¿ES BÍBLICA LA TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD?

| 11 mayo, 2015

Debemos “pensar bíblicamente”, pensar “junto con” los autores y lectores antiguos. Es una falacia trasladar el texto directamente a nuestro contexto moderno. Ahí comienza el problema con los predicadores de la prosperidad: interpretan “prosperidad” en su sentido moderno económico, sin relación a su significado original.

Aunque la teología de la prosperidad ha tomado un auge fenomenal, especialmente en los medios televisivos y algunas megaiglesias, su interpretación bíblica ha sido muy puntual, sin formular sistemáticamente sus principios hermenéuticos, sus bases exegéticas, ni su enfoque teológico. Tampoco han aparecido muchos análisis críticos de dicho movimiento. Este ensayo no será más que un primer paso en ese proceso tan urgente y necesario.

Algunos principios hermenéuticos: Una regla fundamental de la fiel interpretación bíblica es la de buscar el significado original del mensaje, o sea, lo que el autor inspirado quiso comunicar y lo que los primeros receptores hubieran entendido. Desde ese mensaje en su contexto antiguo y, sólo desde ese mensaje, podemos proceder a buscar el mensaje para hoy. Eso se llama “pensar bíblicamente”, pensar “junto con” los autores y lectores antiguos. Es una falacia trasladar el texto directamente a nuestro contexto moderno. Ahí comienza el problema con los predicadores de la prosperidad: interpretan “prosperidad” en su sentido moderno económico, sin relación a su significado original. Los he escuchado también interpretar la palabra “ruina” sólo como la bancarrota o el desempleo. Cualquier estudio de los temas prosperidad, riqueza y pobreza, en el pensamiento bíblico, puede demostrar cuán alejados andan de dicho pensamiento, cuando para ellos “prosperidad” significa sólo tener casa lujosa, empresa privada exitosa o un automóvil último modelo.

Es necesario reconocer una característica del pensamiento antiguo muy diferente a nuestra manera moderna de pensar. Ellos solían expresar un principio general, sin explicitar las posibles excepciones, pero dándolas por sentadas. Es muy claro el caso de la profecía que Dios dio a Jonás: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida” (Jonás 3:4), así de categórico, sin condiciones ni excepciones. Pero Nínive se arrepintió y no fue destruida, muy al disgusto de Jonás mismo. Parecido pasa con el sexto mandamiento, “no matarás”, que parece ser incondicional y sin excepciones, pero en otros pasajes Dios mismo manda la pena capital (Éxodo 9:6) y, muchas veces, manda la guerra (cf. Stam, “La Biblia y la violencia”). Para un caso del Nuevo Testamento, “el que creyere y fuere bautizado será salvo” (Marcos 16:16); sin embargo, el malhechor penitente fue salvo sin ser bautizado. Por eso, cuando el primer Salmo declara que “todo lo que hace, prosperará”, afirma una verdad básica, pero presupone la posibilidad de excepciones. No garantiza que mi empresa tendrá éxito ni que mis inversiones en la bolsa no pierdan valor. Veremos, más adelante, lo peligroso de absolutizar algunas declaraciones bíblicas sin tomar en cuenta la posibilidad de excepciones.

Para ser bíblica y fiel, una teología debe afirmar “todo el consejo de Dios” (Hechos 20:20,27) y no basarse en algunos versículos aislados sin tomar en cuenta otras evidencias bíblicas. Muchas herejías nacen por tomar una verdad bíblica unilateralmente y exagerarla fuera de proporción. Los Testigos de Jehová toman la enseñanza bíblica que Dios es uno para negar la verdad correspondiente de la triple distinción personal dentro de la deidad (la trinidad). Una de las primeras herejías en la historia cristiana, que 1ra de Juan 4:3 llama “el espíritu del Anticristo”, consistía en afirmar unilateralmente la deidad de Jesucristo, negando su plena humanidad. La sana doctrina respeta la diversidad de la enseñanza bíblica en muchos de sus temas.

