ESE PEQUEÑO DESCUIDO

| 18 agosto, 2014

Era un grupo de folkloristas que iban a una serie de recitales en algunas ciudades del interior de nuestro país. Viajaban juntos con frecuencia en su camioneta y mientras lo hacían, charlaban, cantaban, comían y tomaban unos mates; pero fueron solo unos segundos que el mate se volcó en las piernas del conductor y este se distrajo y chocaron de frente contra un camión.

Desagraciadamente cinco fallecieron y fue solo un descuido, una desatención pequeña que terminó en un desastre. Cuando hablamos de distracciones en el sentido espiritual, nos parece que podemos tener un poco más de margen de tolerancia, pero toda erosión en éste sentido es peligrosa, porque de a poco viene el desgaste, despacio camina el riesgo y si sumamos un pequeño descuido tras otro, las cosas pueden terminar en condiciones que no deseamos.

La palabra “distracción” tiene variantes interesantes que si las aplicamos a rutinas espirituales que nos fortalecen, nos abren los ojos:

* Puedo distraerme de mi vida de oración hasta apagarla y que se transforme solo en una costumbre seca y sin vida.

* Puedo descuidar mi apego por la lectura sencilla y diaria de la Palabra de Dios que es el alimento que mi alma necesita.

* Puedo despreocuparme despacito por retener y mantener mi santidad, “sin la cual nadie verá al Señor”.

* Puedo tomar con ligereza el hecho de consolidar día a día una vida de integridad ante los ojos de Dios que es mi testimonio elocuente ante los demás acerca de en quien he creído.

* Puedo ser inconsciente laxo en mi obediencia a la Palabra de Dios y sus principios.

* Puedo distraerme al olvidarme quién soy realmente y de dónde Jesús me sacó.

* Puedo descuidarme en el hecho de consagrar más tiempo a cosas terrenales que a lo sustancial, que es lo espiritual.

* Puedo cometer la imprudencia de que pensamientos y argumentaciones humanas ocupen demasiado espacio en mi mente y corazón, antes que la persona de Dios, su Palabra y sus preceptos.

* Puedo postergar el ocuparme de aquellos detalles de mi vida sobre los cuales sé que debo trabajar, dejando que el tiempo pase y mi renovación en Cristo se interrumpa.

* Puedo tomar más tiempo en distracciones frugales que me quitan horas, sabiduría, inteligencia, pertinencia en la Palabra de Dios, revelación, momentos valiosísimos con el Espíritu Santo y la profundización de mi relación con Jesús. 

“Por tanto, es necesario que con más diligencia (rapidez, prontitud, urgencia, solicitud) atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos, porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, ¿cómo escaparemos nosotros si descuidamos una salvación tan grande? La cual habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos con señales, prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”.

La vida cristiana no es una vida de adormecimiento, de insensibilidad ni de aletargamiento. Jesús dijo: “Yo he venido para que tengan vida y para que la tengan en abundancia”. Porque lo que El nos pone dentro nuestro, es su Espíritu y ese Espíritu es vida, vida que nos mueve, nos motiva, nos moviliza, nos dinamiza, no nos deja estar quietos ni estacionados en lo espiritual, sino que nos lleva de gloria en gloria, de triunfo en triunfo, de poder en poder.

Sin embargo, como Dios nos respeta con amor, espera que nosotros obedezcamos a su Palabra y cada día -al abrir nuestros ojos- nosotros nos enchufemos con El para vivir ese día en particular, para andar en su voluntad que es buena, agradable y perfecta. El enemigo de nuestras almas y nuestra propia carnalidad luchan para que nosotros nos distraigamos con sus “espejitos de colores”, llamando nuestra atención a aquello que no es trascendente, ni profundo, ni eterno.

Hace unos días atrás estábamos con mi esposa en un edificio público esperando nuestro turno y una señora sentada al lado de ella comenzó a hablarle acerca de “los chimentos de la farándula”; como yo conozco a mi mujer y sé que ella desconoce totalmente ésas liviandades que llevan a miles a gastar de su tiempo, la miré y me dije: “A ver como responde mi señora a lo que ésta mujer le dice”. Sencillamente Julia le dijo que estaba ajena a todos ésos comentarios y le desvió la conversación a otra cosa. Nosotros, los que somos de Dios tenemos una vida trascendente, con conversaciones trascendentes, con una mirada alta y profunda, no nos detenemos en cosas vacías y huecas, porque hemos probado los manjares divinos, solamente ellos nos satisfacen.

Tengamos mucho cuidado con las distracciones en nuestras vidas, si permitimos una y después otra y sin querer otra más, corremos el riesgo de llegar a perder hasta nuestra salvación. Sansón no se dio cuenta cuando Dios le había abandonado, porque él se fue distrayendo, se fue alejando poco a poco de la santidad y de sus votos y cuando se vino a dar cuenta, ya estaba encadenado, preso y sin sus ojos.

“Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús, el Autor y Consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de El, sufrió la cruz, menospreciando el oprobio y se sentó a la diestra del trono de Dios”.

 

Omar Coronel
Pastor del Centro de Adoración, en la ciudad de Rivadavia, Pcia de Mendoza
Reconocido director de alabanza en reuniones pastorales.

 

 

 

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Categoria: Edición 11 | Distracciones Riesgosas, Editorial, entrega 6

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