¿PODEMOS OFRECER UNA TEOLOGÍA MEJOR? OPERACIONES BANCARIAS EN EL REINO | Parte 2

| 28 abril, 2014

La siguiente es la segunda y última parte de la exposición que la doctora Rosalee Velloso Ewell dictó en la Consulta Global de Lausana sobre TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD, POBREZA y EL EVANGELIO, que fue realizada en Atibaia, Brasil en abril de 2014. Agradecemos al Movimiento de Lausana el permiso para esta  publicación.

¿Qué relación tienen “una nueva comunidad” y “aprender a confiar” con “el dinero, la riqueza y la preocupación”? Todas operan en el reino.

En Mateo 6, Jesús acababa de instruir a sus discípulos acerca de cómo orar y cómo Dios podía redimir, aún, las perores cosas. Él les había hablado sobre el enojo, matrimonio, piedad, y luego sobre lo que sostiene el reino en esta tierra: la economía.

Vivo en el Reino Unido actualmente. Los británicos saben acerca de reinos, tienen una reina y una familia real. ¿Cómo se construye un reino? ¿Qué lo sostiene y mantiene en pie? El dinero, los tesoros de la corona. Los acuerdos están hechos, los matrimonios arreglados, las guerras peleadas para que el reinado siga su curso. Este reino puede ser Inglaterra, el Imperio Romano, la FIFA, Microsoft o Unicef. Los reinos son construidos y sostenidos por el dinero.

En estos versos, Jesús expone al poder idólatra del dinero. El desafío está en que el dinero no es solo una cosa, es un dios. Jesús no dejarás que le quites importancia y digas: “oh, es solo dinero” porque, si haces eso, no estarás viendo el poder del dinero sobre tu vida y la mía. El dinero no es solo un artefacto, no es algo neutral. El dinero ejerce poder sobre nosotros. Donde esté tu tesoro, allí estará tu corazón, ninguno puede servir a dos Señores. No puedes servir a Dios y al dinero.

La Biblia habla mucho del dinero y las riquezas, de la viuda pobre, del rey rico, o de la búsqueda de algún tesoro. Como un alumno del NT dijo: “Hay, sobre todo, hostilidad hacia la riqueza en los Evangelios. Lo que es trágico es que o “sentimentalizamos” las parábolas del reino o las leemos completamente mal, olvidándonos de las palabras de Jesús en el texto, creyendo que no somos esclavos de la riqueza.

Los judíos religiosos que estaban entre los oyentes de Jesús no se habrían sorprendido ante las sus palabras. Ellos conocían la ley, el texto de Deuteronomio que leímos antes:

“…y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza. Sino acuérdate de Jehová tu Dios, porque él te da el poder para hacer las riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día. Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis.” Deuteronomio 8:17-19 (RV1960)

¿Qué le pasó a Israel? ¿Qué le pasó a Salomón luego de ganar toda su riqueza? Los judíos religiosos sabían las consecuencias de olvidarse de Dios en el día de su prosperidad.

Jesús no se refiere específicamente a la ley en este texto, como lo hizo antes con el sermón, pero creo que su intención fue la misma…
Lo has oído decir: “No matarás” pero yo te digo a ti: ni siquiera te enojes.
Lo has oído decir: “No cometerás adulterio” pero yo te digo: ni siquiera mires a una mujer con lujuria.”
Lo has oído decir: “Dale gracias a Dios por tu prosperidad” pero yo te digo: no acumules tesoros aquí en la tierra.”

Jesús está entrando en el corazón de los reinos, los corrompidos por la riqueza. Y, aún, si tuviéramos la mejor de las intenciones, el dinero nos ganaría. No importa si se trata de un pobre deseando siempre dinero o un rico preocupado por qué hacer con el dinero. El dinero domina nuestros pensamientos. No es un accidente que la última parte del capítulo de Mateo hable acerca de la ansiedad con la que nos preocupamos acerca de las cosas, la mayoría relacionadas con el dinero o con tener el poder para comprar lo que no tenemos o pensamos que necesitamos.

Piensa en el anillo de la trilogía del Rey de los Anillos de Tolkien. Éste atrae a Frodo, tiene poder sobre él. Su poder no solo lo lleva hacia lo malo, sino también a hacer lo malo, lo aleja del hobbit, con quien debe estar, y de sus amigos. Frodo sabe que puede meterse en problemas si sucumbe al poder del anillo. Él sabe que necesita destruirlo antes de que, él anillo, lo destruya a él. Pero saberlo no es suficiente. Como el anillo, la riqueza tiene tal poder que amenaza hasta nuestros sueños. Moldea nuestros deseos y doblega nuestra confianza.

Tener la perspectiva correcta o tener buenas intenciones con la riqueza no será suficiente. Jesús expuso esto. El peligro está en lo rápido que el dinero te dejará ciego. Frodo tenía la mejor de las intenciones pero el anillo tenía tanto poder sobre él que, por más que trató, lo atrajo para dejarlo ciego, aún ante sus verdaderos amigos de Samwise.

No puedes servir a dos Señores. Por eso te digo, no te preocupes por tu vida… busca primero el reino y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.

Esto tiene mucho que ver con la confianza y los tipos de comunidades que el evangelio hace posible. Una parte de estar en Jesús es la capacidad de compartir la vida, y aprender a confiar en maneras que no nos permiten preocuparnos. Esto es lo que Jesús creó en la comunidad de discípulos, es lo que vemos en Pedro y Cornelio, es lo que vemos en la pequeña banda que se juntó cerca del río en Filipo: una muchacha esclava, un mercader, un carcelero. Estas personas no serían amigos de otra manera. La promesa sobre riqueza, esperanza y pertenencia que ofrecen las enseñanzas sobre prosperidad, es la vida actual que compartimos, es la pertenencia y la confianza que son solo posibles porque Jesús mismo nos ha unido.

