ECLESIOLOGÍA METODISTA

| 17 noviembre, 2014

Una revisión del proceso que desde 1739, cuando Juan Wesley predicara en las calles, llevó al metodismo nacido como un movimiento, a transformarse en Iglesia que hoy sigue adelante en el cumplimiento de su misión. En los orígenes, dos principios: contención y organización

 

CONTENCIÓN

Es necesario aclarar que el metodismo, hasta la muerte de Juan Wesley (1791) fue un movimiento y no una iglesia establecida. De manera que esta etapa merece una consideración particular teniendo en cuenta las exigencias de un movimiento en plena expansión.

Wesley, a pesar de haber sido segregado por algunos obispos de la Iglesia Anglicana, se mantuvo fiel a los principios básicos de esta, sobre todo a su teología sacramental. Sin embargo su tarea, desde temprano fue dirigida hacia las “ovejas sin pastor” de la Inglaterra de la primera revolución industrial. Grandes masas de campesinos migraban a las ciudades en busca de trabajo en las minas de carbón. La iglesia Anglicana prestaba muy poca atención a este fenómeno, por lo que la nueva y marginada población de las ciudades se encontraba privada de escuchar acerca de las “Buenas Nuevas de salvación”. En 1739 Wesley por primera vez, predicó al aire libre en Bristol frente a una multitud que superaba las tres mil personas. A partir de ese momento las masas marginadas de la sociedad y de la iglesia se juntaban en campos, caminos y hasta cementerios para escuchar por primera vez la Buena Nueva.

Sin embargo Wesley sabía que eso no era suficiente. La fuerte emoción provocada por una predicación de conversión en medio de una multitud, podía tener un efecto muy espectacular pero también efímero. Lo multitudinario debía ser combinado con lo comunitario y lo personal. Es así que Wesley desarrolló una verdadera red de contención con el objeto de combinar distintas instancias para que los convertidos en los grandes actos, pudieran encontrar espacio para su crecimiento y alimentación tanto personal como comunitaria.

Con eso objeto creo las Sociedades Metodistas, grupos de unas 40 personas, donde leían la palabra, cantaban, escuchaban la predicación, oraban y celebraban los ágapes. En las Sociedades no se impartían los sacramentos. Durante los primeros tiempos Wesley organizó las Sociedades los días jueves, para que todos los metodistas pudieran concurrir los domingos a recibir los sacramentos a la Iglesia Anglicana.

Al mismo tiempo una Sociedad de 40 personas era un espacio privilegiado para el paso de lo multitudinario a lo comunitario. Allí se recibía a los nuevos conversos y se los iniciaba en la vida de fe y en la socialización. Sin embargo, las Sociedades seguían siendo demasiado numerosas para un seguimiento más personalizado. Es así que se crearon las Bandas grupos de diez a doce personas divididas por género. Y más adelante se crearon las Clases de igual número, pero mixtas, y siguiendo un criterio de zonas geográficas de residencia.

De esta manera se puede apreciar la combinación lograda entre la emoción de los actos al aire libre, la socialización y alimentación ofrecida en las sociedades; la sacramentalidad impartida por la iglesia madre, otorgando institucionalidad a sus actividades y, por último, el seguimiento personal en las clases y bandas.

Esta red de contención, atención pastoral y capacitación para la tarea ofrecida por el metodismo originario fue, sin duda, una de las causales de su rápida expansión geográfica y numérica.

 

ORGANIZACIÓN

La red de contención funcionaba muy bien, pero Wesley no estaba dispuesto a que el Movimiento fuese solo una suma inconexa de Sociedades, debía darle una estructura orgánica a nivel nacional. El modelo de organización es el que define aún hoy al metodismo mundial: el de la Conexionalidad.

La orgánica de decisiones era vertical, con Juan Wesley en el vértice de la pirámide, bajo el cual se hallaba un puñado de presbíteros ordenados por la Iglesia Anglicana. Con el tiempo los presbíteros fueron en aumento hasta llegar a unos 300 a la muerte de Wesley, pero en los comienzos estos eran muy escasos. Esa realidad llevó a Wesley, no sin fastidio al principio, a darle oportunidad a los predicadores laicos, que fueron los que en realidad sostuvieron las parroquias diseminadas por toda Inglaterra. Los pastores ordenados, a su vez, eran los encargados de la itinerancia entre circuitos. Toda Inglaterra estaba dividida en circuitos que eran recorridos por los pastores ordenados de manera planificada. Esta actividad era la que encarnaba la real conexionalidad entre las sociedades metodistas: unificando la doctrina que se predicaba, impartiendo los sacramentos, detectando desvíos y abusos de poder y recabando información de la marcha de la tarea. Wesley mismo realizaba su itinerancia de manera sistemática dándole cohesión al movimiento y visibilidad pastoral a sus líderes.

En 1746 Wesley, por primera vez, convoca una Conferencia Anual (nombre con el cual aún hoy se conoce a la máxima instancia de decisiones de política eclesiástica del metodismo estadounidense en cada región). Hoy en día este espacio es una Asamblea deliberativa y electiva, pero en tiempos de Wesley era una Conferencia en el más estricto sentido del término. Wesley citaba a sus pastores ordenados (los predicadores laicos no participaban) con el objeto de dictarles conferencias sobre distintos temas que, por lo general, eran motivo de controversia y discusiones en alguno de los circuitos.