El enfoque bíblico sobre la riqueza y la pobreza: Una consideración de toda la enseñanza bíblica sobre la riqueza y la pobreza, deja muy claro que un evangelio “prosperidad-céntrico” es un evangelio excéntrico y falso. Aunque hay versículos aislados sobre la prosperidad material, ese tema está lejos de ser el enfoque central bíblico sobre este tema. El gran énfasis bíblico, no cae en la acumulación egoísta de bienes, sino en la solidaridad con los necesitados, clave en el Año de Jubileo. Si Dios nos bendice, es para bendecir a otros, a manos llenas (Génesis 12:2-3; cf Dt 15:10,13-14). La Biblia reconoce la existencia de la pobreza; no sólo, ni primordialmente como consecuencia de pecados ni de falta de fe, sino como un llamado a la solidaridad. Dios mismo se declara el Dios de los pobres, las viudas, los huérfanos y los forasteros. Uno de los grandes problemas del pensamiento bíblico es la prosperidad de los malos y la pobreza de los justos (Jeremías 12:1; Lam 1:1; cf Salmo 37:7; 73:3). La riqueza no es siempre premio de la fe y la santidad, ni la pobreza es siempre resultado de pecado o falta de fe.

La teología de la prosperidad debe tomar más en serio las palabras tajantes de Jesús, “Bienaventurados vosotros los pobres… Mas ¡Ay de vosotros, ricos, porque ya tenéis vuestro consuelo” (Lucas 6:20,24; incluso los que se enriquecen con la teología de la prosperidad). Cristo reconoció a menudo lo difícil que era para un rico entrar al reino de Dios: Mateo 13:32 (Marcos 4:19; Lucas 8:14), Mateo 19:23-24 (Marcos 10:23-24; Lucas 18:24); compárense también Lucas 1:53; 16:19-21; 18:23-25.

Cuando Cristo quiso actualizar para su época la radical disyuntiva de Elías (1ra de Reyes 18:21, o Baal o Jehová pero no los dos), él escogió precisamente la avaricia como la idolatría más típica del ser humano: “Ninguno puede servir a dos señores… No podéis servir a Dios y a las riquezas” (Mateo 6:24; Lucas 16:13). En el mismo sentido, San Pablo denuncia “la avaricia, que es idolatría” (Colocenses 3:5). Jesús se hizo pobre para hacernos ricos y dispuestos a ayudar a los necesitados (2da de Corintios 8-9). Todos estos textos bíblicos no deben neutralizarse por racionalizaciones atenuantes.

Los profetas del Antiguo Testamento atribuyeron la pobreza, no al pecado del pobre ni su falta de fe, sino a la injusticia de la sociedad. Al decir “siempre tendréis pobres con vosotros” (Mateo 26:11; Marcos 14:7; Juan 12:8), Jesús ni aprueba la pobreza, ni culpa a los pobres. Está citando a Deuteronomio 15:11, que llama a los fieles a la constante solidaridad, generosa con los necesitados El mensaje central de la Biblia no es, ¡jamás!, cómo llegar algunos a ser ricos en medio de la miseria de otros, sino como actuar personal y socialmente para que todos vivan dignamente.

Algunos ejemplos de la interpretación bíblica en esta teología: Una prueba decisiva de la validez de cualquier orientación teológica, es su capacidad de inspirar interpretaciones fieles y edificantes de la palabra de Dios. Según todas las normas de sana interpretación, la teología de la prosperidad sale muy mal ante este criterio. Como enfoque hermenéutico, esta teología se ha mostrado muy fecunda y productiva… ¡de pésimas interpretaciones bíblicas!

