ECLESIOLOGÍA: LOS PADRES

| 2 febrero, 2015

El formato sobre la Iglesia aparece tardíamente en la historia del pensamiento cristiano. Tuvo sus primeras manifestaciones al fin de la Edad Media y su coronamiento en el concilio.

En este desenvolvimiento eclesiológico, distinguimos tres fases orgánicamente ligadas entre sí: “padres y teólogos de la Edad Media”, “constitución del tratado De ecclesia”, “actual renovación teológica”.

I. De la eclesiología de los Padres de la Iglesia a la de laEdad Media

Ni los padres de la Iglesia, ni los teólogos de la Edad Media, construyeron un tratado de eclesiología. Ello depende de la naturaleza de la revelación y del desenvolvimiento dogmático: antes de ser objeto de una doctrina, la realidad de la Iglesia constituye ya un presupuesto de la proclamación del evangelio; la Iglesia va indisolublemente unida a él.

Por esta razón, la experiencia de la Iglesia regenerada por el Espíritu (dada como don del Padre por el Hijo resucitado) condiciona toda la reflexión cristiana. Edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, la Iglesia congrega a los discípulos en Cristo; ella se entiende a la luz de la revelación entera, especialmente a la luz de la vida y obra de Cristo, actualizadas en el Espíritu Santo, que hace de la comunidad de los creyentes el lugar de una existencia totalmente nueva y el signo del cumplimiento del designio de Dios sobre el mundo.

Desde los padres, la Iglesia se presenta al mundo como anuncio y presencia de la salvación traída por Cristo. En ella se da la participación de la vida nueva en el Espíritu. En cuanto signo eficaz de la resurrección de Cristo, la Iglesia se entiende a sí misma como principio de salvación, en virtud de su relación a Dios a través de la misión del Hijo, y como meta de la salvación gracias al Espíritu.

Determina su relación a judíos y gentiles proclamando la potestad que se le ha dado en el Espíritu de interpretar la Escritura por encargo de Cristo, y su poder de comunicar el Espíritu a todos los hombres. La Iglesia desenvuelve el contenido de la fe; y la eclesiología es así un presupuesto de la cristología explícita y de la doctrina sobre la Trinidad.

A partir de la experiencia eclesiológica, la teología patrística, reflexionando sobre la historia de la salvación con ayuda del principio hermenéutico que se le ha dado en la Palabra viva de Dios, en Cristo, llega a conocer la dinámica de dicha historia, la cual sale de Dios y a través de Cristo llega a la Iglesia.

Tomando origen en la “Palabra”, la Iglesia, dentro de la línea de la encarnación y vista desde pentecostés, es el despliegue del misterio pascual. Puesto que representa a la humanidad, en cuanto ésta tiene en Cristo su cabeza y está vivificada por el Espíritu, la  Iglesia no es extraña a la vida del mundo y de los hombres; ella es la humanidad constituida en Cristo y salvada en esperanza.

1. Para los padres, la Escritura entera habla de Cristo y de la Iglesia, a la que ellos ven a través de las imágenes bíblicas (pueblo, cuerpo, templo, casa, esposa, rebaño, viña, ciudad, reino, campo) y de las interpretaciones tipológicas del AT. Siendo conscientes de la eterna y escatológica realidad salvífica, que está presente y actúa en cada una de las Iglesias parciales, los padres centraban su atención en los siguientes temas:

A- Espíritu;
B-, la esencia de la Iglesia entera por la fe, el amor, la oración, el testimonio;
C-, amor y paz, la concordia entre las Iglesias locales;
D- la colegialidad del episcopado. En los padres hallamos también importantes principios eclesiológicos: apostolicidad y sucesión apostólica (Ireneo); episcopado (Cipriano); validez de los actos (Agustín), etc.

2. Los teólogos de la edad media permanecen aún fieles a esta visión patrística, centrada en la historia de la salvación. Tomás trata de la Iglesia dentro del misterio de Cristo. La Iglesia participa del misterio de Cristo y de la Trinidad; en virtud de esa participación se realiza la imagen de Dios en nosotros, a través de la encarnación y resurrección y en el Espíritu.

Con la idea del carácter instrumental de la humanidad de Cristo, Tomás desarrolla una teología de Cristo como cabeza de su Iglesia y de la Iglesia como cuerpo de Cristo. La eclesiología permanece así en una perspectiva teológica, cristológica, pascual y escatológica.

Aunque los teólogos de la edad media vean en la Iglesia ante todo una sociedad espiritual de comunión con Dios en Cristo, fecundada por el Espíritu Santo, una congregatio fidelium, sin embargo ellos no desconocen la forma de existencia visible e institucional de esta sociedad espiritual. Esta visión patrística y teológica significa para la eclesiología la primacía del Espíritu y de la ontología de la gracia.

La Iglesia procede del designio eterno del Padre, de la misión del Hijo y de la del Espíritu Santo, que se dirigen a la humanidad entera.


II. La constitución del tratado sobre laIglesia
 

Puesto que la Iglesia era para los padres la salvación eterna misma y, bajo el aspecto visible, la comunión de las diversas Iglesias locales, ellos no insistieron mucho en su estructura de cuerpo universal. Pero no la desconocían, pues el segundo concilio de Nicea (del año 687) lo afirmó.