En las colonias americanas

En 1767 Wesley envía dos pastores para organizar a los metodistas dispersos que se encontraban en las colonias americanas. El paso a una nueva realidad demandó una nueva concepción organizativa. En Inglaterra el sistema continuó como Movimiento liderado carismáticamente por Wesley hasta su muerte. En las colonias, por el contrario, la falta de un líder reconocido debió ser suplantado con la institucionalización del movimiento, de manera que en 1784 el metodismo dejó de ser un Movimiento para transformarse en iglesia, se llamó Iglesia Metodista Episcopal.

El nombre dejaba traslucir solo a medias, las enormes discusiones, cismas y pleitos que había por detrás. El modelo Episcopal, no fue una decisión sencilla y fue muy resistida por grandes sectores que bregaban por un sistema más horizontal de presbiterios. Lo cierto fue que el modelo episcopal triunfó, en gran parte debido a la necesidad de mantener unida a una iglesia naciente, en plena expansión numérica y geográfica y en un terreno desconocido para los líderes ingleses que la dirigían.

En el siglo XIX, a raíz del ritmo del avance expansionista de los Estados Unidos hacia el Oeste, el metodismo iba creando Conferencias (regiones), las cuales crecían al ritmo del avance de las fronteras. Cada Conferencia estaba dirigida por un obispo y a su vez cada Conferencia se hallaba dividida en Distritos dirigidas por un Superintendente.

El presente del metodismo en Argentina

El metodismo en Sudamérica formó parte, hasta 1969, de la Conferencia Anual de Sudamérica al comienzo y luego, de la Conferencia Anual del Río de la Plata de la Iglesia Metodista Episcopal de los Estados Unidos. En 1969 se llega a la autonomía de las iglesias metodistas de América Latina, dando así nacimiento de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina.

Este paso importante para la vida de la iglesia en Argentina demandaba reconsiderar qué tipo de política eclesiástica se daría. Los dos antiguos modelos en disputa, en los orígenes del metodismo en los Estados Unidos, estaban presentes en la discusión: un sistema episcopal duro, vertical en la que el obispo tiene poder absoluto de decisión o un sistema de presbiterios (Asambleas) como espacios de decisión. Finalmente (fieles al anglicanismo) primó la vía media. El metodismo en Argentina se dió un sistema Episcopal, pero moderado, podríamos decir. No un Episcopado absoluto, como existe actualmente en los EEUU y en Brasil, sino un Episcopado parlamentario.

La autoridad máxima de la IEMA es su Asamblea General, que se celebra cada dos años, la cual es presidida por el Obispo, pero este tiene un voto como cualquier otro delegado, salvo en caso de empate que puede con su voto volcar la decisión.

La Asamblea General está formada por un representante de cada una de las congregaciones de la IEMA. Esta a su vez nombra una Junta General, órgano ejecutivo de las decisiones de la Asamblea que se reúne cada tres meses.

La Mesa Ejecutiva de la Junta general es una instancia permanente de trabajo que reporta a la Junta General y está formada por un Secretario/a General de Vida y Misión y un Secretario/a de Mayordomía y Finanzas.

La IEMA está dividida geográficamente en 16 distritos, con un superintendente distrital como supervisor. Cada distrito puede tener dos o tres circuitos que son la unidad básica de la planificación misional. Las congregaciones que conforman los circuitos y distritos están atendidas por un pastor/a o, llegado el caso, varias congregaciones comparten la labor pastoral.

Los últimos años de la IEMA han sido de mucha atención sobre su organización. Cada tanto es saludable reconsiderar algunos aspectos organizacionales para evitar que estos terminen ahogando la misión. El lema ha sido: ¡una organización en función de la misión y no a la inversa! En este sentido suenan muy sabias las palabras del mismo Wesley:

“Los metodistas deben estar atentos a su doctrina, su experiencia, su práctica y su disciplina. Si sostienen sólo sus doctrinas, se convertirán en antinómicos (1);  si solo les interesa  la experiencia de la religión, se harán entusiastas;  si solo atienden a la parte práctica, los hará fariseos; y si no atienden a su disciplina, serán como las personas que prestan mucha atención al trabajo de cultivo de su jardín, pero no ponen vallas alrededor de él  para salvarlo de los jabalíes del bosque”. (2)

  • Énfasis exagerado  en la salvación por Fe de algunos grupos calvinistas y luteranos del siglo XVI y XVII, que terminaban negando la necesidad de expresar la vida cristiana en obras de amor.
  • Rupert Davies, A. Raymond George, Gordon Rupp, eds. A History of The Methodist Church in Great Britain, vol. 4 (London: Epworth Press, 1898), p. 194.

 

Bruno nueva

Daniel A. Bruno
Pastor Metodista
Profesor de Historia
Licenciado en teología en ISEDET y Master en Divinidad en Drew University, New Jersey
Director del Centro Metodista de Estudios Wesleyanos (CMEW) Iglesia Evangélica Metodista Argentina
Director de la Revista Evangélica de Historia.

 

 

 

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Categoria: Edición 13 | Eclesiología, entrega 2, Política Eclesiástica

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