TEOLOGÍA URBANA DEL SIGLO XXI PARA EL MUNDO HISPANO

| 20 abril, 2015

No es suficiente afirmar que no nos gustan nuestras ciudades.
Debemos trabajar para cristianizar nuestras ciudades.
Es lo que entendemos y definimos como Teología Urbana la cual debes ser a la vez una Teología Contextual.

La Reforma Protestante recuperó la Teología Contextual del Nuevo Testamento. Como todos sabemos, en el texto bíblico, la vida de Jesús es explicada desde cuatro perspectivas diferentes para tratar de alcanzar, con cada una de ellas, a audiencias diferentes.

Esa teología contextual fue perdiéndose, con el paso de los años, bajo la aspiración de ofrecer todo un sistema teológico que fuera una respuesta completa en sí misma.

Desde hace tiempo hemos entendido que ese no es el camino o, cuanto menos, no es el camino para nuestro tiempo y, por esa razón, la teología contextual es la teología que debemos recuperar.

 

Las Cuatro Marcas de la Iglesia
Desde mi perspectiva, el repensar la teología contextual, debemos hacerlo desde los dos vectores que definen la vida de la mayoría de la gente: la Ciudad y Mi Ciudad. Es decir: la urbanización del mundo y las características de la ciudad en la que vivimos.

Una mirada a la historia de la Iglesia no ayudará a entender mejor, con un ejemplo, el proceso al que debe someterse la teología en su responsabilidad de aportar nuevas respuestas, a situaciones nuevas, sin cambiar la esencialidad del mensaje.

En el Siglo IV surgió el donatismo.

Los donatistas, con su lectura del espíritu de los textos evangélicos desde el Antiguo Testamento ­–en lugar de leerlos desde Jesús–, quisieron imponer la ley, en lugar de aplicar la Gracia a aquellos Obispos que durante la persecución imperial habían sucumbido ante las amenazas oficiales.

Señalaron con el dedo a los Obispos que habían entregado copias de las Sagradas Escrituras a la seguridad del estado imperial para ser destruidas. No contentos con plantear dejarlos fuera de la Iglesia, propusieron la invalidación de todos sus actos ministeriales tales como ordenaciones, bautizos o enlaces matrimoniales.

Dado que no toda la Iglesia respiraba los mismos aires donatistas, la teología se encontró ante la necesidad de dar adecuada respuesta a dichos planteamientos.

La respuesta vino de la mano de San Agustín quien fundamentó su alegato en las Cuatro Marcas de la Iglesia.

El Credo del año 381 d.C. había establecido que la Iglesia era “Una, Santa, Católica (es decir: Universal) y apostólica”.

Al situar en la centralidad del debate teológico las Cuatro Marcas de la Iglesia Antigua, era cuestión de tiempo que la luz del cisma donatista se apagara.

Al ser la Iglesia una, es decir: Universal, el situarse fuera de esa Iglesia (como hicieron los donatistas) era situarse fuera de la única Iglesia posible. Por tanto, si los donatistas tenían otra teología que la establecida por la Iglesia, dejaban de ser Iglesia.

 

La Universalidad y la Apostolicidad de la Iglesia
La teología y la historia dieron la razón a Agustín y el donatismo terminó apagándose.
Sin embargo, la Tarea Teológica que se había impuesto a la Iglesia, con motivo del cisma donatista, ha marcado la historia del cristianismo hasta el día de hoy.

De las Cuatro Marcas históricas dos de ellas son las que hoy definen nuestro entendimiento eclesiástico: La Universalidad y la Apostolicidad.

El desarrollo del Credo Niceno-constantinopolitano incorporó dos elementos clave a la teología: la geografía y la historia.

La Iglesia empezó, pues, a definirse en función de esas dos variables. Definición que perdura hasta el día de hoy.

Es decir: La Iglesia es una y se extiende por todo el mundo conocido.

La Iglesia se sucede a sí misma por continuidad histórica.

Una primera ruptura del vector geográfico tuvo lugar con motivo del Cisma del año 1054. Fue en ese año cuando la Iglesia Oriental y Occidental se separaron por el famoso añadido, por parte de esta última, de la palabra “Filioque” al Credo reconocido por ambas.

Esta primera ruptura visible de la Universalidad Geográfica de la Iglesia, tuvo una relativa repercusión, porque ambas Iglesias siguieron siendo el reflejo de su propia realidad.

