¿QUÉ HAY DE NUEVO… VIEJO? Parte II

| 15 diciembre, 2014

Si tenemos una visión de Reino podremos pararnos en la puerta de nuestro edificio de reunión, y mirando hacia fuera podremos ver pasar muchos templos vacíos que necesitan ser habitados por el Señor.

REPENSANDO EL REINO

Como dice la Palabra en Mateo 4:23, Jesús predicaba el Evangelio del Reino.

Debemos reconsiderar estos principios y dejar de predicar un evangelio institucional. En el Evangelio del Reino el centro no es la Iglesia sino el Rey, el Señor Jesucristo “El Rey de Reyes”. La Iglesia que el Señor vino a edificar es el agente de extensión del Reino de los cielos, la encargada de anunciar el mensaje del evangelio de Cristo. Esto es un gran honor y a la vez una gran responsabilidad, ya que ni siquiera a los ángeles se les permite anunciar el Evangelio. Cuando Dios envió su ángel a la casa de Cornelio, el ángel no le predicó el Evangelio, sino que le dijo: tenés que llamar a Pedro, traerlo a tu casa y él te hablará palabras de vida. Y cuando Pedro vino a la casa de Cornelio, mientras hablaba, el poder de Dios cayó sobre todos los oyentes. “Que maravilloso es el Señor y que gran poder nos ha otorgado al confiarnos su evangelio”.

Como podemos ver: el Reino se extiende y se establece por la anunciación del Evangelio; o sea por la siembra de la semilla de la Palabra.

Por eso dice el Señor “he aquí el sembrador salió a sembrar…” Mateo 13

Cuando Jesús explica esta parábola a sus discípulos les dice:

  • el que siembra la semilla es el Hijo del Hombre (o sea Jesús). Mateo 13:37
  • las semillas son los hijos del reino (o sea nosotros los cristianos). Mateo 13:38b
  • y el campo es el mundo (o sea el mundo, no los templos). Mateo 13:38a

Cuando nosotros tenemos una visión de Reino, un Reino que ha venido con poder a este mundo; entonces miramos hacia afuera y entendemos que la obra del ministerio (como dice el apóstol Pablo en Efesios 4:12) la llevan adelante todos los santos (semillas, hijos del Reino) y lo hacen en el mundo, o sea dónde ellos mismos viven y en todo lugar que frecuentan y tienen la posibilidad de establecer el Reino del Señor, por la predicación poderosa del Evangelio.

Que maravilloso que no somos aquellos de junto al camino, que solamente oyeron la palabra, y como no profundizaron en ella el enemigo la robó de sus corazones. Sino que ya estamos en el camino, ya somos la semilla, ya la Palabra se ha encarnado en nosotros y estamos listos para ser sembrados por el Señor donde Él nos quiera sembrar; y le aseguro que este sembrador, no está pensando en sembrarlo dentro de las cuatro paredes del recinto de la iglesia local, sino afuera donde está la vida y donde está la necesidad, tal como Él mismo lo hizo.

Cuando tenemos mentalidad de Reino no estamos preocupados por llenar sillas vacías, no estamos pensando tanto como hacer para traer dentro del templo la gente que está afuera, sino que estamos pensando cómo hacer para impartir la vida del Reino y el poder del Evangelio a través de los santos en todos los lugares donde nos sea posible. O sea que entendemos que en esta nueva dispensación del nuevo pacto, los templos que tenemos que llenar no son aquellos hechos de manos, sino las mismas vidas que están vacías y necesitan a Cristo en su corazón, para convertirse en verdaderos templos del Espíritu Santo. Si tenemos una visión de Reino podremos pararnos en la puerta de nuestro edificio de reunión, y mirando hacia fuera podremos ver pasar muchos templos vacíos que necesitan ser habitados por el Señor.

Cuando nosotros los pastores y líderes tenemos una visión y mentalidad de Reino empezamos a mirar por la ciudad, por la nación donde vivimos, somos libres de una mentalidad temerosa y limitada que nos hace trabajar para mi Iglesia porque en realidad el Padre Celestial no nos ha dado a nosotros los pastores una iglesia, sino que a todos como pueblo le ha placido darnos el Reino.

