LA IGLESIA Y LA GUERRA

| 15 septiembre, 2014

La guerra evidencia el fracaso de la política o, si se quiere, su cara más horrible.
El capellán que bendijo a quienes bombardearon Hiroshima, George Zabelka, tras años de reflexión sobre sus acciones, contrapuestas con su fe, nos deja una reflexión valiente.

Hace sesenta y nueve años, el capellán católico de la Fuerza Aérea, George Zabelka, bendijo a los hombres que lanzarían las bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki.

Gradualmente, durante los siguientes 20 años, se dio cuenta de su error pues había negado las bases de su fe al darle apoyo moral y religioso al bombardeo.

Zabelka, que murió en 1992, dio un discurso en el 40º aniversario por los bombardeos, dejándonos este contundente mensaje:

La destrucción de civiles durante la guerra estuvo siempre prohibida por la Iglesia; si un soldado se hubiese acercado a mi y preguntado si podía poner una bala en la cabeza de un niño, le hubiese dicho: “Absolutamente, no. Eso sería un pecado mortal”. Pero en 1945, La Isla Tiñan era la base aérea más grande del mundo. Tres aviones por minuto podían despegar desde allí, día y noche. Muchos de estos aviones fueron a Japón con el propósito expreso de matar no solo a un niño o a un civil, sino de masacrar a miles, cientos de miles de niños y civiles, y yo no dije nada.

Como capellán católico, vi como el Boxcar, piloteado por un buen piloto escocés católico, bombardeó la Catedral de Urakami en Nagasaki, el centro del catolicismo en Japón.

Nunca les prediqué un solo sermón en contra de matar a civiles, a los hombres que lo estaban haciendo… Nunca pensé en protestar públicamente por las consecuencias de ese ataque aéreo. Me dijeron que era necesario, los militares lo hicieron abiertamente y los líderes de mi Iglesia de manera implícita.

Trabajé con Martin Luther King Jr. durante la lucha por los derechos civiles en Flint, Michigan. Su ejemplo y sus palabras sobre la acción no violenta, eligiendo el amor por sobre el odio, la verdad por sobre la mentira, y la no violencia por sobre la violencia, me conmovieron profundamente. Esto me enfrentó con la idea de “pacifismo”: resistencia activa no violenta contra el mal. El recuerdo de sus palabras antes de ser encarcelado en Montgomery, me impacta muchísimo. Él dijo: “La sangre puede correr por las calles de Montgomery antes de que obtengamos nuestra libertad, pero debe ser nuestra sangre la que corra y no la del hombre blanco. No debemos lastimar un solo cabello de la cabeza de nuestros hermanos blancos”.

Luché, discutí, pero, sí, allí estaba, en el Sermón del Monte, muy claro: “Ama a tus enemigos. Devuelve bien por mal”.
Entré en una crisis de fe. O aceptaba lo que Jesús estaba diciendo, aunque me pareciera inaceptable, o lo nega
ba completamente.

Durante los últimos 1700 años, la Iglesia no solo ha hecho de la guerra algo respetable, también, le ha hecho creer a las personas que es una profesión honorable, una profesión cristiana honorable. Esto es una mentira.

La guerra es, siempre ha sido y siempre será algo malo, malas noticias. Yo estuve ahí y vi la verdadera guerra. Aquellos que han visto una guerra real estarán de acuerdo conmigo. Les aseguro que no hace esto por Cristo. No es la manera en que Cristo procede. No hay manera de llevar a cabo una guerra de acuerdo con las enseñanzas de Jesús.
La “ética para una matanza en masa” no se encuentra en las enseña
nzas de Jesús. En la “ética para una guerra justa”, Jesucristo, quien es supuestamente todo en la vida cristiana, es irrelevante. Probablemente, para quienes la elaboraron, ni haya existido. En la “ética para una guerra justa” ninguna mención se hace de Él o sus enseñanzas, porque no hay manera de mencionarlos, ya que ni Él ni sus enseñanzas nos dan un patrón para que los cristianos determinemos el nivel de masacre aceptado.

Entonces, el mundo está observando hoy. La ética trivial sobre la moralidad de los varios tipos de instrumentos y estructuras de la masacre en masa no es lo que el mundo necesita de la Iglesia, aunque es lo que el mundo ha llegado a esperar de los seguidores de Cristo. Lo que el mundo necesita es un grupo de cristianos que se levante e imite a Jesucristo. El mundo necesita a un cristiano que, en un lenguaje que el alma más simple pueda entender, proclame: el seguidor de Cristo no puede participar de una masacre en masa. Él y ella deben amar como Cristo amó, vivir como Cristo vivió y, si es necesario, morir como Cristo murió, amando a sus enemigos.

Durante los 300 años que siguieron inmediatamente a la resurrección de Jesús, la Iglesia vio a Cristo y sus enseñanzas como no violentas. Recuerden que la Iglesia enseñó esta ética en la cara de por lo menos tres Estados que intentaron destruirla. Fue sujeta de horrendas y sucesivas torturas, y muerte. Si hubiese habido una ocasión para un contraataque justificado y masacre en defensa propia, ya sea como una guerra justa o una revolución justa, ese era el momento indicado. La elite política y económica del Estado Romano y sus militares habían puesto a los ciudadanos del estado en contra de los cristianos y eran embarcados en una política pública suicida para el exterminio de la comunidad cristiana.

Sin embargo, la Iglesia, frente a los crímenes horrendos cometidos contra sus miembros, insistió sin reserva alguna, en que cuando Cristo desarmó a Pedro, también desarmó a todos los cristianos.