En tanto y cuanto vivieron la separación ensimismadas en sí mismas se mantuvieron separadas, la una de la otra, desde su propia afirmación. Esta cosmovisión limitada hizo posible el entendimiento teológico de la universalidad circunscribiéndolo a su espacio geográfico.

 

Aportaciones de la Reforma Protestante
Con la llegada de la Reforma Protestante, del Siglo XVI, la Tarea Teológica tuvo de añadir un nuevo reto a los dos anteriores.

La Eclesiología dejó de tener una dimensión exclusivamente geográfica para añadir a la misma una dimensión territorial.

Las Iglesias más próximas a la Reforma Luterana, definieron su eclesiología en función de su criterio geográfico nacional: de su territorio. Fueran Luteranas o Reformadas añadieron a su teología la definición geopolítica.

Así hubo, y sigue habiendo, la Iglesia Luterana Alemana o Danesa, para poner dos ejemplos, o la Iglesia de Escocia, para poner un ejemplo de la Iglesia Reformada.

Esta nueva definición teológica, del entendimiento de la Eclesiología de Iglesia, no fue compartida por todos los que se identificaron con los principios doctrinales de la Reforma.

Las llamadas Iglesias Libres, es decir: todas las que no fueron reconocidas como Iglesias Nacionales, no se definieron a sí mismas en función de la geografía política, sino en función de su misionología, (aunque su entendimiento de la misionología fuera muy diferente del que tenemos hoy gracias al surgimiento del movimiento pietista).

Si la Reforma Protestante situó fuera de la historia la apostolicidad de la Iglesia, al vincularla a la doctrina: la justificación por la fe, también cambió el paradigma geográfico de la Iglesia.

La Iglesia no solamente dejaba de ser geográficamente una, sino que pasaba plural, una en cada territorio político, y a ser diversa, porque incluso en ese mismo territorial político podían haber simultáneamente más de una Iglesia.

Tras la Reforma la Iglesia se entendió a sí misma como:

Una, en lo espiritual porque en lo concreto se manifiesta diversa dado que se expresa en diversas formas.

Santa, porque desde siempre, Cristo la santifica como su esposa.

Universal y no porque representa un territorio y un entendimiento de la fe en ese territorio, sino porque está presente en muchos territorios y desde diversas teologías.

Apostólica, no por la razón de la continuidad histórica, sino por la fidelidad doctrinal.

 

La Tarea Teológica después de la Reforma
Al preguntarnos, en el día de hoy, como revivimos el espíritu de la Reforma Protestante –cuando estamos cerca, el 31 de Octubre de 2017 en el cual se cumplirá su quinto centenario– debemos plantearnos cuál es la Tarea Teológica que debemos afrontar.

Desde la Reforma, las Cuatro Marcas de la Iglesia se han redefinido y ese entendimiento permanece hasta hoy. Sin embargo, lo que nos enseñó la Reforma fue un criterio de aplicación más que una única definición posible.

Los Reformadores definieron su Eclesiología y su Acción Eclesiástica en función de la nueva geografía política –tal y como anteriormente había hecho Agustín– en la que vivieron.

La Tarea Teológica que hoy tenemos por delante es la de recuperar la geografía para definir el ámbito de nuestro acción y hacerlo desde una Teología Contextual.

Lucas nos ofrece la pauta bíblica a seguir.

El ámbito geográfico establecido por Lucas para la acción de Dios Espíritu Santo es, esencialmente, la Ciudad.

“Me seréis testigos en Jerusalén…”.

La historia nos enseña que los primeros cristianos fueron teológicamente lucanos y se plantearon el reto de alcanzar las ciudades de su época para Jesús.

También la historia de la Iglesia nos enseña que inicialmente en cada ciudad había un Obispo el cual, cuando la Iglesia creció numéricamente, nombró presbíteros para atender las necesidades espirituales de los distintos barrios.

Un Obispo para cada Ciudad.

La Reforma Protestante cambió ese entendimiento.

Ya no se trataba de alcanzar la ciudad con el impacto transformador del evangelio sino que en cada ciudad hubiera una Iglesia que ondeara el estandarte de “mi familia denominacional”.

Sin embargo, hoy, como ayer, el reto que tenemos por delante sigue siendo ingente: ¿Cómo alcanzar nuestras ciudades?

Y las respuestas logradas hasta ahora son solamente parcialmente satisfactorias.

