LOS MONTES DE DIOS VII. El cambio buscado entre el monte Sinaí y el Sermón del monte.

| 5 enero, 2015

El hombre, la tierra y todo en lo que en ella habita ha sufrido un cambio de gobierno, la interrupción del gobierno divino.

El nuevo “príncipe” ha llegado al trono por medio de la voluntaria decisión del hombre que lo ha legitimado generación tras generación, habiéndole conferido legalidad y poder para su libre accionar a través del ejercicio de sus actos en obediencia al mismo; principado de muerte cuyas políticas son dirigidas por hombres conquistados enteramente por la ambición, el orgullo, el egoísmo y el engaño, que a lo largo de la historia han intentado legitimar, de una u otra forma, sus nefastos actos de injusticia, explotación y abuso lo que, como es de conocimiento de todos nosotros, ha dado origen a las más cruentas guerras por la conquista de territorios y dominios, en donde algunos parecieran ganar más a costa del empobrecimiento, la consecuente opresión y pobreza de la mayoría instaurando un gobierno de injusticia y desigualdad.

La decisión y el propósito del Padre ha sido recuperar el gobierno sobre su creación, con el fin de reestablecer en ella el orden divino y un gobierno donde reinen la justicia, la equidad y la paz en la tierra. Ha abdicado a tomar y ejercer el poder a través del uso de la fuerza, habiendo resuelto recuperar Su trono en forma legítima por medio de la libre y voluntaria elección del hombre, convocándolo someterse bajo Su gobierno y soberanía a fin de liberarse de los vicios del hombre carnal para encaminarse en la búsqueda del alineamiento con los propósitos divinos, por medio del estudio profundo y el entendimiento, la revelación y el discernimiento que el hombre puede alcanzar entrando a las esferas del gobierno pleno y actual de Cristo en el espíritu y por la fe, tomado de lo sobrenatural para establecerlo en el orden natural.

En el pasaje de Éxodo 19, se evidencia el inicio de un gobierno en gestación; Dios gobernaría a través de su pueblo al que constituiría en una Nación, le daría un territorio y una constitución que sentara las bases para garantizar la prosperidad, el orden y la paz de la misma; y, a partir de ella, su extensión hacia el mundo para recuperar su trono en todas las naciones. Como bien sabemos, el pueblo había permanecido por años bajo un yugo de esclavitud. Jehová vio y oyó el clamor de su pueblo, y fue por tal razón que convocó a Moisés para su liberación, así como posteriormente a Josué para la conquista del territorio que les sería entregado.

Sin embargo, luego de la muerte de este último, La Biblia nos dice que “se levantó una generación que no conocía a Jehová” (Jue.2:11). ¿Cuál podría ser la razón de ello siendo que el pueblo israelí había tenido líderes de la talla de Moisés y de Josué? ¿Habría llegado el pueblo a comprender que eran ellos como un todo el principal protagonista de la historia, habrían dimensionado lo que se esperaba de ellos? ¿Habrían alcanzado el nivel de comprensión y entendimiento requerido para estar a la altura de los propósitos de Jehová para toda la tierra?, o ¿será que quizás se habían contentado con la mera obediencia irracional al líder, depositario del direccionamiento divino para luego obedecer y repetir leyes y prácticas que no comprendían, por lo cual rápidamente se abandonan?

Contextualizando y haciendo manifiesta mi inquietud al respecto: ¿Cuál es la razón por la que después de haber tenido al más grande líder de la historia, Jesucristo, que nos ha marcado un camino, que nos ha abierto una brecha, que nos ha dejado ejemplo, aun hoy, como iglesia y, hablando en líneas generales, no hemos logrado posicionarnos en la sociedad para influenciarla haciendo manifiesto el gobierno de Cristo a través de llevar a la acción políticas que transformen las realidades existentes? ¿Cuál es la razón por la cual pareciéramos aferrarnos a leyes escritas del pasado y obsoletas ya, y no hemos sido capaces de interpretar al mundo y darle respuestas? Será temor…, o ¿será que hemos estudiado de memoria las leyes en nuestros seminarios bíblicos, pero no hemos aprendido a crecer en revelación y entendimiento para discernir las necesidades más profundas del ser humano y de esa forma accionar con planes de acción concretos para producir las trasformaciones requeridas?

Ex.19:19: “Y dijeron a Moisés: Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos”. Ante la imponente majestad del Dios todopoderoso manifiesta en aquel monte, el pueblo temió, haciendo el más absurdo e irresponsable pedido; “Moisés habla tú con nosotros para que no muramos”. Simplemente el pueblo prefirió oír la voz de un líder ante que oír la voz de Dios.

A mi entender este acontecimiento marca el inicio de un largo proceso donde el pueblo de Dios se ha desentendido de su propósito y ha trasferido su responsabilidad en manos de unos pocos y mortales líderes que infelizmente acabaran por abandonar la tierra, como Moisés, Josué, los que han hecho historia en su paso entre nosotros y los que podemos conocer actualmente.