Veamos algunas pocas de ellas:

  1. Fundamental a la teología de la prosperidad es “la ley de la siembra y la cosecha”. Un predicador en Enlace, dejando caer su Biblia sobre el púlpito, comparó la ley de la siembra con la de la gravitación. Tal “ley” no tiene base en el sentido del texto. En primer lugar, 2da de Corintios 9:10 no plantea una ley sino una analogía agrícola de un principio muy general, que tiene muchas excepciones en la agricultura (cuando falla la cosecha).
    A. Esta interpretación impone, sobre el texto, un concepto moderno de “ley” totalmente ajeno a la mentalidad antigua.
    B. El texto no tiene nada que ver con diezmos, ni tampoco con una especie de regateo con Dios.
    C. Pablo no está pidiendo dinero para sí mismo, ni para la iglesia, sino para los pobres de Jerusalén.
    D. Todo el pasaje se inspira en el ejemplo de Jesús que “se hizo pobre para enriquecer a otros” (2da de Corintios 8.9).De esta ficticia “ley” se sacan conclusiones como que “si no hay semilla, no hay milagro” o que “hay que amarrar la visión con una ofrenda”. ¿Donde enseña la Biblia que nuestras ofrendas “amarran” algo? Todo este juego hermenéutico es una orgía de especulación.
  1. El irrespeto al texto bíblico se reveló hace un tiempo (Enlace, 7.8.09) cuando se presentó como traducción de Mateo 19:21 (Marcos 10:21; Lucas 18:22) “Vende lo que te sobra”. Mateo dice “vende lo que tienes”, no “lo que te sobra”, y Marcos y Lucas lo amplían en “vende todo lo que tienes”. ¡Qué manera de acomodar el texto a nuestros intereses y preferencias! En esa hermenéutica, el texto tiene que significar lo que yo quiero que signifique.
  1. Los predicadores de la prosperidad suelen suponer, gratuitamente, que la interpretación de ellos es la única posible, de modo que no aceptar esa interpretación es no creer la Biblia: “Algunos dicen que la ofrenda no tiene nada que ver con el milagro. ¿No leen ellos la Biblia? Siempre el altar produce el milagro”. En un comentario sobre la frase “todas estas cosas os serán añadidas” (Mat 6:33; Lc 12:31), interpretada como una fórmula mecánica para la riqueza. Sin excepciones, un predicador en Enlace se permitió decir, “si esto no se cumple, entonces Jesús mintió”. No tomó en cuenta la tendencia antigua de declarar algo, sin mencionar las posibles excepciones. Entonces, en realidad, su comentario significaba, “Una de dos: o mi interpretación literalista e incondicional es correcta, o Jesús está mintiendo”. Además, en todo este pasaje (Mateo 6:24-34), Jesús condena el afán por las cosas materiales en vez de una tranquila confianza que el Señor proveerá todo lo necesario para una vida digna y honrosa. Es un pasaje muy incómodo para la teología de la prosperidad.
  1. Ante la actual crisis de Wall Street, algunos (Rony Chávez, Enlace, 15.11.08) han apelado al éxodo para inventar una teoría de “la transferencia de riqueza”. Según Chávez, textos como Éxodo 3:22 y 35:36 significan que “la riqueza que los mundanos han perdido en los casinos, cambiará de manos, porque es tiempo de transferencia”. ¡Cualquier teología capaz de producir tan mala exégesis, no es digna de ser creída!
  1. Frases bíblicas como “serás cabeza y no cola” o “fui hecho para estar arriba”, fuera de contexto, fomentan ambiciones personales carnales. ¿Si estamos “arriba”, entonces, ¿encima de quién? ¿Quienes, en ese plan, deben estar “abajo”? Es cierto que somos hijos e hijas del Rey, pero el rico no es más “hijo” que el pobre, ni ser hijo de Dios significa necesariamente ser próspero materialmente.
  1. Contra toda la evidencia bíblica, estos predicadores pretenden probar que Jesús era acomodado económicamente. Un argumento favorito de ellos es que Jesús poseía una túnica sin costura, “de un solo tejido de arriba abajo” (Juan 19:23). La frase de Juan aquí no tiene la menor intención de indicar que Jesús era rico, sino que los soldados estaban cumpliendo la profecía de Salmo 22:18. Raymond Brown, en su clásico comentario del cuarto evangelio (Tomo 2, p.902), señala que “un vestido de ese tipo no era necesariamente un lujo, pues un artesano sin ninguna pericia especial podría fabricarlo”. Además, los evangelios hablan de algunas mujeres que seguían a Jesús para atenderlo; lo más probable es que alguien le regaló esa túnica. Jesús y sus discípulos vivían de los donativos de algunas personas, básicamente como transeúntes, fuera del sistema económico de su tiempo.
    Abundan argumentos hasta estrafalarios para mostrar que Jesús no era pobre. Un defensor de esta teología ha argumentado que cuando bajaron al paralítico por el techo de una casa prestada, Jesús no se preocupó, porque sabía que tenía recursos para reparar el techo.
    ¡El ejemplo de Jesús es la refutación más contundente de la teología de la prosperidad!
  1. Otro índice de la fidelidad bíblica de una teología es la música que produce. Aun cuando se entiende la desesperación de personas muy pobres, el materialismo y el egoísmo de estos coros no es la respuesta:

