ECLESIOLOGÍA DE LA IGLESIA EVANGÉLICA DEL RÍO DE LA PLATA 1

| 24 noviembre, 2014

Qué es Eclesiología y como definimos Iglesia 

A la hora de considerar la constitución doctrinal y legal de una iglesia para su eventual revisión o mejor entendimiento, y asimismo a la hora de establecer pautas para su estructuración organizacional y su mayordomía, es indispensable comenzar con el estudio de la eclesiología.

Los reformadores (Reforma Protestante del siglo XVI) establecieron la pauta de que a los efectos de preservar la legitimidad y verdad de los enunciados de la fe y sus consecuencias para la vida, hace falta ir “ad fontes”, es decir hurgar en los inicios. Cuando hacemos esto al estudiar la eclesiología y a los efectos de fundamentar por qué afirmamos que la iglesia debe tener el perfil que Dios quiere que tenga, nos encontramos con un panorama bastante complejo.

La exégesis del Nuevo Testamento no nos puede arrimar resultados testimoniales demasiado consistentes, por lo que dependemos también de interpretaciones y autocomprensiones de la propia comunidad cristiana posteriores a los tiempos de redacción del Nuevo Testamento. El concepto de “sola scriptura” (solo la escritura) en este aspecto llega rápidamente a sus límites. En el Nuevo Testamento la palabra ekklesia aparece relativamente pocas veces –en los evangelios solamente tres veces; en siete libros del Nuevo Testamento incluyendo el Evangelio según Juan no aparece para nada. Etimológicamente el término ekklesia , que proviene del verbo griego exe- kaleoo ( llamar de entre), en el ámbito secular griego significaba la asamblea de los “llamados” o “elegidos” –hoy diríamos representantes, delegados, diputados. El concepto se adaptaría más bien para ser usado como sinónimo de lo que hoy llamamos un sínodo o asamblea de delegados eclesiales más que para significar una comunidad de vida permanente.

La Septuaginta, la versión griega del Antiguo Testamento, utiliza la palabra ekklesia ya en un sentido más amplio como el encuentro de la comunidad étnico-religiosa para traducir al griego el concepto hebreo qahal jahwe. Esa comunidad, hagamos la salvedad, también se consideraba como especialmente elegida, tenía que ver con el “resto santo” del pueblo de Israel, la comunidad sacral que adora en el templo. Finalmente también nosotros aceptamos que ekklesía es una comunidad de personas elegidas y llamadas por el Espíritu Santo. Esto es un concepto bien propio de la Reforma.

Pero, volviendo a los inicios, sea cual fuere la comprensión que del término ekklesia tuvieran los primeros cristianos, el término fue estableciéndose en la jerga cristiana con el correr del tiempo para significar a la comunidad de los que compartían la fe en Jesucristo más o menos organizada, aplicándoselo tanto a la comunidad local, como así también a la totalidad de las comunidades existentes, la iglesia en sentido “universal”, (ecuménico o católico). El término, tal cual, prevaleció en el ámbito latino (ecclesia) y en el que quedó acuñado en voces romances como: iglesia (español), igreja (portugués), chiesa (italiano), eglise (francés), etc. En el ámbito germano se consolidaron otros términos como kilche, kirche (alemán), kerk (holandés), church (inglés), kyrka (sueco), etc. que derivan del concepto griego kyrikè oikìa (casa del Señor) formado en tiempos del imperio bizantino y obviamente tiene más que ver con el edificio o lugar en el que se reunían los cristianos que con la comunidad misma. Curioso es que también los derivados romances de ekklesia se apliquen hoy por hoy más al edificio o a la institución global que a la comunidad local, salvando el caso de grupos libres y pentecostales que tratan de rescatar su significado original (“Asamblea de Dios” por ejemplo).

