PENSAR LA MISIÓN DE LA IGLESIA A 40 AÑOS DEL PACTO DE LAUSANA

| 12 enero, 2015

Este año 2014, se cumplieron cuatro décadas del denominado “Pacto de Lausana” (1974), documento que estableció una hoja de ruta acerca de la forma de hacer misión, para la gran mayoría de las iglesias evangélicas. Lamentablemente hoy la mayoría de los creyentes desconocen su contenido. Creemos que hay un antes y un después del “Pacto” en la misiología cristiana, y que a los 40 años del mismo, es valioso reflexionar sobre ese documento y los posteriores producidos por el Movimiento de Lausana, a los efectos de encontrar respuestas teológicas concretas, que guíen la práctica misionera actual.

 

Lausana es una bella ciudad de Suiza ubicada a orillas del lago Lemán, habitada desde el siglo IV a.C., y elegida en 1974 para realizar lo que algunos consideran una de las más importantes reuniones de la cristiandad protestante-evangélica de toda la historia, en el denominado Primer Congreso Internacional de Evangelización Mundial. Este evento tuvo la más alta representación obtenida hasta ese entonces, y llegó a ser reconocido como “Lausanne 74”. La revista Time lo describió como un foro formidable, quizá la reunión cristiana global no católica más importante jamás celebrada hasta entonces (Padilla, 1986). Este Congreso realizado del 16 al 25 de julio de 1974, fue determinante para dar una identidad a cientos de millones de cristianos evangélicos en todo el mundo, conciliando la evangelización y la responsabilidad social como partes inseparables de la misión integral cristiana. Fue patrocinado por la Asociación Evangelística Billy Graham, y dio lugar al denominado “Pacto de Lausana”, un documento de 2.700 palabras, dividido en quince secciones, redactado bajo la dirección del teólogo John Stott (1921-2011), considerado como una de las 100 personalidades más influyentes del siglo XX. (1)

 

Este Pacto ha orientado gran parte de la misión y doctrina del disperso cristianismo evangélico en todo el mundo, adoptándolo muchas denominaciones e iglesias, como declaración de fe y principios. Aunque, en la actualidad, los miembros de las iglesias no conozcan de Lausana 74, gran parte de la misión y eclesiología evangélica, están orientados por los lineamientos que allí se trazaron. Aunque muchos creyentes ignoren este Movimiento, la forma en la que ellos hoy conforman la iglesia, se gestó en gran medida en el año 1974. El “Movimiento Lausana” ha realizado decenas de conferencias hasta la fecha, produciendo un material teológico de envergadura. (2)

 

El Pacto de Lausana fue precedido por tres vigorosos movimientos evangélicos, que se dan en la segunda mitad del siglo pasado:

  1. La renovación de la evangelización masiva, representada principalmente por Billy Graham; 2. Un fuerte avance en la reflexión teológica, siendo John Stott uno de sus principales exponentes;
  2. El crecimiento explosivo del Pentecostalismo (Escobar, 1990).

Estos tres movimientos convergieron en el principal precedente de Lausana, que fue el Congreso Mundial de Evangelismo en Berlín 1966. Dentro de estos movimientos, va surgiendo una nueva generación de líderes que no temían confrontar con el mundo académico, diferenciándose de la postura anti-intelectual que habían mostrado hasta ese entonces los evangélicos fundamentalistas, que frente al temor de las teologías liberales o sociales, habían rechazado todo acercamiento a cuestiones intelectuales y políticas (Stott, 1990).

