UNOS Y OTROS VI.

| 18 agosto, 2014

El amor no fingido en tiempos del amor líquido.

 “Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro” (1º Pedro 1:22).

A veces nos encontramos dentro de la iglesia predicando o enseñando las eternas verdades bíblicas sin contextualizarlas en la época en la que vivimos y tenemos la extraña sensación de que hablamos un idioma que la gente no llega a comprender en su profundidad.

La realidad es que, a partir de la posmodernidad, aquellos conceptos sobre los cuales no era necesario ponerse de acuerdo, tales como verdad, sujeto, pureza, amor fraternal, corazón puro, han venido a ser cuestionados de tal manera que se han fragmentado y cada uno tiene su idea de verdad, su concepto de amor, su representación de confraternidad y comunidad cristiana.

Estamos viviendo tiempos que se caracterizan por relaciones interpersonales llamadas “líquidas”, es decir, en donde un sujeto fragmentado, imposibilitado de situarse en un espacio subjetivo único desde el cual relacionarse, se siente incapaz de entablar relaciones estables, continuas y trascendentes. Son relaciones definidas más bien por la forma que por el contenido, incluso carentes de contenido. Son relaciones individuales, donde el proyecto personal prima sobre el proyecto común, por lo que esa relación dura hasta que el proyecto personal se vea afectado, sin sacrificios, sin entrega y sin demandas.

El desafío consiste en hablar del amor fraternal no fingido en una sociedad donde sólo ha quedado “el fingimiento” como única expresión del amor, como única señal capaz de ser reconocida, ya que el amor es un concepto vaciado de contenido.

Esto repercute en las relaciones personales dentro de la iglesia. Asistimos más bien a un continuum de personas que se suman a la iglesia pero de forma tan efímera y temporal que no llegan a entablar relaciones profundas de pertenencia, relaciones significativas y transformadoras.

Pertenecer a una iglesia es más bien una cuestión llevada a plano de un servicio que adquirimos. Pertenezco a tal o cual iglesia porque ofrece buena música, una enseñanza adecuada, o en última instancia porque me hace sentir bien. Los beneficios de ser parte de la comunidad cristiana son comercializados y las personas, “sienten” estar en una u otra iglesia, sin compromisos, sin ataduras, sin responsabilidades y sin comprender el alcance que esto tiene para la comunidad.

¿Por qué es importante que como pastores o líderes seamos confrontados con una visión tan pesimista de la situación de la sociedad? Porque si queremos que haya un cambio debemos partir del conocimiento acerca de qué tipo de personas son las que estamos alcanzando con el evangelio y de cuáles son sus necesidades antes de preguntarnos qué pasa que la gente entra por una puerta y sale por la otra.

Es necesario que, como pastores, comencemos por explicar los conceptos más básicos, es decir, a qué se refiere la palabra cuando dice “hermano”: quién es mi hermano; qué significa amarlo en cuestiones prácticas; cómo es la actitud esperada cuando mi hermano está enfermo, cuando está en necesidad; qué significa el amor fraternal en la Biblia como algo que trasciende el concepto actual. Incluso enseñar algo tan obvio como que de la misma manera que la relación con Dios es eterna, lo es la relación con el hermano, y que esa persona que se sienta a su lado en la iglesia, con la que tiene algunos altercados y problemas personales, con quien aprende a perdonar y a resignar derechos, también estará eternamente a su lado… porque con él también comparte las promesas eternas de Dios y compartirá la vida venidera.

Mi experiencia como misionera en otra cultura me ha enseñado que por mucho o poco que sepa, si no soy capaz de transmitir el mensaje en un idioma que la gente entienda, no sirve mucho lo que pueda ministrar. El mensaje queda muerto. Hoy también necesitamos ser traductores de las verdades eternas, ser capaces de bajar esos conceptos que damos por sentado de tal manera que las personas puedan adaptarlos a sus vidas, traducirlos a un nuevo idioma cultural llamado posmodernidad.

 

 

 

Noelia Marina Pecile
Graduada del IBRP (Instituto Bíblico Rio de la Plata) en años recientes
Licenciada en Teología
Trabajadora Social
Estudiante de Master en Lenguas Modernas Iberoamericanas en la Universidad de Varsovia.
Fue, junto a su esposo José Giovanini, pastora en Pehuajó (Bs. As)
Actualmente, junto a su esposo, es misionera en Polonia

 

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.
Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
La dirección de Cordialmente procura que la expresión bíblica “examinadlo todo, y retened lo bueno” sea el objetivo, por lo cual se invita a los distintos escritores a presentar sus fundamentos dejando el juzgamiento del artículo en cada uno de los lectores.

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Categoria: Edición 11 | Distracciones Riesgosas, entrega 6, Teología

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