ESCUELA DE PROFETAS

| 12 enero, 2015

Este es un tema que está dando vueltas por las Iglesias y es necesario tener una opinión al respecto. Para el creyente común, el profeta es profeta porque Dios le dio un don. La pregunta es ¿Se puede enseñar un don?, la respuesta sería no; es igual que preguntarle al evangelista Carlos Annacondia cómo sucede el milagro de la sanidad.

El término escuela de profetas se lo saca del Antiguo Testamento, en el caso de Elías y Eliseo. En el Nuevo Testamento hay que hacer “malabares” para encontrarlo ya que estamos en la gracia y bajo el ministerio del Espíritu Santo. Ningún teólogo puede pasar por alto este detalle, sobretodo porque Jesús afirmó que la ley y los profetas eran hasta Juan.

Se supone que los que apoyan esto tendrán otra teoría y querrán imponerla a cualquier precio y resultado, no midiendo las consecuencias. Y las consecuencias son muchas; aquí voy a expresar lo que yo he visto, escuchado y cuales fueron los resultados. Tengo amistad con gente que está a favor de este ministerio y los veo actuar.

Primero diré que estoy a favor de creer en el ministerio profético, eso no sólo se aprende de la Biblia, sino recorriendo el mundo y viendo como funciona. Lo que sí vamos a poner en balanza es si se puede transferir este ministerio a través de la enseñanza. Pablo dijo: “… procurad los dones espirituales, pero sobre todo que profeticéis”, pero no mencionó una escuela. Para ser ordenado lo expresaré por puntos.

  1. Las consecuencias de los alumnos de dicha escuela: se transforman en personas que buscan descubrir cosas en todos los demás y esto hace que todos resulten sospechosos, al punto de ser juzgados, cosa que está prohibido en el Nuevo Testamento.
  2. Actúan a espaldas del pastor, dando mensajes privados a personas, siguiendo un plan no integrado a la Iglesia.
  3. El creyente suele dar más crédito a un supuesto profeta que al consejo pastoral porque cree que Dios mismo está hablando.
  4. Las personas que aspiran a profetizar, sin tener el don, especulan con los gestos y actitudes corporales para dar un mensaje ambiguo o sólo bíblico sin ser esto una revelación.
  5. El profeta bíblico no busca status y raramente se siente cómodo que lo llamen profeta, los que especulan con el acertijo se jactan de estar a otro nivel espiritual.
  6. El profeta admite equivocarse. Recuerde que la profecía puede ser juzgada, ¿por qué? Porque se da como cierto algo que se cumple y si no se cumple, se considera que Dios no habló.
  7. El mundo evangélico es muy crédulo. Es malo hablar en nombre de Dios, si Dios no habló, ¿quiere correr ese riesgo, sólo un aprendiz?
  8. El profeta debe ser reconocido y aceptado, no sólo dirá bendiciones sino descubrirá situaciones adversas bien puntuales para arrepentimiento o guía. No divaga, es específico.
  9. La credulidad puede ser peor que la incredulidad. Si el creyente toma una falsa profecía como cierta, ocurrirán algunas cosas: se frustrará, dividirá la iglesia o se irá. Se usa en estos medios un texto que dice “Serás cabeza y no cola”, como que hay que ser primero en todo, olvidándose que Jesús se hizo último, para ser primero.
  10. Luego sigue el texto y dice, “la cola es el falso profeta”. Me intriga una cosa ¿Por qué se aceptan las teorías sin probarlas? ¿Acaso el pueblo de Dios no es sabio? o ¿Se maneja el error? Creo que los tiempos están demostrando el estado de la espiritualidad.
  11. Confieso mi ignorancia es esto que diré: Cuando el profeta presiona para que se crea que se cumplirá lo que dice, ¿es profecía? La profecía establece un hecho cierto que sucede o sucederá (el caso de cómo lo atarían y llevarían preso a Pablo). Pregunto, ¿Existe otro tipo de profecía?
  12. El daño que causa un aspirante a profeta, equivocándose, es enorme. El trabajo en sí es para un espíritu humilde, si no lo tiene, viene el engrandecimiento, porque da a entender que está más cerca de Dios que otro. Esto se debe a que se piensa que el profeta sabe todo y oculta secretos morbosos no mencionados. Se le teme, por eso se le obedece.

A esta altura les cuento una anécdota que me ocurrió a mí. Fue hace muchos años, invitamos a un profeta a predicar y la última noche me dice: “Pastor, yo no le dije pero acostumbro a levantar una ofrenda para nuestro ministerio”. Por supuesto me cayó de sorpresa y accedí para evitar entredichos ya que como siempre teníamos una suma preparada para darle. Cuando se contó la ofrenda, “la que él había levantado” era mucho más de la que nosotros habíamos preparado. ¿Qué hice?, le di sólo la que él levantó, ¿Por qué?, porque me di cuenta que el pueblo paga para que Dios le hable. La idea del soborno a Dios y al profeta no cambió.

Nehemías relata en el capítulo 6:10-12 que el profeta Semaías fue sobornado por Tobías y Sanbalat. Quiero terminar diciendo esto, la escasa obediencia y santidad del pueblo genera profetas que transan con el dinero y hablan de su prosperidad delante de quien se está, para aumentar su renta. Observen que no hay palabras de consagración sino palabras de prosperidad, grandeza y gloria.

¿Escuela de profetas? decídalo usted. A mí no me asustan, sí me asusta lo que está escrito y temo a la Palabra de Dios. Sigo creyendo a los profetas que Dios levanta.

 

Carlos Kucharenko

Carlos Kucharenko
Licenciado del Instituto Bíblico Río de la Plata
Pastor de la Iglesia “Templo Buenas Nuevas”, Paraná, Entre Ríos
Realizador del programa televisivo “Buscando la Excelencia” (canal 9 y canal 11- Paraná) Director Ejecutivo de la Radio FM 95.5 Mhz “Buenas Nuevas”
Tareas ministeriales en países de la región, en América del Norte y en Europa

 

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que, fiel a sus principios, no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.

Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.

La dirección de Cordialmente procura que la expresión bíblica “examinadlo todo, y retened lo bueno” sea el objetivo, por lo cual se invita a los distintos escritores a presentar sus fundamentos dejando el juzgamiento del artículo en cada uno de los lectores.

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Categoria: BIBLIA, Edición 13 | Eclesiología, entrega 9, Teología

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