Gracias al derecho canónico, se desarrolló por lo menos en germen la idea de la Iglesia. Como sociedad, al concebirse la unidad de la Iglesia a semejanza de una ciudad o de un reino, las categorías jurídicas y sociológicas se introducen en el pensamiento eclesiológico.

El tratado sobre la Iglesia, dado en germen con la concepción de la reforma gregoriana, fue tomando consistencia progresivamente bajo la presión de dos series de acontecimientos que se condicionan mutuamente:

1º. Los conflictos entre la Iglesia y los poderes políticos (que comienzan con Felipe el Hermoso y llegan a su punto culminante en los siglos XIX y XX) obligan a la Iglesia a definirse desde su propia naturaleza;

2º. Las críticas ponen en tela de juicio la estructura concreta de la Iglesia y su fin sobrenatural (las herejías espiritualistas y dualistas del siglo XII, de los valdenses, albigenses; fomentan la crítica a la Iglesia por su vinculación a intereses temporales y su poder político, y ponen en duda radicalmente la función de la Iglesia, la cual llega a su punto cumbre en la “reforma protestante” y luego en el “racionalismo”).

El estudio de la gracia divina es el comienzo de una evolución que, con Canisio y Belarmino, llevará a incluir en la definición de la Iglesia. La relatividad de la situación eclesiástica y social del cristianismo propugnada por el espiritualismo de Hus y de Wiclef, que se apoya en una interpretación unilateral de temas agustinianos, como el de la Ecclesia praedestinatorum, electorum o canctorum, el de la gracia, ete., desvirtúa la pertenencia al organismo visible e histórico de la Iglesia, pero a la vez hace posible un mejor análisis de la posición eclesiástica en relación con la pertenencia de los miembros al cuerpo de Cristo.

El desarrollo de las ideas conciliatorias, las cuales, en dependencia de tendencias individualistas y bajo el influjo del concepto de representación, entendieron la Iglesia como congregatio fidelium, tuvo como consecuencia las grandes obras de Juan de Torquemada (Summa de Ecclesia, 1436) y de Juan de Ragusa, que fueron los primeros tratados sistemáticos sobre la Iglesia; pero en ellas se acentuaron excesivamente las nociones de reino y de poder.

El Solstitium de 1440 (M. Ourliac) constituye un giro decisivo en la evolución de la eclesiología.

La reforma protestante puso en tela de juicio toda la mediación eclesiástica (primado del papa, poderes de obispos y sacerdotes, autoridad de la tradición, del magisterio, del sacerdocio y de los sacramentos); ya no se dice nada de la relación de la eucaristía con la Iglesia. De la noción de cuerpo de Cristo se conserva sobre todo el aspecto exterior y propiamente social de la Iglesia. Pero, en comparación con la tradición patrística y medieval, esa concepción de la Iglesia se ve nuevamente en conflictos internos

 

III. La renovación teológica

Después de las grandes crisis del siglo XVIII y de la revolución francesa, al lado de una corriente de restauración, orientada hacia la autoridad, que desemboca en el concilio, se desarrolla en el siglo XIX una corriente de renovación de la eclesiología por el retorno a las fuentes patrísticas y medievales.

Esa corriente comenzó con la escuela de Tubinga (Drey, Mtihler, Hirscher, Kuhn), que, con la concepción de una teología del reino de Dios, revalorizó la idea del cuerpo de Cristo vivificado por el Espíritu.

La Iglesia ya no aparece ahora primariamente como una sociedad visible y jerárquica, dotada de un magisterio, sino como una comunidad de vida orgánica con Cristo. A pesar de ciertos influjos románticos (idea de pueblo y organismo), que restaron valor a estos intentos, la Iglesia volvió a ser objeto de la teología en la totalidad de su realidad.

Esta teología alcanzó su pleno desarrollo en la renovación que siguió a la primera guerra mundial. La Iglesia fue considerada esencialmente como la congregatio fidelium, como cuerpo de Cristo penetrado por la vida divina que brota de la Trinidad, esto dio valor, con tan hondo alcance, de la concepción de la Iglesia como cuerpo de Cristo en el plan salvífico de Dios.

Las investigaciones teológicas se desarrollaron luego en líneas complementarias: la Iglesia como sacramento, la Iglesia como comunidad, la Iglesia como misterio. Este proceso eclesiológico se desarrolló en relación con la renovación bíblica y litúrgica, con la acción de los laicos, con la idea de misión y la historicidad de la Iglesia.

Así se recuperó la idea de pueblo de Dios, el sentido del dinamismo misionero, la tensión hacia la escatología, la comprensión de la comunidad como comunión, la colegialidad, etc.

En las obras de los teólogos modernos va apareciendo poco a poco una síntesis eclesiológica, orientada hacia la plenitud del misterio de Cristo y abierta enteramente al mundo. En la actualidad estamos encaminados para una síntesis eclesiológica armónicamente construida y desarrollada.

 

Matias Suarez

Matías Alarcón Suárez
Graduado del Instituto Bíblico Rio de la Plata.
Se está preparando para ir de misionero a China, a donde irá a radicarse en unos pocos meses más.
Ya ha estado predicando en China.

 

 

 

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Categoria: Edición 13 | Eclesiología, entrega 12, Notas de fondo

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