ORACIONES DE SIERVOS DE DIOS IX. La angustia de JEREMÍAS.

| 4 noviembre, 2014

Procuramos hacer el bien, ser lo que Dios quiere de nosotros pero aun así no llegamos a descifrar porqué en momentos como estos pareciera que Dios no sale a nuestra defensa.

“Tú lo sabes, oh Jehová; acuérdate de mí, y visítame, y véngame de mis enemigos. No me reproches en la prolongación de tu enojo; sabes que por amor de ti sufro afrenta. Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos. No me senté en compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; me senté solo, porque me llenaste de indignación. ¿Por qué fue perpetuo mi dolor, y mi herida desahuciada no admitió curación? ¿Serás para mí como cosa ilusoria, como aguas que no son estables?”. Jeremías 15:15-18

Todos en algún momento de nuestras vidas experimentamos la soledad, las crisis emocionales, los problemas económicos, la pérdida de algún ser querido y caemos en una profunda tristeza hasta llegar al enojo intentando explicarnos a nosotros mismos el porqué de algunas injusticias.

Procuramos hacer el bien, ser lo que Dios quiere de nosotros pero aun así no llegamos a descifrar porqué en momentos como estos pareciera que Dios no sale a nuestra defensa.

Jeremías se sentía así. Expresa su enojo a Dios de no estar en el momento en que él más lo necesitaba. Se sentía solo, perdido, angustiado y totalmente fuera del enfoque de cuáles eran los propósitos de Dios hacia su vida.

En este pasaje podemos observar parte del tercer lamento que realiza Jeremías en búsqueda de respuestas, de consuelo, de refugio, de poder al fin hallar la justicia que esperaba recibir por parte de Dios hacia sus enemigos.

Si pudiéramos analizar los seis lamentos o “confesiones” que realiza el autor a lo largo del libro, podríamos ver cómo en esas diferentes ocasiones, Jeremías no sabe cómo reaccionar y clama a Dios desde lo más profundo de su corazón. Ante la desesperación busca a Dios y espera saber cuál es el próximo paso o decisión a tomar.

Sin embargo en esta tercera confesión Jeremías no hace más que quejarse y expresar la soledad que estaba sintiendo de parte de Dios. Sentía que nada estaba funcionando y esperaba que pronto ese enojo pudiera desaparecer de su corazón.

Pese a todo ese enojo leemos algo maravilloso que se encuentra en ese mismo capítulo pero en los versículos 19 al 21 y dice:

“Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos. Y te pondré en este pueblo por muro fortificado de bronce, y pelearán contra ti, pero no te vencerán; porque yo estoy contigo para guardarte y para defenderte, dice Jehová. Y te libraré de la mano de los malos, y te redimiré de la mano de los fuertes”.

Dios no se enoja con Jeremías sino que lo anima y lo vuelve a orientar recordándole que estaría con él para cuidarlo y defenderlo.

A pesar de todas las circunstancias que podamos llegar a vivir, Dios nos recuerda siempre su cuidado hacia nosotros y que podemos confiar en Él. Es por eso que debemos acercarnos en oración y buscar su guía porque en Dios está la respuesta.

“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. Salmos 46:1

 

 

Ana Páez
Egresada del Instituto Bíblico Rio de la Plata
Colabora en la Iglesia Dios Restaurará, en la Ciudad de Buenos Aires
Actualmente cursa la carrera de Comunicación Social en la UBA

 

 

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 12 | Iglesia y Política, entrega 10, Teología

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