ASOCIADOS, PERO DESPABILADOS

| 11 mayo, 2015

Al detenernos y observar, podemos darnos cuenta que un tiempo a esta parte, las costumbres, modismos, la idiosincrasia en sí de nuestras iglesias han cambiado de manera vertiginosa.

Ha quedado en el pasado ese tiempo donde embanderábamos nuestras denominaciones, formas y decretos como única verdad, casi como un sectarismo que nos llevó a dividirnos, criticarnos y pararnos en una plataforma de superioridad; eso que éramos y hacíamos era lo único viable. Esto estaba muy lejos del diseño o pensamiento de Dios, cuando se refirió a nosotros como cuerpo, o su deseo de que seamos uno así como El y el Padre lo son.

Por eso necesitábamos de manera urgente tirar los muros religiosos que habíamos levantado durante décadas, para alcanzar a una sociedad intercomunicada, que habla del trabajo en equipo, y promueve la igualdad. Asociarnos con nuestros “hermanos” para trabajar de manera interdenominacional, era la manera más rápida de fortalecer este cuerpo raquítico y seccionado por la apatía establecida con los años, por esta razón era urgente atender las necesidades de esta sociedad lejos de Dios y nuestras iglesias modernas.

Sí para lograr esto hemos dejado de poner como prioridad el evangelismo, la oración, la enseñanza de las Escritura, o si desatendemos “nuestras greyes” que es lo que se nos fue entregado, por figurar en una lista o asientos destacados; sí nuestra agenda está abarrotada de eventos donde tenemos que asistir solo por el hecho de devolver un favor o mostrar renovación. Estamos adormecidos en una rutina que nos está degastando y desenfocando.

¿Bajo qué precio hemos logrado esta unión? No son pocos los que por levantar esta bandera han negado mucho, y no todo lo que se ha dejado atrás era algo despreciable. En nombre del acuerdo han perdido su identidad, sus valores y fundamentos para ser aglomerados bajo un sistema, modismo o formato en el cual son adiestrados por alguien más, bajo principios ya establecidos, y no son ellos los que se benefician de esta unificación.

Entiendo que aislarnos es cerrar puertas al crecimiento, a la madurez y que nos debilita como pueblo de Dios, pero es indispensable estar despiertos a la hora de asociarnos, ya que cuando Él nos pensó uno, fue en la armonía de un cuerpo funcional que demuestra sus talentos y su diversidades, con el fin de exaltar su nombre y su obra darla a conocer.

Para lograr una unidad que no sea solo física e idealista, sino estar sintonizados en lo espiritual, debemos elegir la humildad, el trabajo en conjunto, bajo uno sola intención poner la iglesia de Cristo por encima de nuestras ambiciones personales.

 

 

Mauro Tacalli

Mauro Tocalli
Graduado del Instituto Bíblico Rio de la Plata
Pastor de la Iglesia “Redil de Cristo” de las ciudades de Las Rosas y Serodino Provincia de Santa Fe
Profesor de IBE
Cofundador de Ministerio Juvenil “Uno en Jesús”

 

 

 

 

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Categoria: Edición 15 | ¿Me asocio o me aíslo?, Editorial, entrega 2, Reflexiones

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