ORACIONES DE SIERVOS DE DIOS V. SANSON, una oración final.

| 6 octubre, 2014

Sansón nació por medio de un milagro y aun antes de nacer era consagrado a Dios.

Fue creciendo y Dios por medio de su Espíritu le dio un poder, una fuerza sobrenatural tal que en una ocasión despedazó a un león joven con sus propias manos como si fuera un cabrito. Se enfrentó a mil hombres armados y los derrotó a todos ellos con tan solo una quijada de asno (un hueso de animal). Tenía tanta unción y poder que no había enemigo que pudiera hacerle frente.

Pero él tenía un punto débil, un área no resuelta en su vida, algo que lo dominaba. Su debilidad eran las mujeres. No podía resistirse ante la belleza y seducción de una mujer. Comenzó casándose con una mujer que no era del pueblo de Israel (yugo desigual), no aceptando los consejos de sus padres; siguió avanzando en su pecado frecuentando a prostitutas y el enemigo descubrió cuál era su punto débil.

Eso me recuerda a muchos cristianos y ministros que parecen invencibles, que están llenos del poder y unción del Espíritu, que parece que pueden derrotar al león rugiente con autoridad, que derrotan a una legión entera pero que tienen un punto débil que los domina, un área en su corazón no rendida a Dios.

El diablo sabe que si no te puede vencer con oposición usara la seducción. Entonces los filisteos contrataron a una mujer hermosa llamada Dalila para seducir a Sansón y así poder destruirlo.
Dalila vez tras vez insistió hasta que Sansón le abrió su corazón y fue reducido y dominado. Así el diablo domina aun a los ministros más ungidos y poderosos.
Lo que el enemigo hizo con Sansón es sacarle los ojos, le llevaron a Gaza (tierra del enemigo) y le ataron con cadenas para que moliese en la cárcel. Eso es lo que hace el enemigo con nosotros: nos saca la visión, andamos sin rumbo, sin poder ver con ojos de fe las promesas de Dios. Nos lleva a su tierra: el espíritu de este mundo entra en nosotros y nos ata con cadenas y nos esclaviza al pecado.

Pero cuando los filisteos organizaron una gran fiesta jactándose de haber derrotado a su poderoso enemigo, llamaron a Sansón para usarlo como juguete y burlarse de él como una especie de show, para divertirse con el que les había causado un gran estrago.
Ahí Sansón le dijo al muchacho que lo guiaba que lo acercara a las columnas donde descansaba el tremendo edificio (solo en la terraza había 3.000 personas, mas las otras tantas que estaban en planta baja) y elevó su ultima oración: “Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios” (Jueces 16:28a).

Primero: reconoció el señorío de Dios nuevamente sobre su vida, luego pidió que se acordara de él porque sabía que estaba lejos y pidió fortaleza: la fuerza del Espíritu que había perdido. La frase “solamente esta vez” habla que estaba dispuesto a morir, a entregar su vida en esa última batalla.
Y luego se apoyó Sansón sobre las columnas con todo su peso y fuerza y derribó el edificio sobre los principales y el pueblo que allí se encontraban (hablamos de unas siete mil u ocho mil personas) y en el 16:30 dice que los que Sansón mató al morir fueron más que todos los que había matado durante su vida.

Esto nos enseña que el cristiano o ministro que muera a sí mismo (al yo, a su carne) va a causar más destrucción al reino de las tinieblas que durante todo su ministerio en el que estuvo vivo, en el que batalló con sus propias fuerzas.

 

Diego Alejandro Zerbi
Graduado del Instituto Bíblico Rio de la Plata
Pastor en Ramos Mejía (B)

 

 

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 12 | Iglesia y Política, entrega 6, Teología

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