PERSPECTIVA ECLESIOLOGICA DE LA UNION DE LAS ASAMBLEAS DE DIOS

| 26 enero, 2015

La Unión de las Asambleas de Dios surge como parte del movimiento pentecostal, a comienzos del siglo XX. Muchos cristianos, en varias partes del mundo de diferentes denominaciones y de grupos independientes oraban por un despertar espiritual, trayendo a memoria las promesas sobre ‘las lluvias tardías’ y el derramamiento del Espíritu Santo para los postreros días.

En un seminario en Topeka, Kanzas, los profesores y alumnos, estudiando las referencias bíblicas sobre el bautismo del Espíritu Santo, hablaron en lenguas y profetizaron. La noticia llegó a Texas, al sur de California, a Chicago y fue en la calle Azuza, en Los Ángeles, donde se produjo un avivamiento de características tales que la experiencia pentecostal se expandió rápidamente, llegando a Noruega, Suecia, Inglaterra, Alemania, India, Chile, Holanda, Brasil, Argentina y otros.[1]

Como parte del movimiento pentecostal, la Unión de las Asambleas de Dios no ha desarrollado un manual de eclesiología. La teología pentecostal, propiamente dicha, se caracteriza por el sentido práctico, experimental y no escrito. Es todo un desafío, para las nuevas generaciones documentar lo que es una realidad experiencial de la vida de las iglesias.

Es así que trataremos en este artículo, humildemente, de describir algunos aspectos de la eclesiología de la Unión de las Asambleas de Dios.

La Unión de las Asambleas de Dios es una fraternidad de iglesias evangélicas que creen, enseñan y practican el evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.[2] Posee una declaración de fe donde están definidas las Doctrinas Fundamentales, dejando especificado que la Palabra de Dios, la Biblia, es regla de fe y conducta para los creyentes y es autoridad final.[3]

La Iglesia es el cuerpo de Cristo, el templo del Espíritu Santo y el Pueblo de Dios. El propósito de la Iglesia es adorar a Dios, edificar a los creyentes, evangelizar al mundo. Una de las características que ha marcado a las iglesias de la Unión es la urgencia de la evangelización, en cumplimento de la Gran Comisión dada por el Señor Jesucristo (Mt. 28:19-20; Mr. 16:15-18), antes de su Segunda Venida.

La forma de gobierno de esta fraternidad de iglesias es Congregacional Representativo. Es decir, la Asamblea Local es autoridad en sus asuntos internos, pero está sujeta a las disposiciones de la Unión de las Asambleas de Dios en cuanto a credo y normas de conducta.

Entendemos que uno de los motivos fundamentales, que ha permitido la gran expansión de este movimiento pentecostal, ha sido el equilibrio entre la organización nacional y el libre trabajo a nivel local. Siguiendo la orientación de las iglesias autóctonas, los misioneros de las Asambleas de Dios, en general, han trabajado con ahínco formando iglesias que crecieran hasta autogobernarse, autosostenerse y autopropagarse.[4]

La Unión se ha expandido a lo largo y a lo ancho del territorio argentino, contando actualmente con centenares de iglesias y miles de creyentes que forman parte de esta fraternidad. En un siglo de existencia ha podido alcanzar un grado de madurez y aceptación de las diferentes tradiciones, costumbres y formas de trabajo en las iglesias locales. Esto no siempre ha sido así en su historia.

Hoy podemos ver en sus filas desde comunidades con una fuerte tradición pentecostal clásica, hasta muchas de las mega iglesias del país, con un mover de las corrientes neocarismáticas, conviviendo con una tensión mínima y respeto, entre sus ministros y ministerios.

Otra de las características de esta fraternidad es la formación de sus ministros y obreros. Según rige en su Reglamento Administrativo[5], para obtener credenciales ministeriales, es necesaria una formación teológica y ministerial básica. La fraternidad provee institutos de residencia en tres regiones del país, o institutos externos, o seminarios a distancia, todo con el propósito de formar a los obreros cristianos.

Pero entendemos que el motor propulsor de la gran expansión ha sido el libre desarrollo de los dones espirituales y el especial énfasis pentecostal del bautismo en el Espíritu Santo con la evidencia inicial de hablar en lenguas, seguido por milagros, prodigios y maravillas. Buscando una espiritualidad profunda a través de la oración, ayuno, vigilias que impulsa a los creyentes a una urgente evangelización de todo lugar.

Tal vez el gran desafío pendiente, para una equilibrada comprensión de la eclesiología de la Unión, es el aspecto administrativo y jurídico. Parte desde su institucionalización misma el 6 de junio de 1947. Hasta esa fecha los misioneros norteamericanos y canadienses habían trabajado libremente con obreros argentinos en diferentes lugares de país.

Debido a las exigencias del gobierno de tener fichero de culto y la necesidad de la personería jurídica para poder escriturar las propiedades a nombre de las iglesias, los misioneros y obreros nacionales se reunieron históricamente en la localidad de 25 de Mayo, Provincia de Buenos Aires, para constituir lo que hoy se conoce como Unión de las Asambleas de Dios.

Si bien, en muchos aspectos esta institucionalización ha sido funcional para la organización de las iglesias de la Unión, no obstante, al igual que las demás denominaciones y grupos evangélicos en general, produjo una constante tensión[6] en la comprensión de la eclesiología y la administración de la institución frente al Estado.

En el área espiritual y ministerial tenemos una eclesiología que se ha ido fortaleciendo a lo largo de este siglo. En el área social y administrativa es difícil y tenso encontrar la figura legal, que pueda interpretar esta eclesiología. Bregamos por una reforma de las leyes del país que provean una personería jurídica religiosa acorde a nuestra vivencia eclesiástica.

[1] Louie W. Stokes, Historia del Movimiento Pentecostal en la Argentina, Buenos Aires: 1968.
[2] www.uad.org
[3] Unión de las Asambleas de Dios, Manual Bíblico de la Iglesia Local, Buenos Aires: 1992.
[4] Melvin L Hodges, La iglesia autóctona, Sprinfield, Missouri: Gospel Publishing House, 2006.
[5] Reglamento Administrativo de la Asociación Civil Unión de las Asambleas de Dios, aprobado en 1992.
[6] Hilario Wynarczyk. Ciudadanos de dos mundos, Buenos Aires: USAM, 2009.

 

Ramón Ángel Rodriguez

Ramón Ángel Rodríguez
Pastor de Iglesia “La Paz” en el barrio de Flores (CABA)
Profesor en el Instituto Bíblico Río de la Plata
Licenciado en Teología (ISUM)
Maestría en Teología Práctica (Facultad de Teología de las Asambleas de Dios)
Doctorado en Ministerio, en curso (Seminario Internacional Teológico Bautista)

 

 

 

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Categoria: Edición 13 | Eclesiología, entrega 11, Notas de fondo

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