PASTORES CON LA ACTITUD DE CRISTO

| 13 abril, 2015

Recuerdo una historia que leí alguna vez, sobre un varón de origen chino que poseía muchas riquezas, este se encontró con la verdad del evangelio y se convirtió profundamente a tal punto que gastó todo su dinero y vendió sus posesiones para ganar a sus compatriotas.

 

Tal era su identificación con el perdido que al ver la condición de los chinos, siendo vendidos como esclavos para trabajar en las minas de plata del Sur de América, él mismo se vendió como esclavo para poder llegar a ellos a través del amor de Dios.

Se cuenta que al morir dejó en pie una iglesia de 200 miembros que se convirtieron a causa de su testimonio, por haber vivido como esclavo, entre esclavos, para alcanzar algunos.

Asimismo nuestra historia ha sido marcada por hombre y mujeres que han dejado todo por alcanzar al necesitado.

 

Meditando con respecto a las historias de estos hombres y mujeres, que dieron todo por la extensión del reino, y pensando cuál ha sido el impulso que los llevó a tal entrega, he llegado a la conclusión que se resume en una sola palabra: compasión.

A través de ella soy trasladado al texto bíblico. Viene a mi mente la escena del Señor Jesús alzando su mirada y fijándola sobre la multitud que desesperadamente le seguía buscando respuestas. En ese instante, su corazón enternecido, conquistado por tanta perseverancia, inspira uno de los textos que trazaría el propósito de la iglesia y la manera de llevarlo a cabo.

“Cuando Jesús desembarcó y vio tanta gente, tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor.”[1]

 

Comúnmente se considera que el discípulo debe parecerse a su maestro o, en el mejor de los casos, debe superarle. Pensando en la escena de Jesús, relatada en el evangelio de Marcos, y reflexionando en nosotros “Su Iglesia” como discípulos y herederos de su legado, me pregunto ¿Estamos teniendo esa compasión?

La iglesia que debería llevar el legado de Jesús, estando a las alturas de tan gran maestro, es aquella que tiene la capacidad, en primer lugar, de poder alzar su mirada y fijarla en la multitud que está a la deriva “como ovejas sin pastor”. Es muy oportuna la comparación que el Señor hace, no hay otro animal tan dependiente como las ovejas, éstas necesitan de mucho cuidado, sin un guía comienzan a vagar y terminan siendo presa de los depredadores.

Tal era la situación de aquellas personas, sin líderes que alimentasen sus almas, seudos pastores que tenían sus miradas puestas en sí mismos, discutiendo por banalidades y preceptos legalistas, pero incapaces de alzar la mirada y ver la verdadera necesidad de las multitudes.

 

En segundo lugar, debe ser capaz de tener un corazón tan adiestrado por el Espíritu Santo como el de Cristo, para poder tener compasión. La traducción literal de la expresión “tuvo compasión” sería “habiendo sido conmovido dentro de sí”.

Jesús es capaz de tener empatía, identificarse con sus miserias, sentir sus cargas, pero no quedaría solo en su interior tal compasión, sino, como diría Hendriksen, “para él la compasión no es sólo una emoción, es un tierno sentimiento que se transforma en acción efectiva. No es una mera emoción sino una acción; mejor aún, toda una serie de acciones. Les enseña, les sana, les alimenta”[2].

 

No solo era un sentimiento que brotaba de lo más profundo de su ser (“sus entrañas”), sino que este sentimiento se reflejaba en un accionar por parte de Jesús

Por el contrario y, muy a mi pesar, encuentro que en la actualidad en la mayoría de las iglesias estamos más centrados en lo que pasa adentro, habiendo perdido el horizonte y dejando de ver como Cristo vería. Manteniendo disputas sin sentido, como cuantos cargos tienen cada uno, cual es el cargo más alto o más de moda, teniendo compasión solo de nosotros mismos porque quizás no alcanzamos la fama, el dinero o la comodidad deseada. Disputando quién tiene más autoridad y hasta dónde alcanza el poder de la unción sobre nosotros. Mientras que en otra realidad diferente en la que estamos sumergidos, están ellos, “los que no tienen pastor”, las multitudes perdidas, sin respuestas, siguen su camino sin rumbo hacia lo que será su castigo y fin eterno.

 

Creo que como Iglesia y, sobre todo, como ministros a cargo de las mismas debemos volver a la fuente, “al antiguo y buen camino”[3]. Cambiar el enfoque de nuestra mirada, despertando a la realidad que nos rodea, recuperando la capacidad de poder mirar hacia afuera, al necesitado, al que vaga por el mundo sin sentido, alzando la mirada como Cristo lo haría. Debatir, ya no por cargos o recompensas materiales, sino planteando estrategias para alcanzar a esa masa de hombres y mujeres sin pastor, teniendo compasión por cada una de sus vidas necesitadas. No una compasión que solo reconozca la realidad y se duela de ella, sino una compasión seguida de acción, que dará como resultado una iglesia que se compromete, se involucra, alimenta el alma y trae soluciones. Generando revolución en el entorno que nos rodea y produciendo un verdadero cambio.

 

Alzándonos entonces como esa luz que se enciende para alumbrar en un mundo entenebrecido, para ser la guía, el faro que lleve a esa multitud a tener un encuentro con el único y verdadero Pastor de pastores, con Cristo. Siendo fieles al legado y mandato de nuestro maestro “predicar el evangelio a toda criatura”, tratando de parecernos como Iglesia cada día más a Él.

El interrogante es que si como “Su Iglesia”, sus representantes, seguiremos mirando hacia adentro a nosotros mismos o si al igual que Cristo, somos capaces de alzar nuestra mirada y fijarla en la multitud para tener compasión de ellos. La decisión es nuestra, aún resta hacer historia.

[1] Marcos 6:34 Nueva Versión Internacional
[2] COMENTARIO AL NUEVO TESTAMENTO por WILLIAM HENDRIKSEN Exposición del Evangelio según San Marcos
[3] Jeremias 6:16 (Paráfrasis)

 

Dario

Darío Palavecino
Graduado del Instituto Bíblico Río de la Plata.
Alumno de la Escuela De Ministerio Juvenil IBRP
Estudiante de Abogacía Universidad Nacional de la Matanza (UNAM)
Actualmente colaborador en la Iglesia “Cristo es la Respuesta” en Villa Amelia, Libertad, partido de Merlo; la misma pertenece al “Movimiento Cristiano y Misionero”

 

 

 

 

 

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Categoria: Edición 14 | Ser Iglesia aquí, hoy, Editorial, entrega 7, Reflexiones

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