo principal de dar a conocer una propuesta alternativa al capitalismo, llamada “Economía de los Bienes Comunes”. Pero, para poder hacerlo de una manera que tenga sentido, debo comenzar con una clasificación de los bienes producidos en una economía.

Puede afirmarse que un bien es algo, una cosa, que satisface una necesidad; los bienes pueden ser duraderos o no, pueden ser tangibles o intangibles. Hay dos características que permiten elaborar una clasificación de la gran cantidad de bienes que se producen en una economía:

A) La primera propiedad está dada por el carácter de excluible, que refiere a la posibilidad de impedir a alguna persona su consumo o utilización. Como ejemplo de un bien que presentó carácter excluible, pero que ahora no lo presenta, podemos citar a las transmisiones de los partidos de fútbol argentino por televisión: antes, quien no pagaba el abono a la televisión por cable y a la empresa que tenía los derechos de televisación, quedaba excluido de la posibilidad de consumir este bien; ahora, no es necesario pagar directamente ningún precio de mercado, ya que los partidos son transmitidos por televisión abierta.

B) La segunda característica es la rivalidad en el consumo, que consiste en la reducción de la capacidad de uso del bien cuando el mismo es utilizado por otra persona. Siguiendo con el ejemplo del fútbol, podemos decir que las transmisiones por televisión no son rivales en el consumo ya que el hecho de que una persona vea el partido no impide que otra persona también lo haga. Distinto es el caso de la asistencia al estadio: ésta presenta rivalidad en el consumo, dado que las capacidades de las canchas son limitadas y el hecho de que una persona asista puede quitar a otra la posibilidad de hacerlo (si las entradas se agotan).

En función del carácter de excluible y de la rivalidad en el consumo, se puede clasificar los bienes de una economía en:

1) Privados, que constituyen la mayoría en una economía capitalista, y que son excluibles y rivales en el consumo: si no se paga su precio está imposibilitada su utilización y el consumo por parte de unos reduce la capacidad de otros para consumirlos.

2) Públicos, como por ejemplo la Defensa Nacional, que no son ni excluibles ni rivales en el consumo.

3) Monopolios naturales, como la provisión del servicio de cloacas y de agua potable, en el que el bien es excluible pero no rival en el consumo.

4) Comunes, que son rivales en el consumo (dado que su aprovechamiento por parte de unos reduce la capacidad de utilización por parte de otros) pero no excluibles (no es posible impedir su consumo). Un ejemplo de este tipo de bienes está dado por los peces que usted puede llegar a obtener del mar (si la ley le permite pescar): aquellos especímenes que usted obtenga no podrán ser obtenidos por nadie más, y nadie puede impedirle que acceda a ellos. Otro ejemplo podría estar dado por el servicio de agua potable o de energía eléctrica en algunas zonas carenciadas: por ser bienes de vital importancia, el Estado se hace cargo del costo de ellos y los provee a la población de esas zonas, pero el agua y la energía consumidas no podrán ser utilizadas por otras personas.

Viendo esta última categoría de bienes, es clara la razón por la cual era necesario ver esta clasificación antes de explicar la Economía de los Bienes Comunes: es en torno a estos últimos y a su capacidad de contribuir para el bien de la sociedad en general, que se configura este modelo alternativo.

La Economía de los Bienes Comunes (en alemán, “Gemeinwohl-Ökonomie”) es una forma de organizar la producción de bienes y servicios que tiene por objetivo el bien común (“Gemeinwohl”) y su maximización, y no únicamente la obtención de ganancias a nivel empresa o de un PBI mayor a nivel país; a decir verdad, este modelo plantea que, en un marco de libertad económica, la organización y el comportamiento éticos de la empresa (en torno a un núcleo de valores fundamentales que después enunciaremos) darán lugar a un crecimiento de los beneficios empresarios y de la producción nacional.

Pero esto último podrá lograrse solamente si se cumple una premisa; me refiero al accionar del Estado:

-Este último actor debe promover el desarrollo de los bienes comunes, entre los cuales se encuentran aquellos satisfactores de necesidades que la sociedad determine; pueden elegirse recursos naturales locales (una zona de pastos, un bosque, una reserva de algún recurso), el abastecimiento de agua, el abastecimiento de energía, los sistemas de educación y salud.

– Pero el Estado debe también regularlos, es decir, limitar su carácter de no excluible, cuidarlos para asegurar su aprovechamiento como elementos que satisfacen necesidades.

– Es particularmente importante el accionar del Estado en el incentivo de la organización y el desempeño ético de los productores; debe brindar incentivos que los lleven a actuar en función de ciertos valores morales fundamentales: la confianza, la honestidad, la responsabilidad, la cooperación, la solidaridad, la generosidad y la compasión. Un incentivo es algo que induce a alguien a actuar; en este caso, el Estado debería brindar ventajas legales, fiscales y crediticias (entre otras) a las organizaciones con miras a llevarlas a comportarse de manera ética.

Este modelo organizativo fue desarrollado por un joven economista austríaco llamado Christian Felber, hace apróximadamente 3 años. Actualmente, 1420 empresas en 27 países se rigen por este paradigma alternativo. El gobierno de la provincia de Salzburgo, Austria, lo ha tomado como referencia para su plan de gobierno. Cuatro municipios del norte de Italia están formando la “Región del Bien Común”. Es importante tener en cuenta esta corriente ya que representa una forma distinta de encarar la producción de bienes y servicios, la satisfacción de las necesidades y, en definitiva, una parte importante de la vida humana.

En próximos artículos describiremos y analizaremos la forma que Dios estableció en Su Palabra, para producir, distribuir y consumir los bienes y servicios que satisfacían las necesidades de Su Pueblo.

 

 

Guido Parissenti
Licenciado en Ciencia Política (Universidad de Buenos Aires)
Curso de Posgrado en Finanzas (Universidad Argentina de la Empresa)
Experto en Mercado de Capitales (Instituto Argentino de Mercado de Capitales)
Licenciatura en Economía (Universidad del Salvador) – en curso
Miembro de la Iglesia Dios Restaurará, en la Ciudad de Buenos Aires

 

 

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Categoria: Economía, Edición 9 | Teología de la prosperidad, pobreza y Evangelio, entrega 2, SOCIEDAD

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