Uno de los principales méritos de Lausana 74, fue encontrar el equilibrio entre aquellos teólogos liberales que cuestionaban el énfasis en el nuevo nacimiento de San Juan 3 y la conversión, y los que realizaban la misión, pensando que ésta consistía sólo en predicar y aumentar el número de la membresía de la iglesia (Steer, 2011; Rey, 2011). Aquí es fundamental la participación de John Stott, quien enfatiza la centralidad de la cruz en el evangelio y contribuye a “recuperar la identidad evangélica” en la necesidad del “llamado a la conversión” a través de la evangelización. Se reafirmó que el mensaje de salvación es personal y espiritual, en contra de las corrientes teológicas que deseaban utilizar el evangelio como un pretexto para la liberación económica y política (Stott, 1996); además se acallaron las voces de aquellos que clamaban por una moratoria en la actividad misionera, identificando culturas y pueblos no alcanzados (Ruiz M., 2012).

Los principios esbozados desde Lausana 74 afirman que la misión es de Dios, en lo que algunos denominaron posteriormente como “Misso Dei” (Roy, 1998, Bosch, 2005; Wright, 2009). La teología de Lausana tiene un enfoque de la misión, que pone en primer plano la acción de Dios, afirmando que la misión es ante todo y sobre todo, realización suya, una empresa divina. (Steuernagel, 1996). La teología de Lausana parte del supuesto de una “hermenéutica misional”, ya que la misión es un tema constante que desarrolla y une toda la Escritura (Wright, 2010). Esto nos hace comprender que la misión ya no se limita a la evangelización y la acción social, sino que es parte de un proyecto superador, que es “la redención de toda la creación”, esto abarca a las personas, la sociedad en su conjunto, y el medio ambiente: “Al llevar a cabo su misión, Dios transformará la creación rota por el pecado y el mal en la nueva creación donde ya no habrá más pecado ni maldición”.

Al cumplirse 40 años del Pacto de Lausana, podemos encontrar en ese documento y los posteriores del Movimiento de Lausana, respuestas teológicas concretas para guiar la práctica misionera actual. Un cambio de paradigma es necesario para que la iglesia evangelística, que ha conseguido un aumento considerable de creyentes pero con escaso impacto social, se transforme en iglesia misional. El Movimiento de Lausana afirma que “en el Nuevo Testamento hay una estrecha asociación entre el trabajo de evangelización, la plantación de iglesias y el trabajo de educar a las iglesias”. La evangelización masiva, la plantación de nuevas iglesias en los centros urbanos, y la formación de nuevos discípulos que sean modeladores de cultura y líderes sociales, son los recursos adecuados para una misión cristiana integral, integrada y efectiva.

La teología de Lausana hoy se encuentra más vigente que nunca, y nos ayuda a repensar la misión de la iglesia, asumiendo un rol profético y protagónico para acercar el Reino de Dios y su justicia, a un mundo alejado de su Creador, y necesitado de su redención, autoridad y señorío.

  • Revista Time (2005)
  • Además del Pacto de Lausana (1974), el Manifiesto de Manila (1982) y el Compromiso de Ciudad del Cabo (2010), a la fecha hay 65 papers ocasionales del Movimiento, y numerosas declaraciones teológicas, frutos de las distintas conferencias internacionales realizadas.
  • CCC – 2010 Primera Parte. 10 Amamos la Misión de Dios.
  • CCC – 2010 IIF. Asociarse en el cuerpo de Cristo para la unidad en la misión.

Esta nota es una síntesis de la tesis de Maestría en Teología realizada por el doctor Bedrossian, aprobada por el Seminary South African Theological (SATS).

El autor hace un especial reconocimiento por los valiosos aportes de Samuel Escobar y René Padilla, principales protagonistas latinoamericanos del Pacto de Lausana.

La tesis fue dirigida por el teólogo doctor Alberto Roldán bajo la supervisión del seminario FIET, cuyo rector, el doctor Norberto Saracco, es director internacional para América Latina del Comité de Lausana.

 

Ricardo Bedrossian

Ricardo Bedrossian
Pastor en la Ciudad de Buenos Aires
Abogado, docente y doctor Economía Social

 

 

 

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Las notas publicadas en esta edición digital reflejan la opinión particular de los autores.

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Categoria: Edición 13 | Eclesiología, entrega 9, Evangelismo, MINISTERIOS

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