Hemos hablado sobre pobreza, la necesidad de escuchar al pobre, el desafío de hablar acerca de simplicidad y humildad en el contexto de la pobreza. ¿Escuchar al pobre? No lo creo. Eso no es suficiente. El reino invertido de Jesús no es solamente escuchar, es estar, es compartir la vida. Es algo radical, Jesús nos llamó para estar con el pobre y vivir con el pobre. Literalmente. Estar presente en el mundo en maneras que muestren lo invertido del evangelio. Literalmente, compartir la vida, y la vida en su plenitud, compartir la comida, los recursos, las luchas, las alegrías, los duelos. Cuánto más cerca estamos de Jesús, más cerca estamos del otro, de aquellos que naturalmente no serían amigos “en el mundo real”. Compartir la vida en “el mundo real”.

La economía del reino no puede ser descartada como algo del otro mundo, o como algo de un tiempo ideal, para un mundo sin bolsa de comercio. No puedes decir, de estos textos, “sí, pero en el mundo real, funciona así…” La respuesta del Nuevo Testamento a esa línea es: “En el mundo real, Pedro y Mateo son enemigos que se desprecian.” La respuesta del Nuevo Testamento (y hay muchos ecos en el Antiguo Testamento) No solo es posible otro mundo, también otro aquí y ahora en Jesús.

Te pregunté ¿En quién confías?

La confianza conlleva riesgos, no hay garantía de que al estar en esta nueva comunidad las cosas se van a solucionar al fin. La comunidad es frágil. Puede que haya traiciones, las hubo para Jesús. Piensa en esos discípulos. El amor de Judas por el dinero expuso el poder de esas 30 piezas de plata. Su traición no fue solamente llevar a Jesús a la crucifixión, también quebró esa comunidad que había construido él mismo alrededor de Jesús. La comunidad es frágil, pero no imposible.

Luego del impacto y el trauma de la traición, Jesús regresó resucitado, atrayendo a estos personajes de nuevo hacia Él y enviándolos en el poder del Espíritu Santo. Esto es tan práctico como se ve. Es en y a través de esta comunidad del reino “patas arriba” que compartimos comida y ropa. Es en este reino que buscamos justicia y misericordia. Porque estamos juntos, aprendemos a no preocuparnos. Si en los modelos de iglesia que tenemos alrededor no podemos compartir la vida, será muy difícil contrarrestar las enseñanzas de la Teología sobre Prosperidad.

Quizás, en estos textos, Jesús está intentando enseñarte no a preguntar de dónde vendrá tu comida, sino con quién debes compartir la vida y cómo ves a Jesús. ¿Cómo comparto la vida real, cómo planto jardines, oro y sano al enfermo, cuido al pobre y a la viuda?

En Hechos, tenemos historias de aquellos primeros cristianos tratando de vivir, en su contextos, las cosas que Jesús dijo en el Sermón del Monte. Es algo muy práctico, desde la teología educacional, compartir el pan. En la carta de Pablo, otra vez, están las personas tratando de vivir el evangelio de manera desordenada, con todas las implicaciones políticas y económicas. Ricos y pobres en Corinto, judíos y gentiles en Roma, personas que no estarían juntas, naturalmente, en “el mundo real” son unidas por el poder del evangelio y deben trabajar juntas lo que significa esa nueva vida en “el mundo real.”

C.S. Lewis no es mi teólogo favorito, pero captura bien la esperanza y la posibilidad que debemos ofrecer en una mejor teología, una teología de vida compartida, para aprender a confiar en Dios y unos en los otros por Dios. Y, así, no caer en idolatría a la riqueza. Él escribe esto acerca de los primeros discípulos:

“Se encontraron con Él luego de haberlo matado. Y luego de haberse convertido en una pequeña sociedad o comunidad, ellos encontraron a Dios adentro de ellos mismos, dirigiéndolos, haciéndolos capaces de hacer cosas que antes no podían hacer.”

Luego de haber compartido la vida juntos, encontraron a Dios. “Operar” en el reino es ver las maneras en las que podemos hacer las cosas que antes no podíamos hacer. Es reconocer el poder que la riqueza tiene sobre nosotros y arrepentirnos. La alternativa a la Teología de la Prosperidad no es una alternativa a la riqueza, otro ídolo o independencia, pero es en la inter-dependencia lograda al compartir la vida. Es vivir de manera tal que el mundo vea que otro mundo es posible.

La confianza en las buenas noticias de Jesús los liberó de la preocupación. No tenemos que servir al mundo. Jesús ya ha venido y hecho eso. Nosotros estamos llamados a obedecer, a vivir vidas que nos acerquen a Jesús y a nuestro prójimo. Si mantenemos nuestros ojos en Jesús, no solo seremos libre de la preocupación y el poder de la riqueza, también acercaremos a otros a Jesús.

 

Rosalee Velloso Ewell
Directora de la Comisión de Teología de la Alianza Evangélica Mundial
Editora de Nuevo Testamento del Comité Latinoamericano de Literatura Bíblica
Doctora en Filosofía PhD, Duke University
Master en Artes MA, Fuller Theological Seminary

 

 

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Categoria: Edición 9 | Teología de la prosperidad, pobreza y Evangelio, entrega 7, Teología del Sur

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