Pero más que el origen etimológico y uso técnico del término ekklesia, nos interesa el concepto que la comunidad cristiana tenía de sí misma. En la actualidad, creo que sobre esto reina el consenso de que la primitiva comunidad cristiana se entendía como el pueblo de Dios de los últimos tiempos convocado por el Mesías, Jesucristo, que se halla en marcha hacia y con la esperanza puesta en la concreción del Reino. Esta comprensión lleva finalmente al razonamiento de que la eclesiología debe fundarse en la cristología. En otras palabras: sin el hecho de Cristo no hay iglesia. No obstante no está claro hasta el día de hoy, si Jesús quería una iglesia. Sabido es que él proclamaba el Reino de Dios, que si bien ya está en medio nuestro gracias a su venida…., su pleno establecimiento es un hecho de concreción futura, aunque aparentemente inminente. Lo principal para Jesús fue el obrar un cambio de mentalidad en la gente, no tanto su organización social o la autoproclamación de su persona. No sabemos mucho acerca de la autoconciencia mesiánica de Jesús. Por tanto hay teólogos que también afirman: sin iglesia no hay hecho de Cristo y ven a la ekklesia cristiana en cierto modo como una continuación de la ekklesia tou Theou (iglesia de Dios = qahal jahwe) judía. De cualquier manera, dado que la segunda venida de Cristo se retardaba, pareciera haber sido inevitable la institucionalización de la(s) comunidad(es) cristiana(s).

Para la Iglesia Católico Romana y su particular teología y hermenéutica bíblica, no existen mayores dificultades a la hora de determinar el origen de la iglesia. Ella fue constituida por Cristo mismo sobre esa piedra fundamental que fue Pedro (Mateo 16:18). Es conocido que sobre ese acto la Iglesia Católico Romana fundamenta asimismo la creación del ministerio, la “sucesión apostólica” de los obispos y hasta la preeminencia del obispado de Roma, fundamento a su vez, para justificación de la institución del sumo pontificado.

Para nosotros, herederos de la Reforma, esta única cita bíblica es como insuficiente para establecer una doctrina de la iglesia y del ministerio como lo hace la Iglesia Católico Romana. En nuestro afán de hurgar más “ad fontes” nos encontramos con las dificultades ya apuntadas arriba. Con todo creo ver una cierta coherencia y complementariedad en los resultados a los que arriban los teólogos biblistas. Ciertamente no hay iglesia (cristiana) sin hecho de Cristo y no hay hecho de Cristo sin iglesia, o sea Cristo y la iglesia van juntos y esto se refleja asimismo en la metáfora aplicada por el apóstol Pablo cuando ilustra la comunión entre Cristo y la iglesia con la figura de un organismo viviente en el que Cristo es la cabeza y la iglesia con sus diversos miembros –cada uno con su don y por tanto función– el resto del cuerpo. Es una unidad inseparable, pues separada la cabeza del resto del cuerpo, ambas partes dejarían de existir.

Para el apóstol Pablo, Cristo y la comunidad de los suyos forman una unidad de dimensiones cósmicas que trasciende la realidad “carnal” de este mundo y permite superar las diferencias étnicas y de tradición religiosa entre cristianos de origen judío y de origen gentil, cuestión que era de suma importancia en la labor misionera de entonces. Iglesia existe ahí donde hay personas que están en Cristo. Es ella un anticipo del Reino de Dios, posibilitado por el Espíritu que envía el Señor y lo representa a él en medio de ella. La iglesia como comunidad temporal-histórica y a la vez como entidad espiritual-celestial es vista como una unidad. Más o menos lo ven así también los “padres de la iglesia” Ignacio, Ireneo, y otros.

La institucionalización de esa inicial comunidad escatológica con el avance del tiempo se fue dando en primer lugar como respuesta a la problemática de la unidad de la iglesia y luego como consecuencia de la distinción frente a otras corrientes religiosas existentes en las áreas de misión sobre las que iba avanzando. La primitiva ekklesia cristiana nunca pudo partir de la base subyacente de una comunión étnica coincidente con la comunión religiosa como en el caso de la qahal jahwe judía. Pero, no obstante, la qahal jahwe también estaba institucionalizada ya en los tiempos de Jesús. Funciones de administración de justicia y gobierno, funciones cúlticas y de preservación de la doctrina y funciones de recaudación de recursos ejercidas por ministros debidamente organizados se venían desarrollando desde hacía cientos de años en el seno de la nación judía. Los cristianos, por otro lado, tampoco estaban dispuestos a prescindir de la realidad histórica de la iglesia, al contrario de los gnósticos para los cuales la ekklesía era una entidad puramente espiritual.