Los cristianos continuaron creyendo que Cristo era, usando las palabras de la antigua liturgia, su fortaleza, su refugio y su fuerza. Y que, si Cristo era todo lo que necesitaban como seguridad y defensa, entonces Cristo era todo lo que debían tener.
Ciertamente, esto
dio lugar a una nueva ética sobre seguridad. Los cristianos entendieron que si ellos solamente seguían a Cristo y sus enseñanzas, no podían perder. Cuando los cristianos tuvieron oportunidades para calmar al Estado, uniéndose al ejército romano, no lo hicieron porque la Iglesia primitiva veía una completa incompatibilidad entre amar como Cristo amó y matar. Fue Cristo no Marte quien dio seguridad y paz.
Hoy,
el mundo esal borde de la ruina porque la Iglesia se rehúsa a ser la Iglesia, porque los cristianos nos hemos estado engañado a nosotros mismos y a los no cristianos acerca de la verdad de Cristo. No hay manera de amar a Cristo, amar como Cristo amó y, simultáneamente, matar a otras personas. Es una mentira decir que el espíritu que aprieta el gatillo de un lanzallamas es el Espíritu Santo. Es una mentira decir que aprender a matar es aprender a ser como Cristo. Es una mentira decir que atravesar con una bayoneta el corazón de alguien es motivado por Cristo. El cristianismo militarizado es una mentira. Es radicalmente opuesto a las enseñanzas, la vida y el espíritu de Jesús.

Ahora, hermanos y hermanas, durante el aniversario de esta terrible atrocidad, llevada a cabo por cristianos, debo ser el primero en decir que he cometido un terrible error. He sido atrapado por el padre de la mentira. Participé en la mayor mentira ecuménica de las iglesias católicas, protestantes y ortodoxas. Usé el uniforme. Fui parte del sistema cuando daba la misa y me ponía esa hermosa vestimenta sobre mi uniforme. (Cuando el padre Dave Becker dejó la base submarina Trident, en 1982, y renunció a su cargo como capellán católico, dijo: “Cada vez que iba a misa con mi uniforme y me ponía las vestiduras sobre mi uniforme, no podía dejar de pensar en las palabras de Cristo: “Estad atentos de los lobos vestidos como ovejas.”)

Como capellán de la Fuerza Aérea, pinté un arma en las hermosas manos no violentas de Jesús, y luego le entregué esta imagen perfecta al mundo como si fuese la verdad.
Canté “Alabado sea Dios” y pasé las municiones. Como capellán católico del grupo 509, yo era el canal final que comunicaba esta imagen fraudulenta de Cristo a las multitudes del Enola Gay y el Boxcar.

Todo lo que puedo decir hoy es que estaba equivocado. Cristo no era el instrumento para desatar tal horror en su pueblo. Más aún, ningún seguidor de Cristo puede desatar legítimamente el horror de la guerra en el pueblo de Dios. Excusas y explicaciones no tienen mérito alguno. Todo lo que puedo decir es que: ¡estaba equivocado! Y, si esto es todo lo que puedo decir, que sea así, por pobre que parezca. Porque si procediera de otra manera, estaría evitando el primer paso del proceso de arrepentimiento y reconciliación, que es esencial: el reconocimiento del error y el reconocimiento de la responsabilidad.

Pedí perdón a los Hibakushas (japoneses que sobrevivieron al ataque) en Japón, el año pasado, durante una peregrinación que hice con un grupo, de Tokio a Hiroshima. Me desplomé en el santuario de paz luego de ofrecer flores y clamé por perdón, para mi, para mi país y para mi Iglesia por ambos: Nagasaki e Hiroshima. Este año en Toronto, volví a pedir perdón a los Hibakushas presentes. Pedí perdón y ellos pidieron perdón por Pearl Harbor y por algunas de las atrocidades hechas por el ejército japonés. Conocía a algunos de los presentes y nos abrazamos y lloramos. Ese es el primer paso hacia la reconciliación, el reconocimiento de la responsabilidad y el perdón. Oro a Dios para que muchos puedan encontrar este camino hacia la paz.

Gracias a Dios, hoy puedo pararme aquí y hablar en contra de la guerra, de todo tipo de guerra. Los profetas en el Antiguo Testamento hablaron en contra de los falsos dioses: de oro, plata y metal. Hoy, estamos adorando al dios del metal: la bomba. Estamos poniendo nuestra confianza en el poder físico, militarismo y nacionalismo. La bomba, no Dios, es nuestra seguridad y nuestra fuerza. Los profetas en el Antiguo Testamento dijeron simplemente: No pongan vuestra confianza en carros y armas, sino en Dios. Su mensaje fue simple y así lo es el mío.

Todos debemos convertirnos en profetas. Realmente creo eso. Todos debemos hacer algo por la paz. Debemos frenar esta locura de adorar a los dioses del metal. Debemos levantarnos en contra del mal y la idolatría. Ese es nuestro destino en los tiempos más críticos de la historia de la humanidad. Pero, también, esta es la mejor oportunidad que alguna vez se le haya ofrecido a un grupo de personas en la historia para salvar a este mundo de su completa aniquilación.

El mensaje contenido en esta nota y las palabras de George Zabelka incluyendo el prólogo narra los acontecimientos históricos han sido publicados por muchos sitios.

Cordialmente reproduce la nota de Shane Claiborne, publicada el 26/08/14 en Red Letter Christians www.redletterchristians.org

 

 

George Zabelka
Discurso pronunciado por George Zabelka en la conferencia Pax Christi en agosto 1985
El registro del audio original se encuentra en los Archivos universitarios de Notre Dame
Publicado por la Editorial Plough, el 14 de julio de 2011
http://www.plough.com/es/articles/2011/july/blessing-the-bombs

 

 

 

 

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Categoria: Edición 12 | Iglesia y Política, entrega 3, Reflexiones

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