La idea original de Dios fue un pueblo entendido para restaurar la tierra por medio de su accionar y gobernar en su nombre hasta la llegada de su gobierno pleno. Comprender, entender e interpretar el deseo del Padre significaba alcanzar madurez, requería que no solo el líder, sino todo un pueblo fuera testigo de la realidad sobrenatural y eterna de Dios en el hombre, libre de toda religiosidad y tradicionalismos; solo de esta forma, como un cuerpo maduro, podrían asumir la identidad de reyes y profetas para ejecutar los propósitos divinos en la tierra. El pueblo de Israel, por generaciones, ofrendó, diezmó, sacrificó y adoró sin entendimiento, solo siguiendo pautas establecidas, consecuencia de haber escuchado y obedecido la voz del líder, pero no haber tenido una experiencia íntima y sobrenatural con el Eterno suficiente como para discernir su voz.

Transcurrida la vida de Moisés así como la de Josué, se levantó en Israel una generación que no conocía a Dios, y por lo tanto incapaz de hacer a Dios conocido en medio de su generación. Conocían la historia, conocían la ley pero no conocían a Jehová, el dador de la ley, aquel que, aunque la ley pueda volverse obsoleta por el paso del tiempo y los cambios profundos en las sociedades, permanece para siempre y es fuente de toda Ley en todos los tiempos.

Unos cuantos siglos posteriores, el inoperante obrar de los fariseos, simples conocedores de leyes escritas pero carentes de poder y revelación suficiente como para no reconocer al Ungido de Dios llegando al mundo, lleva al eterno Dios a una nueva convocatoria, esta vez El mismo en la persona de Jesucristo. (Mateo 5).

En un nuevo monte, el Hijo de Dios y el pueblo; UN PUEBLO que a diferencia del anterior estaba determinado a subir a un encuentro con su Dios, a aceptar el llamamiento, a reposicionarse, a aceptar su responsabilidad y propósito, y a dejarse transformar por la realidad manifiesta alrededor del Maestro, siendo impartidos por su vida, revelación, sabiduría y conocimiento; siendo capaces de esa forma de trasformar todo lo que ha perdido su forma original.

Todos y cada uno de ellos habían sido llamados a formar la patria celestial que establecería y expandiría el gobierno de Cristo por los confines de la tierra. Debían ser entendidos en los tiempos, entrenados, equipados. Esto los dimensionaría y los llevaría a estar a la altura de lo que el gobierno de Cristo requiere para ser manifiesto y tocar todas las naciones. No bastaba con el solo conocimiento las leyes, era necesario ir más allá, conocer y oír sin intermediarios al Dios eterno, tomar de su realidad espiritual y establecerla en el orden natural.

No podremos cumplir su propósito de expandir su gobierno por toda la tierra si nos aferramos a leyes que fueron escritas para un tiempo determinado, en un contexto particular y para una generación específica; es necesario el conocimiento revelado del espíritu que cargan esas leyes, el Espíritu de la Palabra para poder contextualizarla a la realidad actual, de lo contrario seremos siempre una minoría idealista más en la sociedad cuyas leyes han quedado obsoletas con el trascurso del tiempo.

Lo que Él dijo ayer, lo dijo en un contexto determinado, para un tiempo y para una generación específica. Hoy nos enfrentamos a una generación nueva, con nuevas realidades y necesidades; y es necesario que conociéndolo el Espíritu de Dios, seamos capaces de dar respuestas a esta generación presente. Su voz puede cambiar, porque la humanidad y los contextos cambian, lo que no cambia es su esencia y la realidad de su gobierno eterno. Es a Él a quien debemos buscar y volver a escuchar para cambiar lo que Él ha dicho en el pasado, por lo que Él está diciendo ahora, interpretar su voz y generar respuestas, presentar proyectos de leyes, diseñar planes de acción concretos que creen el espacio necesario para que Él pueda manifestarse.

Es necesario que comprendamos que, esta misión a la que se nos convoca, requiere no solo de unos pocos pastores y líderes dirigentes, sino de conducir a todo un pueblo a la experiencia profunda de oír la voz del Padre, de crecimiento en revelación y entendimiento de los propósitos divinos, haciendo de cada uno de ellos un potencial agente de trasformación; recordando que ésta es una misión corporativa donde la cooperación y el trabajo en equipo es fundamental para el cumplimiento y la profundización de los mismos a través del el tiempo.

Necesitamos elevar nuestra estatura, nuestra comprensión y entendimiento; la misión de gobernar en el nombre de Cristo requiere hombres y mujeres no improvisados, sino entrenados a fin de ser capaces de analizar críticamente las diferentes problemáticas que atañen a nuestra sociedad y generar respuestas ofreciendo alternativas coherentes, teniendo nuestros objetivos claros, trabajando en equipo y unificando ideas, esfuerzo y voluntades para la cooperación en el proceso de trasformación.

 

Silvina Daniela Nostas

Silvina Daniela Nostas
Graduada del Instituto Bíblico Río de la Plata, especializada en misionología.
Estudiante de Licenciatura en Relaciones Internacionales y ciencias políticas en la Uesiglo21.
Colabora en la formación del liderazgo y desarrollo de proyectos.

 

 

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 13 | Eclesiología, entrega 8, Teología

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