DISTRACCIONES PELIGROSAS

| 25 agosto, 2014

La distracción es siempre un problema. Cuando mis hijos eran pequeños tenía temor de distraerme dentro de un shopping o de un supermercado y perderlos en medio de tanta gente. Sin duda habría sido trágico, con consecuencias que me hubieran hecho sufrir hasta ahora. Gracias a Dios que nunca sucedió.

Es terrible pensar en tantas mamás que se culpan por su distracción, no solamente en lugares llenos de personas, pero a veces también por pequeños descuidos. Pienso en cuánto dolor de cabeza y de alma sufren los distraídos.

Puede ser que no tengamos esa característica como un componente de nuestra personalidad, como vemos que otras personas tienen, aunque a veces, lamentablemente, podemos tener un “lapsus”, un momento impensado de “DISTRACCIÓN”.

Recuerdo que en una oportunidad estaba conduciendo mi automóvil y, en una fracción de segundos, miré para uno de los dados y no noté que enfrente de mí había un coche que no se movió como yo imaginé que iba a hacerlo. Fue solamente una fracción de segundos y, además de tener que pagar el arreglo de ese coche, tuve un tremendo gasto con el mío, sin contar la semana que pasé con inconvenientes de transporte. Siempre recibiremos las consecuencias de nuestras distracciones. No cabe duda de que algunas distracciones pueden ser más peligrosas que otras.

Nosotros, líderes de la Iglesia, hombres y mujeres comunes que decidimos renunciar a nuestra propia voluntad para hacer la de Él, debemos estar atentos a algunas distracciones que pueden ser muy sutiles y peligrosas. Quiero mencionar solamente algunas de ellas para que podamos detenernos un poco en nuestra carrera desenfrenada y pensar por unos instantes. Puede ser que este ejercicio de “detenernos” y “reflexionar” nos ayude a prestar más atención.

Una distracción muy sutil es el PLACER. Nuestro propio gusto puede distraernos de hacer aquello que es correcto hacer, lo que es Su Voluntad que Él quiere que hagamos. Sansón sabía que como Nazareo (Números 6:1-21) no podía tocar ninguna persona o cosa muerta o que estuviera en contacto con ella. Pero, su gusto, su deseo, su placer personal fue mayor que su conocimiento de hacer lo que era correcto (Jueces14:8-9). Sansón tomó el panal de miel que había aparecido en el león que él mismo, por el poder del Espíritu Santo había matado, y lo comió. A veces podemos pensar que por la autoridad de la que somos investidos, tenemos algunos derechos sobre personas o cosas, aunque en realidad es nuestro deseo carnal de placer que está pidiéndonos satisfacción.

El ORGULLO es otra distracción que sutilmente nos seduce como líderes. Es lamentable que muchos hombres y mujeres tan bien formados y usados por Dios, lleguen a pensar que todo lo que les pasa en sus vidas y ministerios, se debe a que ellos lo han logrado. A veces podemos olvidarnos de que fue Dios el que nos llamó, es Él el que nos capacita y nos guía para que podamos hacer todo lo que hacemos para Él, para su obra, y para las personas que Él nos permita influenciar en nuestro ministerio. La Palabra es de Él, el entendimiento y la capacidad de ministrarla, en fin, todos los dones y todas las dádivas, dice Santiago, vienen de Él (Santiago 1:17). Sansón se acostumbró tanto a su fuerza, que pensó que su fuerza residía en sus trenzas, lo que él no se acordó es que fue Dios quien le hizo crecer el cabello y se entrelazó con su obediencia cuando el Espíritu Santo se manifestaba a través de él.

Como líderes de la Iglesia del Señor muchas veces pensamos que es mejor estar solos. Decimos “es mejor estar solo que mal acompañado”. Sí, en parte es verdad, pero la SOLEDAD de los líderes, o mejor dicho, el AISLAMIENTO, puede ser una gran distracción que provoque consecuencias desastrosas en nuestras vidas. Un líder que no tiene a nadie con quien compartir sus alegrías y tristezas, sus problemas para orar, sus tentaciones para no sentirse el todopoderoso, puede caer en el peligro de distraerse de quién es. El salmista dice que somos polvo, y que Dios conoce quienes somos, Él conoce nuestra estructura (Salmo 103:14). Necesitamos siempre a alguien como nosotros. Un igual que nos oiga con atención, que no nos juzgue, que nos confronte y no pase su mano por nuestra cabeza. Alguien con quien podamos ser vulnerables, que nos conozca cómo somos verdaderamente, y nos diga, estamos juntos, vamos a orar el uno por el otro. Sansón no tenía amigos, era solitario, y la soledad puede ser una distracción peligrosa. Necesitamos a alguien que nos refleje, como en un espejo, y podamos ver cómo verdaderamente somos.

“Por qué hacer hoy lo que puedo dejar para mañana”. A nosotros nos gusta sentir la adrenalina en nuestro cuerpo. Nuestra mente parece más alerta y acelerada, pero POSTERGAR, POSPONER, o dejar para después, puede ser también una distracción peligrosa. Muchas veces sabemos cuál es la decisión acertada y verdadera que debemos tomar, pero lo dejamos para después, nos atrasamos, pensando que algo puede cambiar, o que Dios de alguna manera, va a intervenir y no necesitaremos tomar esa incómoda decisión. No me refiero solamente a situaciones eclesiásticas o de nuestros ministerios, sino también a situaciones personales, profesionales y de relación matrimonial y/o familiar. No podemos distraernos y pensar que de alguna manera podremos evitar tomar una posición frente a esa decisión. Debemos hacer hoy lo que es necesario que sea hecho hoy y no mañana.

Hoy más que nunca los líderes somos tentados con distracciones. Todos los avances de la tecnología trajeron extraordinarias posibilidades de información, comunicación e interacción, pero al mismo tiempo nos confrontan con nuestra necesidad de crecimiento y madurez, entendiendo que debemos colocar límites en nuestros horarios, en nuestra disciplina personal para orar, en leer La Biblia y en meditar en ella.

Estas son algunas de las DISTRACCIONES PELIGROSAS, sin duda queridos lectores, ustedes pueden agregar todas las que por la gracia de Dios sus mentes puedan recordar.

Lo más trágico de todo esto, son las consecuencias, porque generalmente cuando somos seducidos por la DISTRACCION, ella nos bloquea la capacidad de juicio y caemos sin pensar en que tendremos que lidiar con los efectos de su acción. Es mi oración que el Señor nos ayude a estar tan sensibles a SU VOZ que no nos dejemos atraer por la PELIGROSA DISTRACCIÓN.

 

Miriam I. Gallo de Amaral
Pastora Iglesia Metodista en Volta Redonda – Río de Janeiro – Brasil
Graduada del Instituto Bíblico Rio de la Plata en 1977
Licenciada en Sicología, con una Maestría en Aconsejamiento
Tiene un Doctorado en Ministerios realizada en Asbury Theological Seminary en Kentucky – USA.
Es argentina y está radicada en Brasil desde hace 27 años

 

 

 

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Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
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Categoria: Edición 11 | Distracciones Riesgosas, entrega 7, Reflexiones

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