ECLESIOLOGÍA DE LA IGLESIA EVANGÉLICA DEL RÍO DE LA PLATA 4

| 22 diciembre, 2014

La Iglesia Evangélica del Río de la Plata.
Reacción de la eclesiología sobre la base de las políticas de los países.
Organización de la iglesia en libertad y perseguida.

La Iglesia Evangélica del Río de la Plata como iglesia cristiana es heredera de la Reforma protestante. Y dado que lo es a través de la antigua Unión Prusiana, se puede decir que es heredera plena de la Reforma, pues visto el carácter unido heredada de aquella y la posterior adhesión a la Concordia de Leuenberg (Sínodo de la IERP de 1980) en ella se reúne y se puede manifestar toda la riqueza de la teología y eclesiología de la Reforma.

La Confesión de Augsburgo (CA) (1530) define a la iglesia así: “….habrá de existir y permanecer para siempre una santa iglesia cristiana, que es la asamblea de todos los creyentes, entre los cuales se predica genuinamente el Evangelio y se administran los Santos Sacramentos de acuerdo con el Evangelio.- Para la verdadera unidad de la iglesia cristiana es suficiente que se predique unánimemente el Evangelio conforme a una concepción genuina de él y que los sacramentos se administren de acuerdo a la palabra divina. Y no es necesario para la verdadera unidad de la iglesia cristiana que en todas partes se celebren de modo uniforme ceremonias de institución humana. Como Pablo dice a los Efesios en 4, 4-5: ‘Un cuerpo y un espíritu, como fuisteis llamados en una misma esperanza de vuestra vocación: un Señor, una fe, un bautismo’”.

Esta versión de alguna manera conformaba a todos los reformadores. Esta misma definición de una u otra forma está presente hasta hoy en las constituciones eclesiásticas y reglamentaciones de todas las iglesias provenientes de la Reforma y más allá de ellas. Posiblemente aún en otras iglesias no se niegue que iglesia existe allí donde se predique la palabra de Dios y se administren los Sacramentos. Las diferencias comienzan en relación a quienes son los autorizados y responsables por la “correcta” predicación de la palabra y la “correcta” administración de los sacramentos o sea en relación al ministerio de la iglesia. Otras diferencias aparecen en cuanto a la caracterización de la “palabra de Dios” y a la valoración de los “medios de gracia” o sea en relación a la doctrina de la iglesia. Finalmente otras diferencias se dan en cuanto a la estructuración de la iglesia empírica y su disciplina. Sin embargo con respecto a este punto dice la Confesión de Augsburgo que tampoco es necesario que exista plena uniformidad en todas las comunidades. La estructuración de una iglesia es una convención humana. No hay mandato divino que exija una determinada forma.

La teología protestante moderna tampoco contradiría esta sumamente escueta definición de iglesia. Seguramente la ampliaría diciendo que la palabra divina nos revela que el hecho de Cristo, Dios encarnado, apunta a restablecer la comunión entre él y los seres humanos y la comunión entre los seres humanos entre sí. Y que por tanto la iglesia es la reunión de los humanos convocados por Dios que siempre de nuevo se suscita a lo largo de la historia. No es una simple sumatoria de creyentes, sino una comunión, el pueblo de Dios.

Pero como una comunión de personas reales, históricas, en el aquí y ahora, siempre toma la forma de un ente empírico de características sociológicas. Las formas estructurales que toma la iglesia, como ya vimos, pueden ser distintas de acuerdo a las circunstancias históricas, particularmente las legales y sociológicas, pero deberán ser compatibles con la palabra (voluntad) de Dios. Nunca se debe olvidar, que por más sociedad civil que sea, la iglesia es conformada por vocación divina. La unidad de la iglesia no forzosamente demanda una unidad estructural, no obstante esta es deseable, visto que sería expresión visible de su esencia que –eso si por mandato del propio Jesucristo– es la de ser una comunión, un cuerpo con su cabeza Jesucristo.

Por razones históricas y geográficas y la falta de suficiente consenso en cuestiones de doctrina y estructura entre diversos grupos de cristianos, que si bien justificados, permanecen aún siendo pecadores, el pueblo de Dios en su peregrinaje aquí en la tierra desafortunadamente no conforma una comunión orgánica. Así existen en este mundo innumerables iglesias particulares, muchas de las cuales establecen para sí la soberbia pretensión de ser las únicas que son verdaderamente fieles a Jesucristo y proclaman el verdadero evangelio. Las otras, aunque no todas hayan dado ya el paso de ser miembros del movimiento ecuménico, menos aún del institucionalizado en el Consejo Mundial de Iglesias, al menos creen que constituyen parte del cuerpo universal de Cristo: entienden que no son la Iglesia, pero sí son parte integrante de ella. La mayoría acepta el concepto de que la unidad está dada en Cristo mismo.

Según los países en que se encuentra una iglesia, deberá encontrar la forma de insertarse en su respectiva sociedad. En países en donde no existe libertad de culto y donde una comunidad cristiana no es aceptada por la legalidad vigente o ésta es incompatible con los principios cristianos, una iglesia deberá conformarse con una eventual estructura interna y una existencia clandestina. Pero visto el mandato misionero de la iglesia, la clandestinidad no puede ser una forma de existencia duradera. La iglesia no es una sociedad secreta, está llamada a proclamar el evangelio a viva voz. En los estados en los cuales la iglesia cristiana no es perseguida, la misma buscará formas de existencia reconocida, se adecuará, eventualmente de manera crítica, a la legalidad vigente.

La estructura de una iglesia entonces estará condicionada a la eclesiología y a su doctrina por un lado y a las condiciones históricas por otro, las cuales eventualmente hasta podrá llegar a modificar. Visto que el amor de Dios hacia los hombres otorga libertad (y por tanto tolerancia hacia otras concepciones religiosas), que la mayoría de los estados de derecho modernos aceptan la libertad de cultos y que el pecado imposibilita la unidad orgánica de la iglesia visible de manera que existe una pluralidad de iglesias particulares, no es practicable una estructura teocrática y desaconsejable una unidad entre poder estatal y poder eclesiástico. Como la iglesia cristiana (heredera de la Reforma) tampoco busca el poder, se adaptará criticamente a las reglas de juego del estado en que está inserta, elevando eventualmente su voz profética y ofreciendo resistencia cuando el estado se extralimita en sus poderes.

 

Federico Schäfer

Federico H. Schäfer
Pastor emérito de la Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP)
Nacido el 28 de junio de1943 en la ciudad de Buenos Aires
Cursó estudios de teología en: Buenos Aires; Sao Leopoldo, Brasil y Berlín, Alemania
Ordenado al ministerio pastoral el 5 de abril de 1970 en Rosario
Ejerció su ministerio pastoral en: Entre Ríos, Misiones, Mendoza y Buenos Aires
Secretario Ejecutivo y finalmente Presidente de la IERP hasta fines de 2010
Actualmente miembro de la Junta Directiva de la FAIE

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.

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Categoria: Edición 13 | Eclesiología, entrega 6, Notas de fondo

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