No temáis, manada pequeña,

porque a vuestro Padre le ha placido daros el reino.

Lucas 12:32.

MENTALIDAD DE REINO

Para poder acercarnos simplemente a lo que significa tener una mentalidad de reino, necesitamos imprescindiblemente tratar de entender la mente del Señor, el Rey de este Reino “Por quién, en quién y para quién fueron creadas todas las cosas”. En consecuencia, nos sometemos absolutamente a la instrucción y guía del Espíritu Santo, “quien todo lo escudriña, aún lo profundo de Dios”.

El Apóstol Pablo concluye el capítulo 3, de la primera carta a los Corintios, aclarando que el hombre natural (racional) no percibe las cosas del Espíritu de Dios, porque para él son locura (irracionales), y no las comprende, pues no se pueden deducir con la mente natural, si no que deben ser discernidas por el espíritu del hombre bajo la unción del Espíritu Santo “la unción del Santo que está sobre vosotros les hará entender todas las cosas”.1 Juan 2:27

De manera tal que afirma el apóstol que el hombre espiritual tiene la capacidad por el Espíritu de Dios de juzgar (examinar, distinguir, investigar) todas las cosas y él no es juzgado de nadie. Porque (dice Pablo) “quién conoció primero la mente del Señor para que pudieran enseñarle” “más nosotros (los cristianos guiados por el Espíritu) tenemos la mente de Cristo”.

¡¡ESCUCHE!! ¡¡QUE BUENA NOTICIA!! No tenemos que esforzarnos, sacrificarnos y capacitarnos para tener una mentalidad de Reino, ya tenemos la mente de Cristo, es el maravilloso regalo de la gracia de Dios que nos ha alcanzado, de la redención y regeneración por su sangre, y esto totalmente gratuito, no por mérito propio si no por el puro afecto de su voluntad.

Por lo tanto amado hermano lo animo a que solo por la fe permita que esta mente de Reino, que es la mente del Señor, fluya a través de su vida y no trate de agregarle ningún aditivo, efecto especial, expresiones elocuentes que contaminen la maravillosamente pura, sencilla, práctica y fructífera sabiduría de Dios.

“Señor: todo lo has hecho perfecto a tu tiempo,

Y sobre lo que tú has hecho nada será agregado

Y nada será quitado”

Eclesiastés 3:11-14 

No olvidemos que sus pensamientos y sus caminos son más altos que los nuestros y que aún lo que nos parece insensato de Dios es más sabio que los más sabio de los hombres, y los que nos parece débil de Dios es más fuerte que lo más fuerte de los hombres.

Quisiera en este momento decir, como decía el Rey Salomón: “he observado, he visto entre la generalidad de los hombres una errada costumbre debajo del Sol; y es la manía de complicar lo sencillo, de torcer lo recto, de contaminar lo puro, de pervertir lo santo”

Cuántas veces pecamos de querer ser mejores que Dios y hacemos complicado y difícil lo que Dios manifiesta de una forma sencilla y práctica; no olvidemos que el Señor Jesús vino para llevar las cargas.

“El testimonio del Señor es fiel, que hace sabio al sencillo”.

Salmo 19:7

Muchas veces me he dado cuenta que un mensaje sencillo y práctico que el Señor me dio para una prédica se tornó en confuso y tedioso por mis agregados personales, aún cuando mi intensión era mejorarlo y enriquecerlo. Los mensajes de Dios no necesitan los agregados de los hombres (Un consejo práctico pastor: escuche a su esposa, ella que lo conoce, es especialista en mostrarle cuando habló de más).

Todo el trabajo artesanal del legalismo consiste en este principio: Complicar lo sencillo de Dios. Jesús dijo: “Los religiosos ponen cargas sobre la gente”; Jesús vino a llevarlas.

