LOS MONTES DE DIOS III. UNA PROMESA DE DIOS CONFIRMADA

| 24 noviembre, 2014

En Génesis 22:1-18 encontramos una experiencia conocida por todos, pero que nos revela la obediencia y la rendición total son características que deberíamos alcanzar en el servicio a Dios.

V.1 “Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac a quien amas y vete a tierra de Moriah…”

Es interesante ver en estos versículos la actitud de Abraham ante el pedido de Dios. Después de haber recibido el milagro esperado (el hijo de la promesa), es probado en su corazón con el propósito de una rendición que lo llevaría a experimentar momentos donde su fe crecería inigualablemente.

A lo largo de la Escritura podemos observar pactos de Dios con la humanidad, hombres colmados de fallas y debilidades que experimentaron el amor y fidelidad.

V.2 “Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo…”

Su hijo, su “único” fueron palabras que marcaron la vida de este hombre. La fe y obediencia lo llevaron a tomar una decisión difícil. Entregar a Isaac tal como Dios se lo había pedido, esto lo llevaría a reconocer una vez más el poder y su misericordia infinita.

Quizá no sabía con exactitud lo que ocurriría en aquel lugar, pero de algo estaba seguro, que debía obedecer. Tiempo atrás diferentes sucesos le enseñaron a confiar en Su Señor.

¿Es posible que si Dios bendice cumpliendo con sus promesas, luego lo pida?

Cuando parece que todo lo anhelado ha llegado a nuestra vida, podríamos encontrarnos en tiempos de aparente dolor inexplicable. Abraham tomó a su hijo, preparó la leña del holocausto, tomó en su mano el fuego y el cuchillo. Todo estaba dispuesto, el momento había llegado.

La mirada con su amado hijo se juntan sin saber que pasaría. Y la pregunta de Isaac: ¿dónde está el cordero para el holocausto? Jehová proveerá del cordero – dijo Abraham – su confianza estaba intacta y lo lleva a declarar estas palabras cargadas de esperanza, Dios haría algo.

Es que Dios resucita aún de las cenizas lo que muere. Si él le dio el milagro de un hijo, él lo volvería a hacer. Al extender su mano para cumplir con el mandato, el ángel de Jehová lo detiene llamándolo por su nombre, y a poca distancia un carnero trabado en un zarzal.

El nombre de aquel lugar es “Jehová proveerá”, en el monte de Jehová será provisto.

Nuestro Señor conoce los corazones, la vida de este personaje es un claro ejemplo de que la relación íntima con Él es posible.

¿Qué sueños tenemos en el corazón? ¿Dios llegará a tiempo con lo que esperamos?

Hay muchas preguntas que vienen a nuestra mente luego de ver oraciones respondidas, pero de un momento a otro parece llegar la hora de la prueba.

Comprendí a lo largo de los años que esas palabras “Jehová proveerá” no tienen que ver con cosas que podamos recibir de esta tierra, ni siquiera de las personas que nos rodean.

Esta declaración de Abraham tiene que ver directamente con el Cielo, con lo sobrenatural, el gran “Yo Soy” está detrás de cada bendición recibida.

Y si Dios nos da, él tiene derecho de volvernos a pedir, porque a él le debemos todo lo que somos. ¡Qué bueno es estar en manos del Señor!

La obediencia y la rendición total son características que deberíamos alcanzar. No importa cuánto tiempo esperamos la promesa, llegará el día en que seremos probados por el magnífico amor de nuestro Padre.

No es que su mano nos suelta, sino que nos quiere llevar a un nuevo nivel de fe y dependencia de él.

Dios nos pide estar cerca para conocer realmente lo que es ser provistos en nuestras necesidades, pero también nos recordará que todo lo recibido es de él y para él.

Hay promesas en este pasaje de la Palabra, te bendeciré y te multiplicaré. También dice: en tu simiente serán benditas todas las naciones.

Las promesas de nuestro amado Dios son fieles. Somos parte de esas bendiciones que él ha derramado. ¡Cómo no estar agradecidos!

¿Estamos dispuestos a depender completamente de Él?

Este es un buen momento para examinar nuestra vida y comenzar a depender en cada circunstancia. Subir al monte siempre dará como resultado una experiencia enriquecedora porque el Señor nos espera allí.

Confiar en nuestro Dios es la mejor garantía de la bendición. Siempre habrá esperanza para los que amamos su nombre.

Oh Jehová, Dios de los ejércitos, ¿Quién como tú? Poderoso eres, Jehová, y tu fidelidad te rodea. (Salmos 89: 8)

 

 

Veronica Boelaert

Verónica Boelaert de Schaaf
Graduada del Instituto Bíblico Rio de la Plata.
Pastorea, junto a su esposo, la Iglesia Paz & Vida, Villa María (Córdoba).

 

 

 

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Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.

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Categoria: BIBLIA, Edición 13 | Eclesiología, entrega 3, Teología

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