Teología de la ciudad
Es evidente que en cada Ciudad existen, con distintos nombres, muchos Obispos protestantes.
¿Implica, necesariamente, que tengamos que renunciar al mandato bíblico de transformar nuestras ciudades con el impacto del evangelio de Jesús?
No, necesariamente.
Claro que para lograr ese impacto transformador debemos crecer teológicamente.
¿Cómo lograrlo?- es la pregunta.

Solamente hay una respuesta: Uniendo aquella parte de la Iglesia que entienda que necesita unirse en el testimonio de la acción, para engrandecer el Reino de Dios en la Ciudad.

No toda la Iglesia entenderá que debe unirse en el testimonio de la acción.
Tampoco toda la Iglesia que se una entenderá que la Misión de la Iglesia es aspirar a la transformación integral de la ciudad.
Se trata de cambiar corazones para establecer la anticipación del Evangelio de Jesús, de su Reino, en las Ciudades.
En nuestro ministerio debemos aspirar a forjar discípulos y no solamente convertidos.
Discípulos para cambiar las Ciudades.

No es suficiente afirmar que no nos gustan nuestras ciudades.
Debemos trabajar para cristianizar nuestras ciudades.
Es lo que entendemos y definimos como Teología Urbana.

Pero también esta Teología Urbana ha de ser contextual, porque ni es la misma Iglesia la que se congrega en la ciudad de Barcelona que la que se congrega en la ciudad de Buenos Aires, ni tampoco son iguales las necesidades de justicia social y de proclamación del evangelio en ambas ciudades. Por poner dos ejemplos.

La Iglesia de cada Ciudad deberá entenderse a sí misma como la Iglesia Escogida por Cristo para cambiar radicalmente el panorama de la Ciudad, haciendo posible que la voluntad de Dios se haga realidad tanto en el cielo como en la ciudad en la que nos ha tocado vivir.

Si hasta ahora hemos sido diversas Iglesias, presentes en diversos territorios, la Tarea Teológica y la Misión que hoy tenemos por delante es la de ser capaces de unirnos en el testimonio de la acción transformadora del evangelio.

Y hacerlo precisamente porque sabemos quiénes somos cada uno de nosotros, eclesialmente hablando, y sin dejar de ser lo que somos.

Porque si sabemos quiénes somos, cada uno de nosotros nos podemos plantear que, juntos podemos alcanzar nuestras ciudades para Dios.

Entender que el campo de Misión es toda la ciudad es transformador.
Estar dispuestos a unirnos a otros para lograrlo es transformador.
Entender la necesidad de unirnos en el testimonio de la acción es transformador.
Encarnar el Reino de Dios en nuestras ciudades es la tarea que hoy tenemos encomendada como Iglesia de Jesucristo.
Esa es la Teología Contextual que necesitamos desarrollar y aplicar.

 

 

Guillem Correa

Guillem Correa Caballé
Pastor de la Iglesia Evangélica Metodista Bethel de Barcelona, Catalunya, España
Obispo de la Iglesia Evangélica Metodista Unida
Director del Seminario Ministerial Juan Wesley (SMJW)
Fundador y presidente de la ONG de acción social, Iniciativas Solidarias
Secretario General del Consejo Evangélico de Catalunya
Miembro consultor de la Consejería de Bienestar Social del Gobierno de Catalunya
Presidente del “Festival de la Esperanza”. Barcelona 1 y 2 de mayo 2015.
Director del programa de televisión “Nacer de nuevo”.
Ha publicado más de 20 libros tanto de divulgación cristiana como de estudio y reflexión teológica
Estudios de filosofía y letras se licencia en periodismo (Universidad Autónoma Barcelona-1978)
Master en Dirección y Administración de Empresas (ESADE-1982)
Diplomado en Teología (SEUT-1993)
Bachiller en Ciencias Bíblicas (Ceibi-1994)
Master en Dirección de la Formación (Les Heures/Universidad Barcelona- 1995)
Certificado en Desarrollo de Recursos Humanos (Euresform-1997)
Impulsor del Grupo de Trabajo Estable de las Religiones (Diálogo interreligiosos a través de la “Pedagogía de la acción” como respuesta al dolor de la ciudad)

 

 

 

Cordialmente es la expresión de PASTORESxlaGENTE que fiel a sus principios no procura fijar conceptos únicos, sino que busca expresar la diversidad en la pluralidad que caracteriza al movimiento evangélico.

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Categoria: Edición 14 | Ser Iglesia aquí, hoy, Editorial, entrega 8, Reflexiones

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