Nos fascinan los agregados personales, nos encanta escucharnos a nosotros mismos, vivimos seducidos por nuestros ideales y nos desesperamos porque nos oigan y valoren, pasamos gran parte de nuestro tiempo exhibiendo nuestra justicia ante los ojos de los hombres aunque el mismo Señor Jesús nos aconsejó no hacerlo.

Continuamente en las congregaciones escuchamos a hermanos decir “Dios me dijo” cuando en realidad Dios no le dijo nada. Y es casi imposible encontrar un hermano con ministerio profético con un verdadero espíritu de humildad que acepte ser corregido y enseñado sin envanecerse por la profecía. No es para nada extraño encontrar congregaciones enteras que viven exclusivamente alardeando de algunas manifestaciones del Espíritu y no conocen profundamente al Señor de estas manifestaciones.

Vivimos en una generación posmoderna, que valora extremadamente lo visual, lo sensual, lo llamativo, lo ostentoso, lo superficial, la imagen; pero que genera personas sin valores profundos, sin contenidos sustanciales, sin convicciones firmes. Esto lamentablemente, como el mundo quiere entrar en la iglesia, también se ve entre cristianos.

Entre los temas de los libros más vendidos de los últimos 30 años, usted podrá encontrar una amplia gama de estos hablando acerca de liderazgo y de la manera de ser victorioso y exitoso en la vida. Es muy comprensible que en una sociedad con una cosmovisión, como la de la sociedad posmoderna, en la cual encontramos una concepción de hombre egocéntrico, narcisista, hedonista, sensual, con la meta interna de alcanzar el bienestar personal, muchas veces sin tener en cuenta a sus semejantes se planteen y se desarrollen estas temáticas, como la del LIDERAZGO. Hoy aún dentro de la misma iglesia de Cristo, más del 80% de los cursos o congresos que se dictan son sobre liderazgo, formación de líderes, etc. Hoy encontramos Iglesias enteras que se autodefinen como iglesias de líderes o formadoras de líderes.

Yo soy un convencido de lo que plantea el hermano Rick Joyners cuando dice: “nada se ha logrado en la historia sin un líder que lo promoviera”, y que “el liderazgo es una de las mayores fuerzas de la sociedad”. Pero, sin embargo me preocupa la actitud y el paradigma de la concepción de liderazgo en esta sociedad posmoderna, sobre todo dentro de la iglesia.

Una vez charlando con un hermano me habló de que estaba preocupado por un virus que estaba contaminando a muchos cristianos y él lo llamaba el virus de la plataforma y, me decía entre sus comentarios, “es impresionante ver como una persona sencilla y alegre cuando sube a la plataforma se transforma en alguien muy serio e importante, se viste de un manto litúrgico y pierde la frescura de la espontaneidad”.

Creo que uno de los errores en cuanto a la enseñanza del liderazgo es enfatizar demasiado la connotación de jerarquía. He visto muchos jóvenes salir de institutos de capacitación con gran ímpetu y deseo ministerial, pero con una actitud de búsqueda de éxito, que muy poco tiene que ver con la humildad de siervo de la cual habló el Señor Jesucristo y enseñó con su propio testimonio.

Mi opinión personal es que necesitamos más escuelas formadoras de servidores que de líderes. Necesitamos para alcanzar y cumplir la gran comisión cristianos que no esperen su recompensa de los hombres sino de Dios, que quieran hacerse los últimos, lavando los pies a la gente antes que exigir honra y reconocimiento por su liderazgo. No necesitamos líderes que ministren con una actitud de estar por encima, sino líderes/siervos que verdaderamente les interesen las personas, que las amen, que las comprendan que les tengan paciencia, que inviertan tiempo en ellas.

 

Ricardo-Dening

Ricardo Dening
Licenciado en Psicología Clínica
Pastor principal del Centro Cristiano Rey de Gloria
Iglesia Internacional del Evangelio Cuadrangular

 

 

 

 

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Categoria: Edición 13 | Eclesiología, entrega 5, Teología Pastoral

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