Con la asunción de la fe cristiana como religión oficial del Imperio Romano por el emperador Constantino, la iglesia como institución comienza a afirmarse y a ganar poder terrenal. Por otro lado aumenta el influjo de ideas filosóficas en la búsqueda de sistematizar la concepción de la iglesia cristiana. El neoplatonismo se apodera de Dionisio Aeropaguita. Para él la iglesia terrenal es copia de otra celestial verdadera. Su énfasis en el ministerio como copia de supuestas estructuras celestiales, le da a este un poder tal, que reduce a la comunidad a simples súbditos de los obispos. En occidente, Cipriano continúa entendiendo la iglesia como la comunión de la “plebs credentium” (gente creyente). Sin embargo, enfatiza la importancia del ministerio y en el afán de establecer las condiciones bajo las que debe funcionar este, introduce en la iglesia todo el bagaje legal romano. La iglesia como institución social de derecho ya está prácticamente prefigurada. También de Cipriano proviene la afirmación “extra ecclesiam nulla salus” (fuera de la iglesia no hay salvación) .

No podemos seguir aquí en detalle todo el desarrollo que tomó la eclesiología, solo quiero mencionar de la época de los “padres de la iglesia” todavía a Agustín. La iglesia es la comunidad de los creyentes que se aman mutuamente. La “caritas” (amor derivado del aprecio) es el nexo espiritual entre el Reino de Dios y la Iglesia, que vendría a ser como una extensión de ese reino aquí en la tierra. Agustín, por otro lado diferencia entre la verdadera iglesia, cuyos integrantes y extensión sólo Dios conoce, y la iglesia visible. Parcialmente la iglesia invisible está presente en la iglesia visible. Muchas son las eclesiologías que luego se derivaron de la exuberante riqueza teológica de Agustín. En 1302 con la Bula “Unam Sactam” se define que la iglesia terrenal como institución sacramental es idéntica con la iglesia verdadera e invisible, de manera que la iglesia institucionalizada es poseedora de plenos poderes espirituales y seculares.

Contra esta concepción tan globalizante y absoluta de la iglesia, se rebela el franciscano inglés Wiclif y más tarde los demás reformadores. Martín Lutero enfatiza nuevamente con vehemencia la invisibilidad de la verdadera iglesia espiritual –preexistente desde los comienzos del mundo hasta el fin de los tiempos– que existe más allá de toda expresión terrenal e institucional. Su cabeza es Jesucristo y su espíritu la convoca y se halla bajo la cruz. La iglesia visible, como todo ser humano, está signada por el pecado y necesita de la justificación constante por su Señor. Ella tiene su espacio al lado del gobierno secular, pero no conforma una institución de derecho. Es el conjunto de los santos creyentes, discípulos (ovejitas) de Jesucristo.

 

 

Federico Schäfer

Federico H. Schäfer
Pastor emérito de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP)
Nacido el 28 de junio de1943 en la ciudad de Buenos Aires
Cursó estudios de teología en: Buenos Aires; Sao Leopoldo, Brasil y Berlín, Alemania
Ordenado al ministerio pastoral el 5 de abril de 1970 en Rosario
Ejerció su ministerio pastoral en: Entre Ríos, Misiones, Mendoza y Buenos Aires
Secretario Ejecutivo y finalmente Presidente de la IERP hasta fines de 2010
Actualmente miembro de la Junta Directiva de la FAIE

 

 

 

 

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Categoria: Edición 13 | Eclesiología, entrega 3, Notas de fondo

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