PREDICANDO LA CRUZ. EL CENTRO DE LA PREDICACIÓN PAULINA

| 14 abril, 2014

Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1ª Corintios 1.18). El apóstol Pablo como predicador tenía un solo mensaje que predicar: Cristo y su cruz.

En estos días en que recordamos la muerte y resurrección de Cristo sería bueno para los que predicamos y enseñamos las Escrituras replantearnos cuánto tiempo pasamos predicando a Cristo y la cruz. El ejemplo de Pablo en Corinto debiera servirnos de paradigma para una predicación transformadora en el contexto en cual hemos sido puestos por Dios a servir.

Predicar constantemente el mensaje de la Cruz de Cristo nos permite desafiar a nuestras audiencias a tener un encuentro con el poder y la persona de Dios revelados en la cruz. Cuando predicamos los eventos de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo estamos presentando la revelación máxima del carácter santo y perfecto de Dios que exige la paga del pecado: la muerte eterna; y al mismo tiempo presentamos el carácter de gracia y amor del Padre que se ofrece a Sí mismo en el Hijo para nuestra eterna salvación. Pablo predicaba que en la cruz “Dios estaba en Cristo reconciliando a los hombres consigo mismo”, y sustituyendo nuestra vida por la del Hijo inocente para que nosotros por medio del evento Cristo “fuésemos llamados justicia de Dios” (2ª Corintios 5.19 y 21).

Para el predicador moderno así como los predicadores de todas las edades pasadas, la tarea de la predicación consiste en presentar la muerte y resurrección de Jesús como el evento magno de toda la revelación bíblica; esto es predicar el evangelio. En 1ª Corintios 15.3 y 4, Pablo define el evangelio en términos de la muerte y de la resurrección de Cristo.

La muerte de Cristo y su resurrección de entre los muertos es el eje central sobre el que descansa toda la fe cristiana, y Pablo lo predicó a través del mundo grecorromano con “demostración del Espíritu y de poder” (1ª Corintios 2.4). Esta continua presentación del evento de Cristo a los seres humanos tiene un efecto transformador.

Hablando a los corintios, Pablo dice que antes de conocer a Cristo y su cruz eran “fornicarios, adúlteros, idólatras, afeminados, homosexuales, ladrones, estafadores, avaros, borrachos, maldicientes” (1ª Corintios 6.9, 10), pero por causa de la predicación de la cruz, y de su encuentro con “Jesucristo, y éste Crucificado” (1ª Corintios 2.2) habían sido “lavados”, “santificados” y “justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios” (1ª Corintios 6:11).

En estos momentos que nos tocan vivir de corrupción, violencia, inseguridad, narcotráfico, etc., la predicación de la cruz al estilo de Pablo se hace más urgente y pertinente. En la cruz se encuentra la solución a nuestras falencias morales, éticas y espirituales.

Si el poder del Cristo crucificado, predicado en el Espíritu Santo cambió sociedades y culturas en el pasado, todavía hoy la predicación de la cruz puede afectar las vidas de los que asisten a nuestras congregaciones como miembros regulares o asistentes eventuales.

Cuando nuestra predicación es cristocéntrica, bibliocéntrica y crucicéntrica aquellos que son expuestos al mensaje son confrontados con su estado espiritual, y llevados por la Palabra misma tomar decisiones transformacionales. La predicación del mensaje de la cruz provoca entrega, consagración, compromiso con Dios y con el prójimo.

Para Pablo la cruz no es un apéndice en su predicación, sino que el centro teológico y kerigmático de su misión a los gentiles. La comprensión paulina del mensaje de Cristo crucificado es que “es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree” (Romanos 1.17). Una predicación centrada en la cruz es -por necesidad- una confrontación total con el poder de Dios visto en Cristo crucificado y resucitado.

Para el apóstol Pablo, la cruz es experiencia de vida y muerte para el creyente. La predicación que no confronta con la necesidad de morir al yo con Cristo en la cruz, no es predicación cristiana.

La predicación paulina de la cruz es una constante invitación a morir a nuestra existencia, con Cristo, en la cruz, para que el poder de Dios sea exhibido en nosotros. El pensamiento paulino es que al aceptar el evento de Cristo como nuestra garantía de salvación y vida eterna, nuestra realidad de pecado y egocentrismo muere con Cristo, y comenzamos a vivir una vida marcada por la cruz.

La predicación paulina era eminentemente una invitación a seguir a Cristo en la cruz, muriendo al yo constantemente, y dejando que la vida de Dios se vea en lo vivimos cotidianamente (Gálatas 2.20).

La predicación de la cruz es una necesidad en nuestros púlpitos modernos. Muchos han sucumbido a la tentación de predicar un Cristo sin cruz, un evangelio sin muerte, la conversión sin arrepentimiento y la bendición sin negación.

Todo esto es sintomático de la ausencia de la predicación de los eventos de la cruz como el centro de la teología y de la vida cristiana. El tiempo que nos toca vivir nos confronta con la necesidad de convertir nuestros púlpitos en altares de predicación en donde nadie tenga de que gloriarse “sino en la cruz de Cristo” (Gálatas 6.14).

¡Muy bendecida Pascua de Resurrección!

 

Ernesto Alers Martir
Nació en Puerto Rico.
Cursó estudios teológicos en el Seminario Adventista Latinoamericano de Teología/Instituto Adventista del Plata (actualmente Universidad Adventista del Plata en Entre Ríos,
Licenciatura en Teología Gordon-Conwell Theological Seminary, USA
Masters of Arts en Historia Eclesiástica: Facultad de Estudios Religiosos de la Universidad McGill, Canada
Se ha especializado en el estudio del protestantismo guatemalteco en el periodo comprendido entre 1882 a 1940.
Fue pastor en Nueva York, Montreal y actualmente en San Justo, Buenos Aires con la Alianza Cristiana y Misionera Argentina.
Ha ejercido la docencia teológica en varias instituciones en Estados Unidos (Instituto Bíblico Laico Ministerial, Nueva York), Canadá (Seminario Teológico Hispano Canadiense, Montreal; McGill University, Montreal) y Argentina (Instituto Bíblico Buenos Aires).

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 9 | Teología de la prosperidad, pobreza y Evangelio, entrega 5, Teología

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