“Tengo un Dios muy, muy grande, me da todo lo que le pido”
“Traigo una ofrenda de guerra para deshacerme de ti” [Satanás]
“Que Dios te colme de bendiciones, que te de plata, pero en montones”
La teología detrás de esos coros sólo puede considerarse herética.

¿Es evangélica la teología de la prosperidad? Eso depende de cómo uno define el evangelio. Por un lado, esta teología es una nueva versión del “evangelio de ofertas” o de lo que Dietrich Bonhoeffer llamó “gracia barata”. Ofrece prosperidad, pero sin discipulado radical, ni misión integral. Ofrece la “buena nueva” de una mejor condición económica, pero cuando no llega la prosperidad que se prometió y la semilla no da cosecha, esta teología resulta cruel, por la decepción que produce y el sentido de culpa por una supuesta falta de fe.

Por otro lado, esta teología se basa en el legalismo más estrecho y limitado en la historia del cristianismo. La imperativa exigencia que impone es muy sencilla: el deber ineludible de ofrendar. En ese reduccionismo, se parece al fundamentalismo de inicios del siglo XX, cuya ética se reducía a unas cinco prohibiciones. Esta teología, en cambio, casi no tiene prohibiciones sino un solo mandamiento. Es un reduccionismo monetario.

¿Es teología la teología de la prosperidad? Aunque se ha dado en llamar “la teología de la prosperidad”, este movimiento en realidad no tiene nada que se parezca a una teología. Una teología busca integrar el sentido de la fe ante la palabra de Dios y los desafíos de su época. Quizá por no tener pensadores capaces de emprender esa tarea, o por estar tan ocupados en el activismo de sus seminarios, campañas, programas de radio y televisión, no parecen haber pensado en la coherencia de su fe cristiana en torno al eje que ellos han escogido. No han podido reinterpretar y aclarar significativamente, desde el enfoque de la prosperidad, ni la doctrina de Dios, ni de Cristo, ni de la iglesia, ni de la escatología, ni de ningún otro tema. Tampoco han podido elaborar una hermenéutica sensata para defender sus interpretaciones. Lo único que han ofrecido es una ensalada de textos escogidos y un proyecto financiero. Si eso es teología, es más estéril que una mula.

Conclusión: Con dolor y pena por nuestra comunidad protestante, tenemos que reconocer que la “teología de la prosperidad” no es ni bíblica ni evangélica, ni aun es teología. A los que amamos a las Escrituras y a la Iglesia, esta realidad debe llamarnos a mucha y muy ferviente oración.

 

 

Juan stam nueva

Juan Stam
Misionero en Costa Rica por más de 45 años.
Doctor en Teología por la Universidad de Basilea, Suiza.
Profesor, por muchos años, del Seminario Bíblico Latinoamericano.
Escritor, autor de varios libros y artículos.

 

 

 

 

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Categoria: BIBLIA, Edición 15 | ¿Me asocio o me aíslo?, entrega 2, Teología

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