LOCURA

| 18 mayo, 2015

En un mundo belicista, en el cual la promisión mediática del uso de las armas insensibiliza las conciencias, debemos como Iglesia definir nuestra identidad: ¿nacionalismo o piedad?

¿Qué es un arma? Lo sabemos, un instrumento para destruir y matar. Las fábricas de armas, hay muchas en el mundo, trabajan sin descanso, día y noche; además son un gran negocio, de tal importancia que hay países adelantados y pacíficos cuya economía está sostenida sobre esas fábricas. Los laboratorios, que las diseñan y perfeccionan, trabajan en tres elementos básicos, armas con mayor poder, más exactas en puntería y mayor velocidad.

En las últimas décadas aparecieron los “drones” (zánganos), aviones teledirigidos capaces de volar largas distancias para destruir y matar. Algunos son más eficaces que los misiles, éstos se destruyen cuando chocan con su objetivo, los drones… regresan y sirven para otra misión.

Según un informe del Washington Post, solo en Pakistán han matado más de dos mil civiles sospechosos (1). En Afganistán es más agudo el problema, porque matan diez civiles por cada combatiente; los civiles son, la mayoría de las veces, niños y mujeres, como también en el Golfo Pérsico y otros lugares. Los drones son capaces de esperar a su víctima varias horas, sobrevolando la zona. Luego de disparar y matar, pueden seguir matando a quienes socorren a las víctimas. Pueden volar ocho veces la velocidad del sonido y llegar a su objetivo, distante más de 20.000 km, en una hora. Esta locura ha hecho del aeromodelismo, hermoso hobby de mi adolescencia, una herramienta de muerte.

Vivimos en una sociedad armada, el número de armas y modelos es incalculable, no sólo están en poder de ejércitos y policías, también delincuentes, contrabandistas, narcotraficantes, organismos privados de seguridad, movimientos terroristas, cazadores, aún familias con poderosos revólveres y escopetas, algunas con fusiles ametralladoras a su servicio. Las armas tienen mas prensa que los cuadernos y lápices, en muchísimas series de TV violentas son ellas las protagonistas. Pero… sin proyectiles no sirven, están desarmadas, ellos son su combustible con distinto calibre y poder. Si el número de ellas es incalculable, más difícil aún calcular la cantidad de proyectiles necesarios para su funcionamiento. No conozco estadísticas al respecto, dudo que las haya.

Hablar del comercio de armas es otro tema desafiante, no solo hay ventas lícitas, muchas ilícitas, otras con apariencias lícitas pero que están fuera de la ley. La ciudad de Río Tercero, en Córdoba, Argentina, fue casi destruida por una explosión causada intencionalmente en su fábrica militar con el objeto de ocultar la venta de poderoso armamento a un país hermano, hecho prohibido por la ley internacional.

Pocos días atrás se recordó en el mundo los 70 años del fin de la Segunda Guerra Mundial. Hubo actos recordatorios de todo tipo, unos a favor de la paz como camino de esperanza y vida, otros con desfiles militares. Uno de ellos ¡impresionante! con 140 aviones de guerra de sofisticada tecnología y poder de fuego y 200 tanques modernísimos, uno de ellos de nombre Armata (el más poderoso del mundo, pesa 55 toneladas, su cañón de 125 milímetros puede destruir su objetivo a mas de 100 kms).

Funcionarios involucrados en su construcción la llamaron “el arma maravillosa”. Es superior a otros modelos como el Leopard o el Abrams, seguramente todos ellos en poco tiempo serán superados. Sin duda alguna, esta sociedad le tiene miedo a su propio poder, miedo que se transforma en un avance armamentista feroz, en una loca carrera con destino fatal.

Celebramos los programas para destrucción de armas, son una señal de vida y esperanza.

En este mundo armado hasta los dientes, hablar y trabajar en favor de la justicia, respeto a los derechos humanos, dignidad humana, paz e igualdad, es como manejar a contra mano. Sin embargo hay que seguir haciéndolo, incansable y porfiadamente con la absoluta seguridad que esta lucha no es en vano porque hay un arma más poderosa aún: LA PALABRA.

“Busca la paz, y síguela.” (2)
“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.” (3)

  1. The Washignton Post, periódico de la capital de EEUU
    Nota sobre el primer reconocimiento oficial del uso de los drones
  2. Salmo 34.14 (RV1960)
  3. Mateo 5.9 (RV1960)

 

 

aldo

Aldo Etchegoyen
Obispo (e) Iglesia Evangélica Metodista Argentina
Presidente (e) de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos

 

 

 

 

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Categoria: DOSSIER de ACTUALIDAD, Edición 15 | ¿Me asocio o me aíslo?, entrega 3

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