INCLUSO EN ESTOS TIEMPOS | 1

| 2 junio, 2014

Las muchas interpretaciones de las profecías bíblicas generan diferentes expectativas y actitudes. La inminencia del retorno de JESÚS, o la comprensión de que no será así, no nos inhiben de percibir la rareza de estos tiempos. Algo está pasando y la rudeza de la historia nos asegura que lo que ha de ser será; la impertinente nunca se ha detenido ante desconcierto alguno.

¿Cómo hacer pie en el tembladeral…? ¿Se podrá, incluso, en estos tiempos…?

La brutal honestidad espiritual e intelectual de Daniel admite su desconcierto: “Y yo oí, más no entendí. Y dije: Señor mío, ¿cuál será el fin de estas cosas?” (1). El sabio entre los sabios de Babilonia y Medo Persia –único profeta que actuó en dos imperios–, el entendido en toda revelación, cerraba el relato de su historia confesando su incapacidad para lidiar con aquel embrollo.

Como siempre, el Señor nos tranquiliza con su respuesta: “Él respondió: Anda, Daniel, pues estas palabras están cerradas y selladas hasta el tiempo del fin.” (2)

Respuesta difícil de entender para la civilización de lo instantáneo, que resuelve con dos dedos los enigmas del universo por medio de la “santa nube googlera del desierto”. Vivimos tiempos de respuestas veloces. Todos saben de todo, y lo que no saben, se lo inventan.

Tentados y confusos, los más intrépidos sueltan explicaciones, en tanto que los avezados hacen silencio.

Veo a los discípulos preguntar sobre los tiempos, antes de la partida de JESÚS: “Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?” (3). Ellos no sabían, indagaban yendo a la fuente. La respuesta suena similar a la recibida por Daniel: “Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad; pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” (4)

Fusionando ambas respuestas podemos parafrasear: “Vamos, vamos chicos, no necesitan saber lo que sucederá y cómo el Padre cocinará este guiso… Solo vivan bajo el poder que les enviaré y alcancen a muchos con mi amor, hagan milagros en mi nombre, que cuando llegue el momento, los vuelvo a buscar”.

Enojado por los acontecimientos en su amada España, Arturo Pérez Reverte vomitaba su indignación e impotencia ante el periodista de un programa televisivo que paradójicamente se llama “Salvados”, quien azorado por la contundencia y la vehemencia, preguntó: “¿Cuál es la solución?”. Rotundo y ofuscado por la obviedad no percibida, Arturo respondió: “Qué manía de buscar para todo soluciones, no todo tiene solución… Hay aventuras por correr, pero ¿soluciones? Siempre hay un justo en Sodoma, vale la pena seguir sembrando, necesitamos un hombre nuevo.” (5)

El análisis de Pérez Reverte, quien no visita nuestros atrios cada domingo, es certero. Me pregunto si hubiese llegado a esa conclusión en las bancas de nuestros templos, testigos inmóviles de tantas prédicas.

¿Hablamos hoy de su venida? ¿Le preguntamos sobre los sucesos que nos sacuden día a día? ¿Predicamos y buscamos desesperadamente al ESPÍRITU SANTO para cumplir la gran comisión levantando la cosecha en medio de la tormenta?

La voracidad del mundo global cauteriza nuestra alma, a fuerza del volumen de la información que vuelca sobre nosotros “minuto a minuto” por todos los medios habidos y por haber, produciendo, como dijera Julito, “insatisfacción por la saturación” (6). Insatisfechos, la mujer y el hombre, en todas sus edades, deambulan por la vida buscando aquello que no los saciará, pero sí, aumentará su adicción.

Ahora sí, resuenan como campanadas las palabras de JESÚS: “¡Hipócritas! Sabéis distinguir el aspecto del cielo y de la tierra; ¿y cómo no distinguís este tiempo? ¿Y por qué no juzgáis por vosotros mismos lo que es justo?” (7).

La exaltada imputación es la sentencia final del relato sobre las acciones fieles o impías de los mayordomos ante la “demora” en el arribo del patrón. Acentuado el juicio por el grado de conocimiento, criticó el cambio de ética de los injustos, quienes aprovechando el retardo, sacaron a relucir su vileza exhibiendo la realidad de sus siniestros corazones. Cuadro en el cual la injusticia e insolidaridad imperan, correlato implacable de la sociedad de nuestros días.

Cómo no darnos cuenta de que vivimos en tiempos en los que todos y todas necesitamos del amor de Dios, de su poder y milagros, más que de teóricas respuestas fundadas o de información certera.

“Bienaventurados aquellos que cuando venga el Señor los halle haciendo su voluntad” (8).

Los vientos cambian, y con ellos, cambia la dirección de las banderas… Pero de eso, escribiré en la segunda parte de esta nota.

Vaya saber dedicado a quién, un sensible poeta contemporáneo escribió unos versos que, en medio de mis oraciones plagadas de preguntas y del anhelo de nadar en el ESPÍRITU, suelo cantarle a JESÚS aguardando su regreso:

“Incluso en estos tiempos veloces como un Cadillac sin frenos, 
todos los días tienen un minuto en que cierro los ojos y disfruto echándote de menos.”
(9) 

(1)    Daniel 12.8 (RV1960)
(2)    Daniel 12.9 (RV1960)
(3)    Hechos 1.6 (RV1960)
(4)    Hechos 1.7-8 (RV1960)
(5)    Arturo Pérez Reverte:
(6)    Pastor Julio López: de su nota publicada en Cordialmente el 19 de mayo de 2014, titulada “Consumismo o el fin de la fiesta. Parte 1”
Para leerla: http://www.cordialmentepxg.com/2014/05/19/consumismo-o-el-fin-de-la-fiesta-parte-i/
(7)    Lucas 12.56-57
(8)    Lucas 12.42-44 (RV1960)
Y dijo el Señor: ¿Quién es el mayordomo fiel y prudente al cual su señor pondrá sobre su casa, para que a tiempo les dé su ración? 
Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 
En verdad os digo que le pondrá sobre todos sus bienes. 
(9)  Incluso en estos tiempos de Joaquín Sabina

Guillermo Prein
Pastor fundador del
Centro Cristiano Nueva Vida

 

 

 

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Categoria: Edición 10 | Estos tiempos, Editorial, entrega 5

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