LA REFORMA PROTESTANTE

| 4 noviembre, 2014

Estamos casi llegando a los quinientos años del momento en que Martín Lutero clavó las 95 tesis en la entrada de la catedral de Wittenberg, reconociéndose esa fecha como el inicio de la Reforma Protestante.

Cien años antes Jan Hus fue martirizado. Antes de entrar a la hoguera a la cual lo confinara la decisión del Concilio de Constanza (1415), dio una profecía relacionada a la llegada de Lutero en el siglo siguiente, aclarando que no podrían abortar lo que estaba siendo gestado en los planes de Dios.

Aunque la violencia siguiese, como ocurriera con tantos otros mártires, el mover no podría detenerse. Otros precursores como John Wyclif y Girolamo Savonarola fueron sembrando, con pensamientos, palabras y sangre, el mover inexorable que el Espíritu Santo estaba trayendo.

La Reforma restableció principios bíblicos que durante el oscurantismo de la Edad Media se habían tergiversado y volvió a darle al individuo la plena libertad de manejar su relación con Dios. Esto todavía es materia de lucha, toda vez que el Catolicismo, aún con su actual pontífice a quienes muchos consideran capacitado para revertir procesos oscuros, ha dicho que la razón y verdad están en las posturas del Romanismo.

Pero Martín Lutero, Juan Calvino, Ulrich Zwinglio y otros tantos se afirmaron en la verdad de Dios y enfrentando un sinfín de dificultades y persecuciones, abrieron el camino dela libertad que hoy nosotros disfrutamos.

En el fragor de su lucha y la necesidad de rever toda la doctrina, hubo errores en ellos, La Biblia no deja de mencionar las equivocaciones de los siervos de Dios, demostrando que es a través de hombres, imperfectos aún, que se va realizando esta obra magna.

Los postulados básicos de la Reforma debieran seguir vigentes en nuestras mentes y corazones, procurando que nunca la práctica de nuestros ministerios, ni mucho menos la búsqueda de éxito personal, nos lleve a renunciar a ellos.

Las “cinco solas” como se denominó a las cinco frases que establecieron un resumen de las creencias protestantes, en contraposición con la doctrina imperante en el catolicismo, eran:

  • Sola scriptura (“solo por medio de la Escritura”)
  • Sola fide (“solo por la fe Dios salva”)
  • Sola gratia (“solo por la gracia”)
  • Solus Christus o Solo Christo (“solo Cristo” o “solo a través de Cristo”)
  • Soli Deo gloria (“la gloria solo para Dios”)

En ocasiones, la Reforma es uno de los mejores ejemplos de esto, Dios nos coloca en la disyuntiva de tener que dejar de lado los logros alcanzados, no sólo en lo personal y profesional, sino también en lo ministerial. Aquellos hombres tenían su reconocimiento y logros dentro de la religión, pero se animaron a perderlo todo, por hacer lo que el Espíritu les indicaba.

Juan Stam, quien nos prestigia con sus escritos en Cordialmente, ha realizado un esclarecedor trabajo sobre los principios de la Reforma y sus aplicaciones a nuestros días. Siendo que el trabajo es extenso pero imperdible en cada uno de sus detalles y especialmente pertinente con el tema del número trece: “Eclesiología”, optamos por presentarlo parcializado desde la semana próxima.

Invitamos a nuestros lectores a leer a conciencia el mismo, permitiendo que el Espíritu Santo nos lleve a la reflexión en cuestiones en las que, posiblemente, necesitemos correcciones.

Recordamos también que en muestra de la unidad en la diversidad, nacida en esa gesta luterana, el pasado 31 de de octubre, en el Templo de la Primera Iglesia Metodista de la Ciudad de Buenos Aires, la FAIE celebró el Día de la Reforma con un culto que contó con la participación de ACIERA y FECEP.

Todas las Iglesias Evangélicas o Protestantes, tenemos mucho que celebrar en esta fecha.

Codirección

 

 

 

 

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Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.
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Categoria: Archivo Documental, Edición 12 | Iglesia y Política, entrega 10, TESTIMONIOS E HISTORIA

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